El tercer paso al varón perfecto: La familia y el trabajo (Efesios 6:1-9)

Tus hijos necesitan una familia de fe para criarlos en los caminos del Señor.  No solo en tu hogar (aunque un hogar cristiano es de suma importancia), sino también la familia de una iglesia sana que funciona conforme al plan revelado en Efesios 4. Esa experiencia debe servir para establecer a la iglesia como una parte integral de su vida, por toda su vida. Los niños que sufren en una iglesia muy legalista o hipócrita son mucho más propensos a rechazar la iglesia (y a Cristo) como adolescentes.

También el modelo de un padre santificado y honesto, con una relación viva con Jesús (los frutos del segundo paso), tiene un gran impacto en tus hijos. Tú necesitas ese poder del Espíritu Santo para discernir la voluntad de Dios para tu familia y guiarlos con la sabiduría de Dios.

Después de tu relación con Jesús, quizás lo más importante que puedas hacer por tus hijos es amar a su madre, conforme a la Palabra que ya estudiamos en Efesios 5. Los niños necesitan la seguridad de un padre que ama a su madre, y una madre que honra a su padre. Si la mujer es rebelde o manipula a su marido, los hijos seguirán ese ejemplo. Así que, para progresar en este tercer paso, lo más importante es un buen matrimonio, que guarde a tus hijos del golpe devastador del divorcio y te ayude a resistir la tentación de la infidelidad o la pornografía.

Dentro de este tercer paso también hay orden: Primero tu esposa, segundo tus hijos y tercero tu trabajo. Pocos hombres dirían que su trabajo es más importante que su familia, pero al dedicar la mayor parte de su tiempo y esfuerzo al trabajo, están traicionando ese orden.

Los hijos

1Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. (RVR)

Los hijos también tienen que someterse, y obedecer a sus padres. Pablo no usó la palabra obedecer para la esposa, pero para los hijos la obediencia es justa, y agrada al Señor. Los obedecen en el Señor: No están obligados a desobedecer a Dios para obedecerlos (aunque un niño pequeño no tiene esa opción, ni sepa lo que es requerido para obedecer a Dios), y no justifica la desobediencia a padres que no son cristianos. El hecho es que puede ser aún más importante obedecer a ellos, como un testimonio de su fe en Jesús.

Los hijos adultos no tienen que subordinarse a padres dominantes. Los hijos obedecen a sus padres mientras estén bajo su cuidado, pero los honran (que significa mostrar respeto y amor) por toda la vida.  Es posible obedecer sin honrar. Todos debemos honrar a los ancianos, algo que estamos perdiendo en el mundo de hoy.

La relación de padres e hijos es muy importante para Dios. Él es nuestro Padre, y nosotros somos sus hijos. Tu familia debe reflexionar la relación que tienes con tu Padre celestial. También es uno de los diez mandamientos. Hay una promesa para ti si obedeces y honras a tus padres: Te irá bien, y tendrás una larga vida. Bajo la ley, el castigo para un hijo que maldice a sus padres era la muerte (Levítico 20:9).  ¡Muchos niños morirían hoy si todavía obedeciéramos ese mandato! Hay un gran problema con niños rebeldes, pero parte de la culpa está en los padres.

Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor. (RVR)

Padres, no hagan enojar a sus hijos con la forma en que los tratan. Más bien, críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor. (NTV)

  • No provoques a ira a tus hijos.
  • No hagas cosas para frustrarlos.
  • No los irrites.
  • No tengas expectativas demasiado altas, y no tengas una mano muy dura, sino críalos en disciplina y en amonestación del Señor. Ten cuidado de no disciplinarlos en frustración o enojo.
  • Necesitan tu consejo. Una relación saludable es aún más importante que el buen comportamiento.

Lo confieso: Me gustaba provocar a mi hijo, casi como a veces provoco a mi perro. Creo que era una manera de relacionarse con él, como hombre a hombre. Lo he observado en muchos padres varones. La verdad es que muchos de nosotros no sabemos muy bien cómo relacionarnos con nuestros hijos. Aquí también es responsabilidad de la iglesia orientar y apoyar a los padres.   Hay pocas oportunidades en la mayoría de las iglesias para que los hombres se reúnan y compartan sus inquietudes, fracasos y éxitos como padres, y oren unos por otros. Las mujeres platican mucho acerca de sus hijos, pero es raro que los hombres hablen con otros hombres sobre sus hijos. Toma la iniciativa y arriesgue compartir con un hermano en Cristo, o con tu padre o un hermano de sangre. Lee libros. Habla con tu esposa acerca de sus experiencias y temores como madre, y tus sentimientos como padre. Oren juntos por sus hijos.

Tus hijos te necesitan mucho. Solo quieren tu tiempo y tu atención. No tienes que ser un experto; todos estamos aprendiendo. No le dejes toda la disciplina a tu esposa.  Juntos, establece una política de disciplina, y síguela. Mantén un tiempo devocional diario como familia, y enséñales la Palabra de Dios. Es parte del gran Shema de Deuteronomio 6:4-9:

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.  Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.  Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.  Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. (RVR)

Es interesante que Pablo no tiene ninguna palabra para las madres. Yo creo que si el hombre hace su parte, es muy natural para la mujer haga su parte como madre.

Cómo prosperar en tu trabajo

Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre. (RVR)

Esclavos, obedezcan a sus amos terrenales con profundo respeto y temor. Sírvanlos con sinceridad, tal como servirían a Cristo. Traten de agradarlos todo el tiempo, no sólo cuando ellos los observan. Como esclavos de Cristo, hagan la voluntad de Dios con todo el corazón. Trabajen con entusiasmo, como si lo hicieran para el Señor y no para la gente. Recuerden que el Señor recompensará a cada uno de nosotros por el bien que hagamos, seamos esclavos o libres. (NTV)

Se puede traducir la primera palabra siervos esclavos.  La triste realidad es que había esclavos en esa época, y los cristianos también tenían esclavos, como aprendemos en la carta de Pablo a Filemón. Esto no condona ni condena la institución de la esclavitud. La iglesia primitiva no prohibió a los cristianos tener esclavos, ni aconsejó a los esclavos que huyeran o se rebelaran contra sus amos.

Estos son principios para todo trabajador. El testimonio de muchos cristianos confirma que el Señor te prospera en tu trabajo si guardas estos consejos. Por esa razón, muchos jefes dan preferencia a los cristianos. Saben que no roban, ni usan alcohol ni drogas, y son muy trabajadores.

  • Aquí, también, lo más importante es una actitud de sumisión y respeto. Obedece a tu patrón con temor y respeto, y con sencillez y sinceridad de corazón. Obedécelo como a Cristo, de buena voluntad, y con entusiasmo (si no es algo ilegal o contra la Palabra de Dios).
  • Tú eres un esclavo de Cristo. Si traes esa misma actitud a tu trabajo, te ayudará mucho. En tu trabajo aprendes a servir, a confiar en Dios y a demostrar los frutos del Espíritu.
  • Trabajas para agradar a Cristo. Él sabe todo lo que haces en tu trabajo. Hoy en día es muy común gastar mucho tiempo en el teléfono o la computadora. Sirve a tu jefe como si estuvieras sirviendo a Cristo. Haz la voluntad de Dios desde el  corazón, para que el jefe confíe en ti.
  • Tu recompensa puede no ser mucha ni justa, pero Dios tiene una recompensa para ti, mucho mejor que tu salario terrenal. Él sabe cómo estás trabajando, y todo lo que está sucediendo en tu empleo. Confía en que, en su tiempo, Él te exaltará y te liberará de la esclavitud al patrón, o de un trabajo muy duro. Confía en Dios para un trabajo, si estás desempleado, y dale gracias por el trabajo que tienes, y la oportunidad de servirle allí.

Dios te bendecirá si trabajas bien y glorificas su nombre. Tómate un momento para evaluar tu empleo actual:

  • ¿Estás usando tus talentos?
  • ¿Estás en un trabajo honesto que ayuda a la gente?
  • ¿Ha puesto Dios un deseo en tu corazón para otro trabajo?
  • ¿Debes tomar clases para prepararte?

A veces cuesta trabajo buscar un empleo mejor, pero puede ser la voluntad de Dios para ti. Ora por un posible cambio de tu trabajo.

Los amos

Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas. (RVR)

Y ustedes, amos, correspondan a esta actitud de sus esclavos, dejando de amenazarlos. Recuerden que tanto ellos como ustedes tienen un mismo Amo en el cielo, y que con él no hay favoritismos. (NVI)

Con Dios no hay acepción de personas; no tiene favoritos. Somos iguales delante de Dios; nadie es más importante que el otro. Tienes que rendir cuentas a Dios por cómo tratas a tus trabajadores. Observa todas las normas de un sirviente y deja de amenazarlos. No seas duro con ellos, porque están sirviendo al mismo Señor. Si tú tienes el privilegio de emplear a otros, modela a Jesucristo para ellos, y sé fiel para guardar sus enseñanzas. Años atrás los propietarios corporativos tenían un interés genuino en sus empleados, sus familias y la comunidad. Hombres como Henry Ford y George Eastman de Kodak eran modelos de esta actitud.  Hoy en día no piensan mucho en los empleados – solo que trabajen para que la corporación gane más dinero. Sé diferente; toma un interés genuino en ellos.

La familia y el trabajo ocupan la mayor parte de la vida de un hombre. Si no pones en práctica esta Palabra de Dios nunca llegarás al varón perfecto. Éste es un campo de batalla.  Este tercer paso no es fácil. Sin los dos primeros pasos será casi imposible. No hemos dedicado mucho espacio a este paso, pero tal vez es lo más difícil de poner en práctica. Si no tienes a tu familia y tu trabajo ordenados conforme a la voluntad de Dios, estarás muy vulnerable en la guerra que tienes que superar en el cuarto paso, para finalmente llegar al varón perfecto.