Números 16     La rebelión de Coré

Después del desastre con los espías, uno pensaría que Israel habría aprendido que no hay lugar para la rebelión, pero no.

1Cierto día, Coré, hijo de Izhar, quien era descendiente de Coat, hijo de Leví, conspiró con Datán y Abiram, hijos de Eliab, junto con On, hijo de Pelet de la tribu de Rubén. Ellos provocaron una rebelión contra Moisés junto con otros doscientos cincuenta jefes de la comunidad, quienes eran miembros prominentes de la asamblea. Todos se unieron contra Moisés y Aarón y les dijeron:

—¡Ustedes han ido demasiado lejos! El Señor santificó a la comunidad entera de Israel y él está con todos nosotros. ¿Qué derecho tienen ustedes para actuar como si fueran superiores al resto del pueblo del Señor?

Envidia

¿Suena familiar? Poco tiempo atrás Aarón se levantó, junto con su hermana Miriam, con la misma queja. Ahora él es el blanco de críticas. Si tú eres un líder, es muy posible que hayas escuchado críticas parecidas:

  • ¿Quién crees que eres?
  • ¿Quién te hizo Dios?
  • ¡No me digas qué hacer!

La raíz son los celos, pero es un desafío directo a la autoridad Dios-ordenada. Como la mayoría de los engaños del enemigo, hay cosas que son ciertas: Moisés no era más santo que nadie totalmente entregado al Señor, y Dios ciertamente está con todos los que hacen su voluntad. Uno no es mejor que el otro. Pero es una exageración decir que toda la comunidad era santa. Coré ciertamente no estaba actuando muy santo en ese momento; era un hombre muy orgulloso y atrevido que se puso al mismo nivel que Moisés. Es el mismo espíritu que insiste en que no hay diferencia entre hombres y mujeres, tratando de socavar la autoridad del hombre en el hogar. Ciertamente, los hombres no son mejores que las mujeres, pero la igualdad no tiene nada que ver con la función. Padre, Hijo y Espíritu Santo son igualmente Dios, pero tienen funciones distintas. Jesús se somete voluntariamente a su Padre, y el Espíritu hace con mucho gusto lo que el Padre y el Hijo le indican que haga.

La ironía es que Coré seguramente se pondría a si mismo por encima del pueblo si tuviera la oportunidad. Ha sucedido una y otra vez: Un hombre del pueblo (como Fidel Castro, por ejemplo), lucha contra un dictador, pero luego se convierte en el mismo dictador al que condenó.

Esta fue una colección interesante de rebeldes, liderada por los levitas y los rubenitas. Parece que durante algún tiempo buscaban el apoyo de los 250 líderes. Esto fue una conspiración, o aún un golpe de estado. Puede ser que Coré quisiera ser ese líder que los llevaría de regreso a Egipto. Sabemos que Moisés había nombrado ancianos, pero ahora nos enteramos de que también establecieron un concilio formal, que debería funcionar bajo la autoridad de Moisés, dándole apoyo y llevando a él las inquietudes del pueblo. Pero parece que hubo una falta de comunicación, tal vez porque Moisés estaba tan ocupado intercediendo con Dios que no los destruiría después del incidente con los espías. Si el líder no es consciente del descontento, por lo general hay un “Coré” listo para aprovechar la situación.

Cómo responde Moisés

Cuando Moisés oyó lo que decían, cayó rostro en tierra.

Moisés había aprendido bien; en lugar de levantarse en su propia defensa, reflexivamente se humilla. Él sabe que Dios es el único que puede ayudarle. Después de todo, es él (y cualquier ayuda que Aarón pueda brindar) contra 250 líderes, y probablemente Moisés no era muy popular con el resto de la gente en este momento.

Entonces les dijo a Coré y a sus seguidores:

—Mañana por la mañana el Señor nos mostrará quién le pertenece a él y quién es santo. El Señor permitirá la entrada a su presencia solo a quienes él elija. Coré, tú y tus seguidores preparen sus recipientes para quemar incienso. Mañana enciendan fuego en ellos y quemen incienso ante el Señor. Entonces veremos a quién elige el Señor  como su santo. ¡Ustedes, levitas, son los que han ido demasiado lejos!

Moisés no permaneció postrado en su rostro. Es posible esconderse detrás de Dios y no pararse como un hombre para enfrentar la oposición. Lo impresionante de Moisés es su dependencia total de Dios. Él da un desafío y establece los parámetros de cómo resolver el problema. A pesar de esta rebelión, Moisés está claramente a cargo. Él confía en que Dios le dará el apoyo necesario, y si por alguna razón no lo hace, Moisés probablemente estaría muy feliz de regresar con sus ovejas y su familia en Madián.

Moisés está perdiendo la paciencia. Él ha sufrido murmullos y quejas, pero este desafío de sus propios líderes es demasiado. Han cruzado la línea, deshonrando a aquellos a quienes Dios ha puesto en autoridad.

Sé contento con lo que Dios te dio

Moisés le habló de nuevo a Coré: «¡Ahora escuchen, levitas! ¿Les parece de poca importancia que el Dios de Israel los escogiera de entre toda la comunidad israelita para estar cerca de él de manera que sirvan en el tabernáculo del Señor y que estén delante de los israelitas para ministrarles? 10 Coré, él ya les dio este ministerio especial a ti y a tus hermanos levitas. ¿Ahora también reclaman el sacerdocio? 11 ¡En realidad es contra el Señor que tú y tus seguidores se rebelan! Pues, ¿quién es Aarón para que se quejen de él?».

Muchos no están contentos con los dones y la posición que Dios les ha dado, y codician. Por ejemplo, no basta ser co-pastor, siempre busca alguna falla en el pastor principal y sutilmente trata de socavar su autoridad, esperando obtener su posición. O tú puedes tener un papel aparentemente insignificante en la iglesia, y crees que mereces más. Si eres fiel en lo poco y te humillas, Dios puede exaltarte y darte más responsabilidad. O no. Él es el encargado. Esto aplica en tu trabajo y otras situaciones fuera de la iglesia también. Piensa bien sobre lo que estás codiciando. ¿Por qué querrías los dolores de cabeza de Moisés? Lo vemos en la política todo el tiempo: Es fácil criticar a aquellos que están en el poder y prometer a hacerlo mejor, pero por lo general una vez que tienen el poder, rápidamente aprenden los desafíos del liderazgo.

Ten cuidado de no envidiar los dones y el llamado de otros. ¿Estás codiciando la posición de alguien? ¿Criticas sutilmente a quienes tienen autoridad para mejorar tu propia popularidad? ¿Has hablado con tu pastor u otro líder sobre los retos que enfrentan? ¿Hay algo que puedas hacer para apoyarlos? ¿Hay un Coré en tu iglesia u organización?

En este caso, los líderes eran levitas. Ya estaban apartados como una tribu especial para ministrar al Señor, con acceso a los lugares santos. Como Moisés señala correctamente, en realidad no se rebelan contra él, sino contra Dios, por lo que Moisés va a permitir que Dios resuelva el problema.

Egipto, ¿la tierra que fluye leche y miel?

12 Luego Moisés mandó llamar a Datán y a Abiram, los hijos de Eliab, pero ellos respondieron: «¡Rehusamos presentarnos ante ti! 13 ¿No te basta que nos sacaste de Egipto, una tierra donde fluyen la leche y la miel, para matarnos aquí en este desierto, y que además ahora nos trates como a tus súbditos? 14 Es más, no nos has llevado a una tierra donde fluyen la leche y la miel. Ni nos has dado una nueva patria con campos y viñedos. ¿Intentas engañar a estos hombres? ¡Nosotros no iremos!».

15 Entonces Moisés se enojó mucho y le dijo al Señor: «¡No aceptes sus ofrendas de grano! Yo no les he quitado ni siquiera un burro, ni jamás he lastimado a ninguno de ellos». 

Ahora Moisés se dirige a los dos hijos de Rubén. Parece que no estaban presentes cuando los demás presentaron su queja, y cuando Moisés los llama, ¡se niegan a venir! Su desprecio por él es obvio. Hay varias cosas que los están molestando:

  • Habían sufrido como esclavos en Egipto, y Moisés les recuerda a sus amos egipcios. No han superado la desconfianza general de la autoridad ni han aprendido a diferenciar entre la autoridad Dios-ordenada y la autoridad egipcia abusiva.
  • De alguna manera tenían la idea que Moisés maltrataba a la gente y les robaba cosas para su propio beneficio.
  • Convenientemente han olvidado por qué no heredarán los campos y viñedos prometidos. En cambio, acusan a Moisés de no darles una tierra que fluye leche y miel. Además de eso, acaban de enterarse de que van a vagar cuarenta años en el desierto, donde morirán. Tienen que hacer algo para mejorar la vida.
  • Ellos totalmente confunden los hechos (que a menudo sucede cuando estamos en rebelión). Por supuesto, el engañador está siempre dispuesto a ayudarlos. De alguna manera se olvidan de cómo era la vida en Egipto. ¡Lo llaman una tierra que fluye leche y miel! Por supuesto, Moisés es culpable de sacarlos de esa buena vida, y ahora él está llevándolos a la muerte.

Esto fue demasiado, incluso para Moisés. Está enfadado, y le pide a Dios que no acepte la ofrenda que estaban planeando hacer en alguna exhibición hipócrita de espiritualidad.

El desafío

16 Y Moisés le dijo a Coré: «Tú y tus seguidores deberán venir aquí mañana y presentarse ante el Señor. Aarón también estará presente. 17 Tú y cada uno de tus doscientos cincuenta seguidores deberán preparar un incensario y ponerle incienso para que todos puedan presentarlos ante el Señor. Aarón también llevará el suyo».

¿Qué esperaban que sucediera? No sabemos si Dios le mandó a Moisés que hiciere esto, o si Moisés tomó la iniciativa de organizarlo. Veamos si obedecen sus instrucciones y vienen preparados con sus incensarios:

18 Así que cada hombre preparó un recipiente para quemar incienso, lo encendió y le puso incienso. Después se presentaron a la entrada del tabernáculo con Moisés y Aarón. 19 Mientras tanto, Coré había incitado a toda la comunidad contra Moisés y Aarón, y todos se reunieron a la entrada del tabernáculo. Entonces la gloriosa presencia del Señor se apareció ante toda la comunidad. 20 Y el Señor les dijo a Moisés y a Aarón: 21 —¡Aléjense de todas estas personas para que pueda destruirlas en el acto!

Sorprendentemente, lo hicieron exactamente conforme a la palabra de Moisés. Imagina a 254 hombres con sus incensarios frente a Moisés y Aarón, y de repente la gloria del Señor aparece. No sucedió en silencio, en secreto; toda la asamblea estaba esperando ver qué pasaría. Probablemente muchos querían ver a Moisés removido de su posición elevada. No está claro si todos escucharon la voz de Dios; parece que el Señor solo habló con Moisés y Aarón. Dios está enojado; esta es al menos la tercera vez que quería destruir a toda la nación. Solo Moisés y Aarón se quedarían, y tienen que alejarse de la asamblea o ellos podrían ser consumidos también.

Moisés intercede por la asamblea

22 Pero Moisés y Aarón cayeron rostro en tierra y rogaron: —¡Oh Dios, tú eres el Dios que da aliento a todas las criaturas! ¿Tienes que enojarte con todo el pueblo cuando solo un hombre peca?

¿Viste eso? Otra vez Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros, esta vez en respuesta a lo que dijo Dios. ¿Por qué no dejar que Dios los elimine? ¿Cómo te sientes cuando escuchas profecías de juicio? ¿Estás feliz de que esos «pecadores» finalmente reciban lo que se merecen? ¿O caes rostro en tierra pidiendo la misericordia de Dios sobre tu país?

Creo que nadie culparía a Moisés si aceptara esta oferta de Dios y se deshiciere de todo este grupo problemático. ¡Tendría cuarenta años más con ellos! ¿Cómo te sentirías atrapado con tus críticos más feroces durante los próximos cuarenta años? Pero Moisés es consistente, y muy justo. Sabía que Coré era el cabecilla, y ya sabe lo fácil que es engañar a la gente, por lo que rogó a Dios que no juzgue a toda la asamblea por el pecado de un solo hombre.

Debemos aprender de su ejemplo, y no clasificar a un grupo entero o una iglesia entera por el pecado de una persona. Pide discernimiento de quién es responsable. Escudriña tu corazón para ver cuánto amor tienes por los perdidos. ¿Eres más apto para juzgar, o rogar por la misericordia de Dios? ¿Podría ser que Dios quería probar el compromiso de Moisés con su pueblo? ¿Podría ser que Dios está probándote a ti?

Juicio

23 Y el Señor le dijo a Moisés:  24 —Entonces dile a todo el pueblo que se aleje de las carpas de Coré, Datán y Abiram.

25 Así que Moisés se levantó y fue a toda prisa hasta las carpas de Datán y Abiram, seguido por los ancianos de Israel. 26 «¡Rápido! —le dijo a la gente—, aléjense de las carpas de estos hombres perversos y no toquen ninguna de sus pertenencias. De lo contrario, serán destruidos por el pecado de ellos». 27 Entonces todo el pueblo se alejó de las carpas de Coré, Datán y Abiram. Pero Datán y Abiram salieron y esperaron de pie a la entrada de sus carpas, junto con sus esposas, sus hijos y sus pequeños.

Finalmente aparecen Datán y Abiram; es posible que deliberadamente no participaran en el desafío del incensario como otro signo de su rebelión. La gente se agolpaba, queriendo ver lo que sucedería. Eso puede ser una reacción natural, pero ten cuidado con la curiosidad. Aléjate de los rebeldes. No toques sus cosas, o podrías ser destruido junto con ellos en su pecado. Trágicamente, la familia no tiene esa opción; cuando la cabeza peca, toda la familia sufre.

¿Estás cerca de gente que Dios va a juzgar? ¿Tienes curiosidad por las vidas de los pecadores? ¿Te fascinan? ¿Hasta ver programas y leer cosas en Internet sobre ellos?

28 Y Moisés les dijo: «Esta es la manera en que sabrán que el Señor me ha enviado a realizar todas estas cosas, pues no las he hecho por mi propia cuenta. 29 Si estos hombres mueren de muerte natural o si nada fuera de lo común les sucede, entonces el Señor no me ha enviado; 30 pero si el Señor hace algo totalmente nuevo y la tierra abre su boca y se los traga con todas sus pertenencias y descienden vivos a la tumba, entonces ustedes sabrán que estos hombres mostraron desprecio por el Señor».

El escenario está listo, y es dramático. No sólo trataban a Moisés con desprecio, sino que irritaban y menospreciaban a Dios. No sabemos si Dios le dijo a Moisés lo que estaba a punto de hacer, o si Moisés caminó tan cerca de Dios que conocía su corazón, y en fe proclama lo que Dios hará. De cualquier manera, es una declaración audaz; si tú haces tal declaración, asegúrate de que realmente sea de Dios, y no solo de tu invención.

31 Apenas Moisés terminó de decir estas palabras, la tierra repentinamente se abrió debajo de ellos. 32 La tierra abrió la boca y se tragó a los hombres, junto con todos los de su casa y todos sus seguidores que estaban junto a ellos y todo lo que poseían. 33 Así que descendieron vivos a la tumba, junto con todas sus pertenencias. La tierra se cerró encima de ellos y desaparecieron de entre el pueblo de Israel; 34 y toda la gente que los rodeaba huyó cuando oyeron sus gritos. «¡La tierra nos tragará a nosotros también!», exclamaron. 

Esto debería convencer a la gente de que Moisés fue escogido por Dios, y hacerlos pensar dos veces antes de rebelarse contra la autoridad delegada de Dios. ¡Parece que puso el temor de Dios en ellos!

Cuando contemples hacer algo estúpido, imagina a las esposas e hijos de estos hombres (y sus perros, y todos sus bienes) siendo tragados. Escucha sus gritos. Aún si no le temes a Dios, por amor a tu familia, arrepiéntete y busca a Dios.

35 Entonces un fuego ardiente salió del Señor y consumió a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían incienso.

Apenas empezó la masacre; el fuego que consumió a los 250 hombres fue tan dramático como el de los líderes tragados.

36El Señor le dijo a Moisés: 37 «Dile a Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, que saque todos los incensarios del fuego, porque son santos. También dile que esparza los carbones encendidos. 38 Toma los incensarios de estos hombres que pecaron a costa de sus vidas, y de ese metal elabora láminas a martillo para recubrir el altar. Como estos incensarios se usaron en la presencia del Señor, ya son santos. Que sirvan como advertencia al pueblo de Israel».

39 Así que Eleazar, el sacerdote, recuperó los doscientos cincuenta incensarios de bronce usados por los hombres que murieron en el fuego y del bronce se elaboró una lámina a martillo para recubrir el altar. 40 Esta lámina serviría de advertencia a los israelitas para que nadie que no fuera autorizado —nadie que no fuera descendiente de Aarón— entrara jamás a la presencia del Señor para quemar incienso. Si alguien lo hiciera, le sucedería lo mismo que a Coré y a sus seguidores. Entonces cumplieron las instrucciones que el Señor le dio a Moisés.

Los incensarios se convirtieron en un recordatorio permanente para Israel de lo serio que es rebelarse contra Dios y sus autoridades.

¡Más murmullos!

41 Sin embargo, tan pronto como la mañana siguiente, toda la comunidad de Israel comenzó de nuevo a murmurar contra Moisés y Aarón diciendo: «¡Ustedes mataron al pueblo del Señor!». 

¡Me asombra que la gente pueda hacer esto! Después de que Dios reivindicó y ratificó su liderazgo de una manera tan convincente, ¿cómo podrían atreverse a murmurar contra Moisés y Aarón? ¿Cómo podrían acusarlos de matar gente? ¿Por qué es tan fácil para nosotros dudar y desobedecer, siendo testigos del poder de Dios y conociendo su voluntad?

42 Cuando la comunidad se congregaba para protestar contra Moisés y Aarón, la gente se dio vuelta hacia el tabernáculo y vio que la nube lo había cubierto y que había aparecido la gloriosa presencia del Señor.

43 Entonces Moisés y Aarón fueron al frente del tabernáculo, 44 y el Señor le dijo a Moisés: 45 «¡Aléjate de toda esta gente para que la destruya inmediatamente!». Pero Moisés y Aarón cayeron rostro en tierra.

Esto ya suena demasiado familiar: Moisés y Aarón están con sus rostros en tierra, de nuevo. Dios está harto, de nuevo. Pero esta vez hay algo diferente; la matanza ya comenzó. Ésto es una emergencia. ¿Qué hará Moisés?

Expiación para el pueblo

46 Y Moisés le dijo a Aarón: «Rápido, toma un recipiente para quemar incienso y ponle carbones encendidos del altar. Agrégale incienso y llévalo entre el pueblo para purificarlos y hacerlos justos ante el Señor. El enojo del Señor ya arde contra ellos y la plaga ha comenzado».

47 Entonces Aarón hizo como Moisés le dijo y corrió entre el pueblo. La plaga ya había comenzado a matar a la gente, pero Aarón quemó el incienso y purificó al pueblo. 

De alguna manera tienen que hacer expiación por este pecado. Moisés sabe que orar por el pueblo no será suficiente esta vez. No estoy seguro exactamente cómo, pero el incienso y los carbones encendidos del altar hicieron expiación. Moisés no pudo hacerlo, pero como sumo sacerdote, Aarón tenía la autoridad de interceder por el pueblo. Hasta ahora, Aarón no ha sido muy impresionante, pero ya ha visto lo suficiente como para saber que debe hacer lo que le dice su hermano. Mientras corría en medio de la multitud (que ya están cayendo muertos), se hizo expiación. Parece que esta experiencia fue muy importante en la formación de Aarón como un varón de Dios.

48 Se puso entre los vivos y los muertos y se detuvo la plaga.49 Aun así, 14.700 personas murieron por esa plaga, además de los que habían muerto por la rebelión de Coré.50 Entonces, debido a que la plaga se detuvo, Aarón regresó donde estaba Moisés a la entrada del tabernáculo.

Coré y todos sus compañeros ya están muertos; ahora casi 15,000 murieron de una plaga. Eso debería llamar su atención, pero Dios quiere hacer aún más para mostrar su apoyo a Moisés y Aarón. En el capítulo 17 de Números (un capítulo inusualmente breve para el Pentateuco, solo tiene 13 versos), el líder de cada una de las doce tribus tuvo que colocar su vara, con su nombre escrito en ella, delante del arca en el tabernáculo. La que brotó pertenecería al hombre que Dios escogió. ¿El propósito de Dios? «Finalmente pondré fin a las murmuraciones y a las quejas de este pueblo en contra de ustedes» (versículo 5).

Bueno, adivina ¿cuál vara retoñó? ¡La de Aarón! No solo retoñó, sino que floreció y salieron almendras. La vara se colocó con el arca como un recordatorio permanente para los israelitas, y parece que esta vez recibieron el mensaje. Por alguna razón, esto realmente los asustó: «¡Estamos perdidos! ¡Moriremos! ¡Estamos arruinados! Cualquiera que tan siquiera se acerque al tabernáculo del Señor morirá. ¿Acaso estamos todos condenados a morir?» No hay registro de la respuesta de Moisés, pero parece que las quejas terminaron por un tiempo. Los siguientes capítulos detallan los deberes del sacerdocio.

La rebelión ha resultado en un golpe mortal para esta joven nación y los privó de la Tierra Prometida. Ha tocado a casi todo el mundo, excepto a Moisés, Josué y Caleb. En un último acto de rebeldía, va a tocar al gran líder también.

Una respuesta a «Números 16     La rebelión de Coré»

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