Consuelo en la Biblia

Consuelo es mucho más que una palmadita en la espalda y decir que todo estará bien. El Diccionario de la lengua Española lo define como “alivio que siente una persona de una pena, dolor o disgusto,” y la Real Academia Española: “descanso y alivio de la pena, molestia o fatiga que aflige y oprime el ánimo.” Los sinónimos son “alivio, aliento, aplacamiento, sedación, ánimo, tranquilización, serenamiento.” Nuestra palabra proviene del latín, que significa “fortalecer mucho,” pero el texto griego original usa tres palabras, que tienen un significado mucho más completo.

parakleo: Se traduce: urgir, animar, suplicar, abogar con, reconfortar.

paraklesis: Estímulo, consuelo, apelación.

paracletos: Consejero o abogado, uno que habla en la defensa de otro.

Paraklesis implica llamar a alguien a tu lado. La Biblia utiliza la palabra paracletos para el Consolador, el Espíritu Santo, el llamado junto a ayudarte. Un paracletos podría también ser un abogado para la defensa en la corte; un defensor. Bíblicamente, consolar significa estar allí para alguien; entrar en su dolor, y caminar con él a través de un momento difícil. El confort da fuerza, ya sea con palabras o no.

¿Cómo nos consuela Dios?

Su vara y su cayado: Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta. (NVI) Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. (RVR, Salmo 23:4)

Sus promesas: Éste es mi consuelo en medio del dolor: que tu promesa me da vida. (Salmo 119:50)

Su Palabra:

  • Me acuerdo, Señor, de tus juicios de antaño, y encuentro consuelo en ellos. (Salmo 119:52)
  • En cambio, el que profetiza habla a los demás para edificarlos, animarlos y consolarlos. (1 Corintios 14:3)

Su Amor: Que sea tu gran amor mi consuelo, conforme a la promesa que hiciste a tu siervo. (Salmo 119:76)

Su Espíritu: Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. (Juan 14:16-17)

Dios usa a nosotros para consolar, muchas veces por simplemente estar presente para la otra persona: 

Luego Isaac llevó a Rebeca a la carpa de Sara, su madre, y la tomó por esposa. Isaac amó a Rebeca, y así se consoló de la muerte de su madre. (Génesis 24:67)

¡Consuelen, consuelen a mi pueblo!  —dice su Dios—. Hablen con cariño a Jerusalén, y anúncienle que ya ha cumplido su tiempo de servicio, que ya ha pagado por su iniquidad, que ya ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados. (Isaías 40:1-2)

Cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún descanso, sino que nos vimos acosados por todas partes; conflictos por fuera, temores por dentro.  Pero Dios, que consuela a los abatidos, nos consoló con la llegada de Tito, y no sólo con su llegada sino también con el consuelo que él había recibido de ustedes. Él nos habló del anhelo, de la profunda tristeza y de la honda preocupación que ustedes tienen por mí, lo cual me llenó de alegría. (2 Corintios 7:5-7)

También los saluda Jesús, llamado el Justo. Éstos son los únicos judíos que colaboran conmigo en pro del reino de Dios, y me han sido de mucho consuelo. (Colosenses 4:11)

Consolar es parte de la misión de Jesús:

El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos…a consolar a todos los que están de duelo, y a confortar a los dolientes de Sión. (Isaías 61:1-3)

Podemos resistir y rechazar el consuelo ofrecido a nosotros: 

Y Jacob se rasgó las vestiduras y se vistió de luto, y por mucho tiempo hizo duelo por su hijo.  Todos sus hijos y sus hijas intentaban calmarlo, pero él no se dejaba consolar, sino que decía: «No. Guardaré luto hasta que descienda al sepulcro para reunirme con mi hijo.» Así Jacob siguió llorando la muerte de José. (Génesis 37:34-35)

Cuando estoy angustiado, recurro al Señor; sin cesar elevo mis manos por las noches, pero me niego a recibir consuelo. (Salmo 77:2)

«Se oye un grito en Ramá, lamentos y amargo llanto. Es Raquel, que llora por sus hijos y no quiere ser consolada; ¡sus hijos ya no existen!» (Jeremías 31:15)

A veces seamos inconsolables, o el consuelo de otros puede angustiarnos aún más:

Tres amigos de Job se enteraron de todo el mal que le había sobrevenido, y de común acuerdo salieron de sus respectivos lugares para ir juntos a expresarle a Job sus condolencias y consuelo. Ellos eran Elifaz de Temán, Bildad de Súah, y Zofar de Namat. (Job 2:11)

“Muchas veces he oído cosas como estas; consoladores molestos sois todos vosotros.” (Job 16:2)

Mis ojos se consumen esperando tu promesa, y digo: «¿Cuándo vendrás a consolarme?» (Salmo 119:82)

En este país morirán grandes y pequeños; nadie llorará por ellos, ni los sepultará; nadie se hará heridas en el cuerpo ni se rapará la cabeza por ellos. Nadie ofrecerá un banquete fúnebre a los que estén de duelo, para consolarlos por el muerto, ni a nadie se le dará a beber la copa del consuelo, aun cuando quien haya muerto sea su padre o su madre. »No entres en una casa donde haya una celebración, ni te sientes con ellos a comer y beber. (Jeremías 16:6-8)

Porque los terafines han dado vanos oráculos, y los adivinos han visto mentira, han hablado sueños vanos, y vano es su consuelo; por lo cual el pueblo vaga como ovejas, y sufre porque no tiene pastor. (Zacarías 10:2)

Los que lloran y sufren ocupan un lugar especial en el corazón de Dios. Les promete consuelo.

Aquellos que recibieron consuelo en las cosas de este mundo pueden no recibirlo en el futuro:

Dichosos los que lloran, porque serán consolados. (Mateo 5:4)

Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! (Lucas 6:24)

 Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que durante tu vida te fue muy bien, mientras que a Lázaro le fue muy mal; pero ahora a él le toca recibir consuelo aquí, y a ti, sufrir terriblemente. (Lucas 16:25)