2 Corintios 5:1-10: ¿Listo para algo nuevo?

1De hecho, sabemos que si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas. Mientras tanto suspiramos, anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial, porque cuando seamos revestidos, no se nos hallará desnudos. Realmente, vivimos en esta tienda de campaña, suspirando y agobiados, pues no deseamos ser desvestidos sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Es Dios quien nos ha hecho para este fin y nos ha dado su Espíritu como garantía de sus promesas.

En el capítulo 4, Pablo se refiere a nuestros cuerpos como vasos de barro. No son muy fuertes ni resistentes, pero sin embargo tienen un propósito importante. Ahora nos da otra imagen del cuerpo no mucho mejor: tiendas de campaña.

Lo que sabemos acerca de esa tienda

  • Es mortal y será destruida.
  • Está construida por manos humanas.
  • Es incómoda – gemimos y estamos agobiados en ella.
  • Es terrenal.
  • Las personas por lo general no moran en tiendas de campaña, sino que las usan temporalmente en el camino a otro lugar.
  • Una tormenta, un animal salvaje o un loco puede romperla y lastimarte; eres vulnerable en una tienda.
  • Es frágil, sujeta a fugas y roturas.

Pero Dios tiene una casa eterna esperándote en el cielo, hecha a la medida para ti, y nada puede dañarla. Estás vestido en esa morada celestial; te cubre, te protege y te completa. Cuando la pones, tu mortalidad será consumida por la pura vida. Dios te diseñó y te hizo para esa vida; no para estar sometido a la pena, a la enfermedad y a la mortalidad de este cuerpo.  De hecho, estos cuerpos son tan inadecuados que nos sentimos desnudos en ellos. Hacemos todo lo posible para arreglar esta tienda y hacerla cómoda, pero, al final, no funciona. No podemos escapar de la inquietud de que estamos desnudos y tiene que haber algo más; así que nos sentimos agobiados y gemimos. Nuestra ropa es tan inadecuada que efectivamente estamos caminando desnudos. ¡Me pregunto si Dios no se ríe de nuestros intentos de cubrirnos con ropa tan elegante! Algunos maldicen a Dios por todo el dolor, pero realmente deben agradecerle: Él tiene el hogar perfecto preparado para nosotros, y si estuviéramos cómodos en esta tienda, no habría mucha motivación para dejarla para nuestra morada eterna y hermosas ropas nuevas. Esa ropa será mejor que las modas más caras.

Una garantía de esta morada

¿Cómo puedes estar seguro de que esta morada celestial te espera? Pablo vuelve a referirse a la misma garantía que presentó en el capítulo 1: nos ha dado su Espíritu como garantía de sus promesas. Cuando algo se repite en las Escrituras es por una razón: él quiere reforzar tu esperanza y darte una gran seguridad. Si tu experiencia en el Espíritu es deficiente, te resulta difícil creer en esta garantía, pero si tienes la plenitud del Espíritu, te dará una gran confianza de que la garantía es real.

A medida que envejecemos, nuestras tiendas se desgastan y las vasijas de barro se rompen, y esta promesa se vuelve aún más preciosa. Tú puedes ser joven y creer que tu tienda es la mejor, y sobrevivirá cualquier tormenta, pero Dios puede permitir algunas tormentas fuertes para mostrarte que no lo es. En la enfermedad y el quebrantamiento, gemimos y anhelamos ser revestidos de nuestra morada eterna. Esto es normal y parte de la vida, mientras nos preparamos para el paso de esta vida a la eternidad.

Vivimos por fe, no por vista

Por eso mantenemos siempre la confianza, aunque sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos alejados del Señor. Vivimos por fe, no por vista. Así que nos mantenemos confiados, y preferiríamos ausentarnos de este cuerpo y vivir junto al Señor. Por eso nos empeñamos en agradarle, ya sea que vivamos en nuestro cuerpo o que lo hayamos dejado. 10 Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo.

Estamos en un verdadero dilema: Solo conocemos esta tienda y, más o menos, nos ha servido bien. Honestamente, aunque hay algunas cositas que yo cambiaría, me gusta la mía. Tendemos a aferrarnos a ella, a pesar de la gloria del hogar celestial. Pero nuestra experiencia del Espíritu nos da confianza y, finalmente, nos empuja hasta que preferimos dejar este mundo para estar con el Señor. Mientras tanto, hay tres cosas importantes que te ayudarán a aprovechar al máximo esta vida y a prepararte para la eternidad:

  1.  No confíes en tus ojos. Confía en el Señor y en su Palabra. Ten cuidado con lo que tiene sentido para ti y está aprobado por este mundo. Llena tu mente con pensamientos de Dios y su reino.
  2.  Ordena bien tus prioridades. ¿Cuál es tu primer objetivo en la vida? Está bien tener varias metas, pero tu primer objetivo debe ser complacer al Señor. Eso es lo verdaderamente importante, y te impactará por toda la eternidad. Para hacer esto, hay que saber lo que le agrada, lo cual aprendemos de nuestro estudio de la Biblia (y ojalá en la predicación de la iglesia). Cuando amas a alguien, deseas complacerle, y no es gravoso. Cuando agradas a tu cónyuge, su alegría te da placer y también te da beneficios a cambio. Dios recibe verdadero placer cuando ve que sus hijos quieren complacerle, aunque no lo hagan perfectamente.
  3. Hay tanto que nos espera en el cielo, y está garantizado. Dios es un Padre amoroso que se deleita en preparar cosas buenas para nosotros. Pero recuerda que Él también es un juez justo que merece tu reverencia. Tu salvación es segura, si sigues confiando en Cristo y honrándolo como Señor. Pero todavía vendrás ante su tribunal para recibir lo que te corresponde, tanto lo bueno como lo malo. Hay recompensas y niveles de autoridad que dependen de lo que hiciste en esta vida. Eso es preocupante, y debe motivarnos a renunciar a todo lo que desagrada a Dios. Nuestra motivación principal es el amor, pero tal como trabajas para recibir tu pago, Dios es un “jefe” totalmente justo, y te dará lo que te corresponde.

¿Estás emocionado? ¿Es esta una nueva perspectiva para ti? Nuestras tiendas han llegado a ser tan elaboradas, y nuestras vidas aquí tan cómodas, que todo esto puede parecer lejano e irreal. Crece en importancia a medida que envejecemos, pero nunca sabemos cuándo vamos a dejar este cuerpo para estar con el Señor. ¡No esperes más para comenzar a poner en práctica estas pautas!