Con la coraza de justicia puesta, estamos listos para los zapatos: En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 5:1)
Esa paz con Dios, esa paz interior, sirve como protección contra los ataques del diablo. Y él huye aún más rápido cuando proclamamos el evangelio, parados sobre la roca sólida.
15 Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. (RVR)
Y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. (NVI)
Pónganse como calzado la paz que proviene de la Buena Noticia a fin de estar completamente preparados. (NTV)
Estén siempre listos para salir a anunciar el mensaje de la paz. (DHH)
La variedad de traducciones aquí indica la dificultad de entender exactamente lo que significa ser calzado con el evangelio de paz. Lo que sabemos es:
- Tiene algo que ver con los pies y los zapatos, para movimiento, estabilidad, o protección. Pero la exhortación es estar firme; estos zapatos no significan movimiento. Tal vez Pablo estuviera pensando en las sandalias que los soldados romanos llevaban: Con sus clavos, mantenían su posición en la batalla. Siempre tienes que estar parado sobre el fundamento del evangelio.
- Esta parte de alguna manera nos permite estar listos en cada situación. No hay tiempo para acostarte y quitarse los zapatos. Necesitas la disposición siempre de vivir y proclamar el evangelio. Satanás lo odia, y huye cuando lo proclamas.
- El objetivo es el evangelio, las buenas nuevas de salvación en Cristo. Satanás quiere distraernos del simple evangelio. Hay que mantener el enfoque en ello.
- El evangelio resulta en paz con Dios y con otras personas. Cuando haya división y discordia, casi siempre es la obra del enemigo. Si no estás en paz con tu esposa u otra persona, eres mucho más vulnerable a sus ataques.
¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación, del que dice a Sión: «Tu Dios reina»! (Isaías 52:7)
Es muy posible que Pablo estuviera pensando en este versículo cuando escribió Efesios. El que comparte las buenas nuevas tiene gozo y el favor de Dios sobre su vida. Satanás no quiere tratar con tal persona.
La batalla más común es con otras personas: tu cónyuge, tus padres o hijos, tu jefe, incluso hermanos en la iglesia. El evangelio trae paz a hogares y comunidades. ¿Eres tú un instrumento de paz en tu escuela? ¿En tu hogar? ¿En tu negocio?
La falta de perdón destruye la paz. Pregúntale a Dios si hay alguien que no hayas perdonado de corazón. Si lo hay, dile a Dios en voz alta que en obediencia vas a perdonarle – aun si él no lo merece. Da gracias a Dios que Él te ha perdonado, tal como tú perdonaste a la otra persona.
¿Tienes paz? Jesús dijo: La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden. (Juan 14:27) La paz es un don de Cristo; el Shalom de los judíos: un estado de bienestar total. Es una paz más profunda que la paz del mundo, una paz no impactada por las circunstancias. Un soldado angustiado o cobarde no puede guerrear. La paz de Cristo te guarda de esa angustia y cobardía. Si todavía estás perturbado, sigue este consejo de Filipenses 4:6-7: No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.