Saúl ha perdido el reinado. Pero Dios sigue ofreciéndole alternativas.
De alguna manera, en medio de su pecado e incredulidad, Saúl tuvo su encuentro más dramático con el Espíritu de Dios. La situación es extraña. Persiguiendo a David, Saúl se encuentra en el medio de una escuela de profetas. David y Samuel estaban allí, profetizando, adorando al Señor, y buscando la plenitud del Espíritu. Es la última vez que los tres están juntos.
Después de huir y ponerse a salvo, David fue a Ramá para ver a Samuel y contarle todo lo que Saúl le había hecho. Entonces los dos se fueron a vivir a Nayot. Cuando Saúl se enteró de que David estaba en Nayot de Ramá, mandó a sus hombres para que lo apresaran. Pero se encontraron con un grupo de profetas, dirigidos por Samuel, que estaban profetizando. Entonces el Espíritu de Dios vino con poder sobre los hombres de Saúl, y también ellos cayeron en trance profético. Al oír la noticia, Saúl envió otro grupo, pero ellos también cayeron en trance. Luego mandó un tercer grupo, y les pasó lo mismo. Por fin, Saúl en persona fue a Ramá y llegó al gran pozo que está en Secú.
—¿Dónde están Samuel y David? —preguntó.
—En Nayot de Ramá —alguien le respondió.
Saúl se dirigió entonces hacia allá, pero el Espíritu de Dios vino con poder también sobre él, y Saúl estuvo en trance profético por todo el camino, hasta llegar a Nayot de Ramá. Luego se quitó la ropa y, desnudo y en el suelo, estuvo en trance en presencia de Samuel todo el día y toda la noche. De ahí viene el dicho: «¿Acaso también Saúl es uno de los profetas?» (I Samuel 19:18-24)
Imagínate si Saúl hubiera renunciado persiguiendo a David, entregándole el reino, y pasando el resto de su vida en la presencia del Señor con estos profetas. ¿Estaba Dios, en su misericordia, dándole una salida?
¿Necesitamos un Naoith en Ramá hoy?
¿No sería genial si la presencia del Espíritu era tan fuerte en nuestras iglesias? ¿Con gente entrando y cayendo bajo el poder del Espíritu? ¿Profetizando y hablando en lenguas? Si Dios pudiera tocar a Saúl, ¡él puede tocar a nadie! Estaba allí tumbado y desnudo todo el día y la noche. No necesitamos a nadie desnudo. Pero, ¿podríamos dar al Espíritu esta libertad?
¿Qué tal un refugio como Naiot en Ramá?
• Un lugar para encontrarse con Dios y sus profetas.
• Un lugar de renovación para alguien huyendo de su casa, donde un asesino buscando la vida de alguien cayera bajo el poder de Dios.
• Un lugar para sanar a hombres lastimados como David.
• Un refugio de los ataques el enemigo.
• Un lugar de adoración las 24 horas, donde se puede escuchar la voz del Espíritu en la compañía de los profetas.
¡Esto era el pacto antiguo! ¡Imagínate lo que Dios puede hacer hoy con una iglesia llena del Espíritu Santo! Si Saúl pudiera tener este encuentro profundo con Dios, sin duda cualquier pecador puede. ¡Deja que Dios te toque en una manera nueva y fresca!