Deuteronomio 8    El peligro de la prosperidad

Hemos leído sobre las grandes bendiciones que Dios prometió a Israel. Ellos ya saben que hay gigantes en la tierra: Siete naciones más grandes y más fuertes que ellos. Sin Dios sería imposible derrotarlas.  ¿Cómo podría Israel olvidar al Señor? Pues, Moisés sabe lo fácil que sería; ya tiene cuarenta años de experiencia con este pueblo rebelde.

¡Nosotros tenemos mucho más de lo que tenía Israel! ¿Cómo podría un cristiano jamás olvidar a Dios? Pues, lo he visto con demasiada frecuencia. Cuando la vida es dura y sentimos que no podemos soportarlo más, vamos a la iglesia, leemos la Biblia y clamamos a Dios. Y Él responde de maneras maravillosas, y nos libera, nos cura y derrama sus bendiciones. De hecho, experimentamos la comunión más rica con Dios en los momentos más difíciles. Pero entonces, cuando todo está bien, ya no tenemos tiempo para Él. No hay tanta urgencia de estar en la iglesia y ser fortalecido por el Señor. Claro que nunca diríamos que nos olvidamos de Dios, pero lo tomamos con calma…hasta la próxima crisis.

Moisés estaba muy consciente de los peligros de la prosperidad. Él sabía que no se trata solo de recibir la bendición, conseguir el dinero y comenzar una familia. Es cómo cuidas a esa mujer, cómo manejas el dinero y cómo caminas con Dios en los buenos y malos momentos. La cuestión no es tanto cómo comienzas, sino cómo terminas.

¡Obediencia!

1»Cumple fielmente todos los mandamientos que hoy te mando, para que vivas, te multipliques y tomes posesión de la tierra que el Señor juró a tus antepasados.

Ahí está otra vez: La prioridad es la obediencia. ¿Qué significa eso? Tener a Cristo como Señor, someter tu voluntad a la suya y poner en práctica su palabra. Ese es el fundamento de la vida cristiana. Aunque ahora estamos bajo la gracia, la obediencia es tan importante como lo fue para Israel. Nuestra gran ventaja es el poder del Espíritu Santo que nos ayuda a obedecer.

Humillación y pruebas en el desierto

Recuerda que durante cuarenta años el Señor tu Dios te llevó por todo el camino del desierto, y te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus mandamientos.

Ya hemos visto que a los hebreos no les fue muy bien en la prueba. Prometieron obedecer a Dios, pero luego fracasaron miserablemente. Moisés sabe que si continúan con este patrón, serán destruidos.

  • ¿Has estado en un desierto? ¿Por más tiempo de lo que crees necesario?
  • ¿Puedes aceptar que pudo haber sido Dios quien te llevó a ese desierto, y te mantiene allí?
  • ¿Has visto a Dios guiándote en ese desierto?
  • ¿Puedes ver cómo Dios te está humillando en las tribulaciones?
  • ¿Cómo te va en la prueba? ¿Qué ha revelado acerca de tu corazón?

Si somos honestos, la mayoría de nosotros tenemos mucha oscuridad en nuestros corazones. Cuanto más orgulloso estés, y cuanto más importante sea la tarea que Dios tiene para ti, más probable es que Él tenga que humillarte.

¿Sigues obediente aunque parezca que no pasa nada? ¿Puedes ser fiel a tu esposa (y a Dios) cuando parece que tu matrimonio está muerto? ¿Cuándo no hay intimidad o sentimientos de amor? ¿O cuando ella está gravemente enferma? ¿Todavía confías en Dios cuando eres rechazado una y otra vez por un trabajo y el dinero se acaba? ¿Qué sucede cuando todas las puertas del ministerio se cierran y te sientes mal entendido por todos?

No solo de pan vive el hombre

Te humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó con maná, comida que ni tú ni tus antepasados habían conocido, con lo que te enseñó que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor. 

Dios los hizo pasar hambre; a propósito los puso en un lugar donde no había comida. Era parte de humillarlos. Si el refrigerador siempre está lleno, no necesitamos el maná de Dios. Es humillante para un hombre no poder alimentar a su propia familia y depender de limosnas – o salir a recoger maná cada mañana.

¿Te ha hecho Dios pasar hambre (problemas económicos) últimamente? ¿Te ha puesto en un lugar de escasez para que ordenes tus prioridades y te des cuenta de que las cosas materiales no son lo más importante? ¡El Señor no permitirá que mueras de hambre! ¿Estás dispuesto a salir y conseguir el maná necesario para sostenerte? Estas pruebas pueden ser para humillarte. Cuanto antes recibas ese mensaje y dejes de exaltarte y vivir a tu manera, más pronto terminará la humillación.

Este es un verso que Jesús usó para resistir la tentación de Satanás de convertir las piedras en pan. No caigas en esa trampa del diablo; hoy en día la comida se ha convertido en un ídolo para muchas personas. Viven para comer en vez de comer para vivir.

El verdadero pan para nuestras almas, lo que realmente nos alimenta, es la Palabra de Dios. Cada palabra que Él ha hablado es importante; no solo los versos que siempre citamos, sino toda palabra que ha salido de su boca. No te conformes con el pan que Satanás intenta darte: el materialismo del mundo o lo espectacular. Aprende a alimentarte de la Palabra de Dios.

Una garantía extendida

Durante esos cuarenta años no se te gastó la ropa que llevabas puesta, ni se te hincharon los pies.

Eso es milagroso. ¡De alguna manera Dios guardó su ropa intacta durante cuarenta años! Ellos caminaban por el desierto, ¡y no tenían tenis Nike o botas de senderismo! Sin embargo, sus pies no se hincharon. Eso debería demostrarles el amor de Dios e inculcar una profunda confianza en su provisión.

¿Has experimentado a Dios milagrosamente mantener un carro viejo funcionando bien? ¿O te ha protegido de la enfermedad? He visto a cristianos obtener años de servicio de dispositivos que se descomponen para los demás. Parte de su bendición no siempre es darnos la última moda, sino hacer durar lo que tenemos. Seguramente la moda cambió mucho en esos cuarenta años, pero no somos esclavos de la moda, ¿verdad? Nosotros no tiramos buena ropa solo porque puede estar un poco anticuada. No compramos un nuevo carro o refrigerador solo porque el nuestro no tiene las últimas características. Eso sería un insulto a Dios, quien graciosamente nos da una garantía extendida, ¡gratis!

La disciplina de Dios

Reconoce en tu corazón que, así como un padre disciplina a su hijo, también el Señor tu Dios te disciplina a ti. 

¿Eres padre? ¿Cuál es tu experiencia disciplinando a tu hijo? Por desgracia, eso es un reto para muchos hombres. Tendemos a una mano muy dura, o a retirarnos y dejar que su madre lo haga. La disciplina no significa corrección o castigo; significa acercarse al muchacho y andar con él para aconsejarlo y suavemente corregirlo y, sí, administrarle las consecuencias cuando sea necesario.  Muchos de nosotros carecíamos de la disciplina amorosa de nuestros padres, y no tenemos idea de cómo disciplinar a nuestros hijos. Dios tiene la intención de que aprendamos de nuestros padres, pero si nunca conociste la verdadera disciplina de tu padre, ahora puedes reflexionar sobre cómo Dios te disciplina y aplicar esos principios a tus hijos.

¿Es posible que el Señor está disciplinándote en algo que has experimentado recientemente? Una cosa es estar de acuerdo con eso en la mente, pero Moisés dice que es necesario «en tu corazón.» Eso significa que el amor de papá Dios te toca. No, la disciplina por lo general no es agradable, pero ayuda si entiendes lo que está sucediendo y reconoces que la amorosa mano del Padre está detrás de ella.

En la lucha que ustedes libran contra el pecado, todavía no han tenido que resistir hasta derramar su sangre.  Y ya han olvidado por completo las palabras de aliento que como a hijos se les dirige:

«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor
ni te desanimes cuando te reprenda,
porque el Señor disciplina a los que ama,
y azota a todo el que recibe como hijo.»

Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos. Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos. ¿No hemos de someternos, con mayor razón, al Padre de los espíritus, para que vivamos?  En efecto, nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo, como mejor les parecía; pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad.  Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella (Hebreos 12:4-11).

Dios lo hace con mucho amor. Eso debería animarte. Sométete a su disciplina, y deja que Dios haga esa obra profunda en tu vida.

¡Bendiciones están por venir!

Cumple los mandamientos del Señor tu Dios; témelo y sigue sus caminos. Porque el Señor tu Dios te conduce a una tierra buena: tierra de arroyos y de fuentes de agua, con manantiales que fluyen en los valles y en las colinas; tierra de trigo y de cebada; de viñas, higueras y granados; de miel y de olivares; tierra donde no escaseará el pan y donde nada te faltará; tierra donde las rocas son de hierro y de cuyas colinas sacarás cobre.

¡Qué refrescante! ¡Qué bendición! Después de cuarenta años en el desierto, comiendo maná, es un toque del cielo, lo que anhelamos, y nos motiva a seguir caminando en obediencia. Dios quiere derramar estas bendiciones sobre nosotros, pero Él espera hasta que sepa que podemos manejarlas.

Tu puedes estar en un desierto ahora mismo, muriendo de sed y anhelando alivio. Sigue caminando en obediencia y en el temor del Señor. Dios quiere llevarte a una tierra que fluye leche y miel también. ¿Pero sabes qué? No parece lógico, pero la prueba más difícil puede ser cuando lleguen esas bendiciones.

No olvides a Dios

10 »Cuando hayas comido y estés satisfecho, alabarás al Señor tu Dios por la tierra buena que te habrá dado. 

Para proteger tu corazón, primero reconoce que esas bendiciones son un regalo de Dios. Adóralo. Dale las gracias por ellas. Alábale por su bondad. Fija tus ojos en Él.

11 Pero ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios. No dejes de cumplir sus mandamientos, normas y preceptos que yo te mando hoy. 12 Y cuando hayas comido y te hayas saciado, cuando hayas edificado casas cómodas y las habites, 13 cuando se hayan multiplicado tus ganados y tus rebaños, y hayan aumentado tu plata y tu oro y sean abundantes tus riquezas, 14 no te vuelvas orgulloso ni olvides al Señor tú Dios, quien te sacó de Egipto, la tierra donde viviste como esclavo.

Las riquezas y el éxito pueden oscurecer nuestros sentidos espirituales. Cuando empezamos a experimentar las bendiciones materiales, queremos más. Estamos tan encantados con los regalos que nos olvidamos de dónde vienen y de dónde vinimos nosotros. Nos olvidamos de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, y el corazón se enorgullece. Empezamos a ser flojos en nuestra obediencia. Antes, queríamos hacer todo conforme para ganar el favor de Dios y experimentar su ayuda y bendiciones, pero ya que lo tenemos, no parece tan urgente.

Si tú estás en ese lugar de bendiciones abundantes en este momento, ¿te has vuelto perezoso en tu caminar con Dios? ¿Ha entrado el orgullo sutilmente en tu corazón? Si eres honesto, ¿es Dios una de las últimas cosas en tu mente? Por supuesto, vas a la iglesia y das tu diezmo y haces lo requerido. ¿Pero te sientes muy satisfecho contigo mismo? ¡Cuidado!

Humillación y pruebas

15 El Señor te guio a través del vasto y horrible desierto, esa tierra reseca y sedienta, llena de serpientes venenosas y escorpiones; te dio el agua que hizo brotar de la más dura roca; 16 en el desierto te alimentó con maná, comida que jamás conocieron tus antepasados. Así te humilló y te puso a prueba, para que al fin de cuentas te fuera bien. 

Ahí está de nuevo: La aflicción sirve para humillarnos y ponernos a prueba. Puedes pasar la prueba y experimentar las bendiciones de Dios, pero si te olvidas de Él, probablemente habrá otra ronda de humillación. La prosperidad puede ser una prueba más grande que la escasez.

Mira las palabras que Moisés usa para recordarles lo malas que eran las cosas: vasto, horrible, reseca, sedienta, serpientes venenosas, escorpiones, roca, dura. Cuando piensas en tu vida vieja, ¿hay algunas palabras feas que la describan? Tendemos a olvidarnos de lo malo que fue, y empezar a dar por sentado las bendiciones de Dios.

Si Dios te está humillando y probando en este momento, recuerda que Dios tiene una perspectiva de largo alcance en tu vida. Él sabe que al final la disciplina tendrá un buen resultado; te irá bien, pero Él te ama tanto que va a permitir el malestar por un tiempo.

Orgullo

17 No se te ocurra pensar: “Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos.” 18 Recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza; así ha confirmado hoy el pacto que bajo juramento hizo con tus antepasados.

El engaño es que las bendiciones nos llegan debido a nuestra inteligencia, duro trabajo, astucia y fortaleza. Pero la inteligencia y las capacidades físicas que tengas fueron dadas por Dios. ¡Cuidado con el orgullo! Dale la gloria y las gracias a Dios por esas bendiciones. Cuando lo olvidamos y empezamos a reclamar toda la gloria para nosotros, estamos entrando en un territorio muy peligroso.

19 »Si llegas a olvidar al Señor tu Dios, y sigues a otros dioses para adorarlos e inclinarte ante ellos, testifico hoy en contra tuya que ciertamente serás destruido. 20 Si no obedeces al Señor tú Dios, te sucederá lo mismo que a las naciones que el Señor irá destruyendo a tu paso.

El resultado final del orgullo y el olvido de Dios es la destrucción. Una vez que lo olvidamos, tendemos a reemplazarlo con otros dioses, y normalmente son los dioses del placer, la sensualidad y el materialismo. Israel se volvería como las naciones que Dios arrojó de la tierra; ellos seguirían el camino natural del hombre caído en un mundo pecaminoso.

¿Has permitido otros dioses en tu vida? ¿Puedes recordar cómo era cuando Jesús primero te salvó y transformó tu vida?

  • Él derramó sus bendiciones sobre ti.
  • La obediencia era una alegría.
  • Siempre tenías hambre de la Biblia y de la comunión con el pueblo de Dios.

¿Es un recuerdo lejano ahora? Si eres honesto, ¿tendrías que decir que te has olvidado de Dios y que realmente no eres diferente de la gente del mundo?

Tal vez tú estés apenas empezando esta peregrinación, y Jesús es muy real para ti. Tómate estas advertencias en serio. Recibe la prueba, la humillación y la disciplina que Dios tiene para ti. Tú puedes evitar mucho dolor.

Cuidado con la prosperidad y la vida buena; se requiere madurez para manejarlas y mantenerte humilde y Cristo céntrico. No te olvides de Dios.

 

 

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