¿Realmente quieres hacer la obra del Señor a la manera de Dios? Esta porción revela algunos de los obstáculos para Pablo, y para nosotros.
- No juzgues a otros ministerios según las apariencias
7 Fíjense en lo que está a la vista. Si alguno está convencido de ser de Cristo, considere esto de nuevo: nosotros somos tan de Cristo como él.
La Biblia de las Américas dice: Vosotros veis las cosas según la apariencia exterior. ¡Es muy fácil juzgar por las apariencias en vez de mirar el corazón! ¡Es fácil ser engañado! Lo que se ve no siempre es realidad. La superficialidad es una trampa del diablo. Es cierto que los otros “superapóstoles:”
- Contaban con una gran herencia (11:21-22).
- Tenían cartas impresionantes de referencia (3:1-3).
- Dijeron que tenían visiones sobrenaturales (12:1,12).
- Eran buenos predicadores (10:10, 11:06).
- Eran refinados (11:06).
- Eran asertivos (11:20).
¡No es una sorpresa que estaban ganando la batalla por los corazones de los corintios, e incluso cuestionando la misma salvación de Pablo! Pero en lugar de amor, estaban sembrando división y discordia entre los hermanos.
8 No me avergonzaré de jactarme de nuestra autoridad más de la cuenta, autoridad que el Señor nos ha dado para la edificación y no para la destrucción de ustedes. (NTV: Pareciera que estoy jactándome demasiado de la autoridad que nos dio el Señor, pero nuestra autoridad los edifica a ustedes, no los destruye. Así que no me avergonzaré de usar mi autoridad.)
No te preocupes mucho por la jactancia de Pablo. Años atrás me molestaba, pero ahora entiendo que él estaba luchando por los corazones de los corintios, y los otros “apóstoles” eran muy libres de presumir y ridiculizarlo.
Aquí Pablo identifica el fundamento del apostolado: la autoridad. Él tenía autoridad porque Dios lo envió a Corinto y lo utilizó para establecer la iglesia. Dios le dio esa autoridad, y Pablo estaría en pecado si no la ejerce. Los otros “apóstoles” no tenían esa autoridad dada por Dios, sino que confiaban en las armas del mundo en esta batalla por el alma de la iglesia.
- El papel fundamental de la autoridad en el ministerio
La relación padre-hijo, establecida cuando Pablo plantó la iglesia, fue la base de su autoridad. Ya sea en una iglesia o en una casa, esa autoridad no se debe ejercer de una manera dura (para destruir la gente), sino para edificar. Pablo ha sido fuerte con esta iglesia debido a la gravedad de su pecado.
¿Tienes la autoridad que Dios te ha dado porque estás funcionando en tu llamado? ¿Estás usando esa autoridad para edificar a otros? ¿Estás sometido a alguien con verdadera autoridad? ¿Esa persona te está edificando?
9 No quiero dar la impresión de que trato de asustarlos con mis cartas, 10 pues algunos dicen: «Sus cartas son duras y fuertes, pero él en persona no impresiona a nadie, y como orador es un fracaso.»
Pablo ya admitió en el verso uno que su presencia física y su habla no eran sus puntos fuertes. Tal vez por eso tiene que ser más contundente en sus cartas. Ciertamente, le permitió expresar la profundidad de su conocimiento teológico. ¡Imagina nuestra pérdida si nunca hubiera escrito una carta tan pesada como Romanos!
11 Tales personas deben darse cuenta de que lo que somos por escrito estando ausentes, lo seremos con hechos estando presentes.
Dado que los otros apóstoles estaban en Corinto y Pablo no estaba allí, pueden haber dicho que él nunca iba a ejecutar las amenazas de sus cartas. Pero estaban equivocados.
12 No nos atrevemos a igualarnos ni a compararnos con algunos que tanto se recomiendan a sí mismos. Al medirse con su propia medida y compararse unos con otros, no saben lo que hacen.
3. Hay una gran necesidad de recomendación válida para el ministerio
Tradicionalmente, la iglesia recomendó un ministro en ordenación, cuando un grupo de líderes afirma que está calificado para el ministerio y recomendado como un siervo de la iglesia. La Nueva Traducción Viviente dice: ¡Ah, no se preocupen! No nos atreveríamos a decir que somos tan maravillosos como esos hombres, que les dicen qué importantes son ellos pero sólo se comparan el uno con el otro, empleándose a sí mismos como estándar de medición. ¡Qué ignorantes!
¡La situación en Corinto era absurda! No hay comparación ninguna entre Pablo y los falsos apóstoles. En lugar de ser elegidos por Dios y enviados por una iglesia con autoridad apostólica, ¡se promovieron a sí mismos! No estaban dispuestos a medirse o sinceramente compararse con los verdaderos apóstoles, o, lo que es más importante, con las normas de Dios.
Hoy en día hay demasiadas personas recomendándose a sí mismas, que no se someten a normas aceptadas para el ministerio cristiano. Cualquiera puede abrir una iglesia o establecer una presencia en Internet. Poco se sabe sobre su vida personal o sus creencias. Imprimen sus propios testimonios y utilizan sus propios estándares para medirse y compararse – por lo general según las normas mundanas del éxito, y a los demás en su propio círculo.
Si tú estás en el ministerio, ¿quién te recomendó? ¿Tienen autoridad legítima para hacerlo? ¿Quién recomendó a aquellos que tienen autoridad sobre ti?
13 Nosotros, por nuestra parte, no vamos a jactarnos más de lo debido. Nos limitaremos al campo que Dios nos ha asignado según su medida, en la cual también ustedes están incluidos. (NTV: Nosotros no nos jactaremos de cosas hechas fuera de nuestro campo de autoridad. Nos jactaremos sólo de lo que haya sucedido dentro de los límites del trabajo que Dios nos ha dado [LBLA: la esfera que Dios nos señaló como límite], los cuales incluyen nuestro trabajo con ustedes.)
- Ministra en el campo de autoridad que Dios te ha dado
Es tentador jactarse mucho cuando hay competencia como la que hubo en Corinto. Si tienes que defenderte y defender tu vocación, hazlo en el campo de autoridad que Dios te ha dado.
Es un concepto interesante: Dios asigna esferas de trabajo. Literalmente, significa que hay líneas que Dios delimita y luego asigna a alguien ese territorio. Es nuestra responsabilidad aprender dónde están esas líneas y permanecer dentro de ellas. Ahí está tu autoridad. Si sales fuera de tu campo asignado, pierdes tu autoridad, y te encuentras en el territorio de otra persona. Cuando un pastor te invita a su iglesia, entras en su campo. Dado que él te invitó, estás bajo su autoridad, y eres libre de ministrar como Dios te guía, siempre honrando la autoridad de ese pastor y el ministerio que Dios le ha dado. Si intentas entrar en el territorio de otro, estás invitando todo tipo de problemas. Lo mismo puedes decir de tu hogar. Tú tienes autoridad en tu familia, pero ¡ten cuidado al entrar en el territorio o el hogar de otro hombre!
14 Si no hubiéramos estado antes entre ustedes, se podría alegar que estamos rebasando estos límites, cuando lo cierto es que fuimos los primeros en llevarles el evangelio de Cristo. 15 No nos jactamos desmedidamente a costa del trabajo que otros han hecho. Al contrario, esperamos que, según vaya creciendo la fe de ustedes, también nuestro campo de acción entre ustedes se amplíe grandemente, 16 para poder predicar el evangelio más allá de sus regiones, sin tener que jactarnos del trabajo ya hecho por otros.
NTV: 14 No traspasamos esos límites cuando afirmamos tener autoridad sobre ustedes, como si nunca hubiéramos ido a visitarlos. Pues fuimos los primeros en viajar hasta Corinto con la Buena Noticia de Cristo. 15 Tampoco nos jactamos ni nos atribuimos el mérito por el trabajo que otro haya hecho. En cambio, esperamos que la fe de ustedes crezca, a fin de que se extiendan los límites de nuestro trabajo entre ustedes. 16 Entonces podremos ir a predicar la Buena Noticia en otros lugares más allá de ustedes, donde ningún otro esté trabajando. Así nadie pensará que nos jactamos de trabajar en el territorio de otro.
Pablo está muy consciente del territorio de un ministro de Cristo. ¡Qué pena que las iglesias en competencia muestran tan poco respeto por eso! Si tú estás pensando en establecer una nueva iglesia, ¡hay que saber si estás en el territorio de otro hombre! Si Dios se lo ha dado a él, incluso si no estás de acuerdo con todo lo que él está haciendo, ten mucho cuidado de establecer una obra competitiva.
Parece que Dios divide áreas geográficas en territorios que Él luego asigna a un apóstol o ministro. ¿Pero cómo determinamos sus límites? ¿Y quién es responsable de hacer cumplir esos límites? En la iglesia primitiva solo había una iglesia para cada ciudad, aunque se reunía en varios lugares. Es interesante que estos apóstoles falsos no simplemente empezaron una iglesia nueva; aparentemente reconocieron que la iglesia que Pablo fundó era el cuerpo legítimo para esa área. Si esto es cierto, ¿que estamos haciendo con docenas de iglesias en una pequeña zona de la ciudad? Algunos han dicho que cuando Pablo habló de su campo, estaba pensando en los gentiles en general, pero me parece que aquí tenía en mente límites geográficos definidos. ¡Tenemos que lidiar en serio con lo que dice la Escritura! Si estamos ignorando un principio básico del ministerio, podemos apagar al Espíritu de Dios, y aun peor, estar en pecado.
- Ora acerca de la posible expansión de tu territorio
Hay lugar para una ambición sana para ampliar tu territorio. Pienso en la oración de Jábes («Bendíceme y ensancha mi territorio; ayúdame y líbrame del mal, para que no padezca aflicción», 1 Crónicas 4:10). Pablo tenía el mismo deseo de extenderse a nuevas regiones. Tal vez parte de su urgencia en reparar la relación con los corintios fue hacer crecer su fe, para que su esfera de actividad entre ellos se expandiera. Él podría haber imaginado supervisar equipos de la iglesia que irían a las áreas circundantes.
El teólogo Juan Calvino escribió su interpretación de lo que Pablo quiso decir aquí:
“Si hubieras progresado tanto como deberías, ahora yo estaría ocupado en ganar nuevas iglesias y tendría tu ayuda para hacerlo. Pero, como son las cosas, me estás retrasando debido a tu debilidad. Sin embargo, espero que el Señor os conceda que avancéis más en el futuro, para que la gloria de mi ministerio sea aumentada según la medida de la vocación de Dios.”
¿Hay alguna puerta que Dios está abriendo para ampliar tu territorio?
- No tomes el crédito por el trabajo de otro hombre
Pablo también nos advierte acerca de tomar crédito por el arduo trabajo de otro hermano. Imagina un ministerio establecido después de años de intensa oración y guerra espiritual. Las fortalezas se han derribado y el área está abierta al evangelio. Entonces alguien llega y comienza una nueva iglesia, afirmando que ha “llevado el Evangelio” a un vecindario peligroso. Eso sucedió cuando yo era capellán (pastor) en las prisiones. Habia estado ministrando allí durante años, y, a veces, otro ministerio nos visitó; luego publicarían folletos con imágenes de prisioneros que supuestamente aceptaron al Señor, diciendo que fue su ministerio que llevó a Cristo a la prisión. ¡Cristo ya estaba allí, y esos hermanos ya eran salvos!
Da crédito donde es debido, y no tomes crédito por el trabajo de otra persona.
17 Más bien, «Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor». 18 Porque no es aprobado el que se recomienda a sí mismo sino aquel a quien recomienda el Señor. (NTV: 17 Como dicen las Escrituras: «Si quieres jactarte, jáctate sólo del Señor».18 Cuando la gente se alaba a sí misma, ese elogio no sirve de mucho. Lo importante es que los elogios provengan del Señor.)
Después de todo, busca la aprobación del Señor para tu trabajo. Recibe su recomendación y aprobación, con la confirmación de los ministros fieles que te conocen. ¡Ten cuidado de no alardear de ti mismo y tu gran ministerio! ¡No te elogies! ¡Jáctate sólo del Señor!