Saúl pierde el reino: I Samuel 13:1-15

Introduccion a la segunda parte de HECHO PARA REINAR

Adán perdió el Edén y fue condenado a trabajo duro por el resto de su vida. Sin embargo, nunca perdió su mandato de reinar, un mandato que se extiende a nosotros hoy. De hecho, a pesar de nuestro pecado, Dios tenía planes para expandir nuestra autoridad:

”Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” (Apocalipsis 5:10, RVR)

Sí, ahora eres un príncipe y sacerdote al servicio de Dios todopoderoso. Exige una formación intensiva, y Dios está usando tus circunstancias actuales para prepararte para reinar en la tierra:

“Ellos serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.” (Apocalipsis 20:6, RVR)

Esa autoridad se ampliará aún más. Lo que comenzó con el cuidado de su creación se convierte en participación en el reinado de Cristo por toda la eternidad:

“Y reinarán por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 22: 5, RVR)

Eso es increíble. ¿Estás listo? El desafío es mantener tus ojos en ese trono cuando este mundo ofrece tanto que te distrae.

¿La flor de tu vida?

Esta segunda parte de tu vida comienza en los años treinta y se extiende hasta los cincuenta. Si pensamos en tu vida como un día, esta parte es 9 a 5, la parte más productiva del día. O, en días libres, horas llenas de tiempo en familia, un partido de futbol con tus amigos o un pasatiempo.

La vida debe ser muy buena. Ya tienes una mujer, hijos, más dinero y más cosas materiales. Con el favor de Dios, ya tienes una fe sólida y estás prosperando en tu vocación. Pero lamentablemente es a menudo un tiempo de prueba. Si tú eres como muchos hombres, ya las imperfecciones de tu esposa son más evidentes. Ya ella pesa más. Ella puede estar muy ocupada con sus hijos o con su carrera. Tú puedes tener luchas con la pornografía y otras mujeres. Puedes incluso haber hablado (o pensado) de divorcio. Tus hijos adolescentes ponen a prueba tu paciencia, quebranten tu corazón y crean conflictos entre tú y tu esposa. Tú también puedes pesar más de lo que quisieras. Aunque estés rodeado de gente, tú puedes sentirte muy solo. Ya te das cuenta de que tu vida está pasando muy rápidamente. Puedes sentirte atrapado en una carrera que no te satisface. Tú creías que habrías logrado más a esta edad. Es  más difícil cambiar, y eres más consciente de tus limitaciones. Ya no tienes el lujo de perder oportunidades o cometer grandes errores. Te enfrentas a lo que realmente eres, y no todo es bueno. Todavía es posible hacer algunos ajustes en tu vida espiritual y familiar, aunque cuesta mucho. Tal vez la mayoría de los hombres, en lugar de hacer esos ajustes, se acomoden en patrones poco saludables que serán difíciles de romper.

Cuando Saúl empezó esta segunda parte de su vida, finalmente parece que estaba a punto de convertirse en un rey exitoso. Él tiene las promesas y la unción de Dios, y el apoyo de Samuel. La gente lo ama. Él levantó un ejército potente y ganó una batalla importante. Pero en lugar de establecer su reino y usar su autoridad para el bien de la nación, las cosas empiezan a desmoronarse. En lugar de fuerza, vemos cobardía. Las debilidades de Saúl son dolorosamente evidentes, y toma una mala decisión tras otra. Su historia está llena de lecciones sobre lo que puede salir mal en la flor de tu vida.

Saúl pierde el reino:  I Samuel 13:1-15

Saúl tenía treinta años cuando comenzó a reinar sobre Israel, y su reinado duró cuarenta y dos años. (1, NVI)

Saúl ya tenía al menos varios meses reinando sobre Israel. Entonces ¿por qué haría la Biblia este tipo de declaración sumaria, que por lo general viene al principio o al final del reinado de un rey? El autor inspirado está dejándonos saber que este es un punto de inflexión. Es el comienzo de la segunda parte de la vida de Saúl. Tuvo un largo reinado, pero fue más como una larga pena de prisión, marcado por malas decisiones. El juego continúa durante muchos años, pero ya sabes que no puedes ganar. Aquí, al principio, Saúl comete el error que le cuesta el reino. Presta atención, mi hermano: Este puede ser un momento de decisión importante para ti. ¿Vas a cometer el mismo error? Muchos hombres lo hacen. ¿O vas a seguir creciendo en tu autoridad regia? Tal vez tú has perdido lo que era un ministerio poderoso. Esta experiencia de Saúl puede ayudarte a entender lo que salió mal y cómo Dios puede restaurar lo que perdiste. Él se deleita en dar segundas oportunidades. Incluso le dio a Saúl otra oportunidad. Pero por favor no hagas lo que hizo Saúl, y caer de nuevo en el mismo error. Aprende de tus errores.

Otra guerra

Una vez más los filisteos se preparan para la guerra. Saúl puede librar a Israel de ellos de una vez para siempre. Acababa de ver el poder de Dios devastar a los amonitas. Pero antes de que comenzara la batalla, cometió un error crítico: De entre los israelitas, Saúl escogió tres mil soldados; dos mil estaban con él en Micmás y en los montes de Betel, y mil estaban con Jonatán en Guibeá de Benjamín. Al resto del ejército Saúl lo mandó a sus hogares. (2)

El Espíritu de Dios desempeñó un papel tan decisivo en la última victoria, pero ahora está totalmente ausente. No hay mención de la oración o de cualquier guía divina. Saúl se mostró muy confiado – engreído – después de su gran victoria en Jabés, y tomó la tonta decisión de enviar a las tropas a casa. Luego le da un tercio de los hombres restantes a su joven hijo. Jonatán tenía mucho potencial, pero Saúl nunca proporcionó el liderazgo y la cobertura que necesitaba, así que con entusiasmo juvenil Jonatán actuó por su cuenta. Proporcionar orientación y apoyo a las personas bajo tu autoridad es una parte clave para usar esa autoridad prudentemente.

Poco tiempo después, Jonatán atacó y derrotó la guarnición de los filisteos en Geba. La noticia corrió rápidamente entre los filisteos. Entonces Saúl tocó el cuerno de carnero por toda la tierra, y dijo: «¡Hebreos, escuchen esto! ¡Levántense! ¡Sublévense!».  Así que todo Israel oyó la noticia que Saúl había destruido la guarnición filistea en Geba y que ahora los filisteos odiaban a los israelitas más que nunca. Entonces todo el ejército israelita fue llamado para unirse a Saúl en Gilgal. (3-4, NTV)

El comunicado de prensa erróneamente dijo que Saúl dirigió el ataque. A pesar de que el ataque de Jonatán no fue muy prudente, el rey quiere conseguir la gloria por cualquier victoria. Jonatán tenía buenas intenciones, pero no hay indicios de que Dios lo estuviera guiando. Con el deterioro de la situación, Saúl pronto se encontró en la incómoda posición de volver a llamar a las tropas que acababa de enviar a casa. Revertir apresuradamente las decisiones que tú acabas de tomar generalmente no es un signo de buen liderazgo.

Los filisteos también se juntaron para hacerle la guerra a Israel. Contaban con tres mil carros, seis mil jinetes, y un ejército tan numeroso como la arena a la orilla del mar. Avanzaron hacia Micmás, al este de Bet Avén, y allí acamparon. Los israelitas se dieron cuenta de que estaban en aprietos, pues todo el ejército se veía amenazado. Por eso tuvieron que esconderse en las cuevas, en los matorrales, entre las rocas, en las zanjas y en los pozos.  Algunos hebreos incluso cruzaron el Jordán para huir al territorio de Gad, en Galaad.

Saúl se había quedado en Guilgal, y todo el ejército que lo acompañaba temblaba de miedo. (5-7)

Saúl tenía sólo tres mil hombres en este momento. Fue superado dos a uno (con solo carros) por los filisteos. Los soldados enemigos eran tan numerosos como la arena del mar – una manera bíblica de decir que había demasiados para contar. ¡Por supuesto que los israelitas tenían miedo! ¿Pero esconderse en pozos, cisternas y cuevas? ¿O salir del área por completo? ¡Eso es patético y cobarde! ¡Qué contraste con la audacia de Saúl en Jabés! ¿Dónde está el poder del Espíritu ahora? ¿Qué pasó con el liderazgo de Saúl que inspiró valentía y atrajo a hombres a seguirlo? ¡Estamos de vuelta al cobarde Saúl escondido en el equipaje!

¿Qué hizo la diferencia?

Algo estaba mal, o sus tropas no estarían temblando de miedo paralizante. Eso definitivamente no es del Espíritu de Dios. ¿Qué pasó con la unción del Espíritu? De hecho, esta vez el Espíritu Santo ni siquiera se menciona. ¿Cómo podrían las cosas cambiar tan dramáticamente, tan rápido? Saúl aún tenía autoridad regia dada por Dios. Dios todavía era capaz de derrotar a sus enemigos. Claro, este vasto ejército era intimidante, pero Saúl había visto a Dios reunir y equipar a un ejército poderoso. El único cambio fue en Saúl.

Saúl estaba muy satisfecho después de su gran victoria anterior, y descuidó su relación con Dios. No buscó su guía, y tomó decisiones tontas. No estaba preparado para otra batalla, pero Satanás no nos da un descanso. No simplemente se retira cuando lo derrotamos en una batalla. Es un enemigo formidable. Él te ataca aún más fuerte, quitando tu equilibrio con circunstancias abrumadoras. Te desalienta y te llena de temor. Y se dirige contra el líder. Si puede derribar al rey, toda la nación va a sufrir. Por desgracia, Saúl le dio a Satanás la oportunidad perfecta para sembrar temor en las tropas. Como todos nosotros, las debilidades de Saúl eran más evidentes bajo la presión.

Hubiera sido una derrota total para Israel, pero Jonatán audazmente persiguió al enemigo. Israel se había hecho abominable a los filisteos. ¡Prepárate para  una batalla fuerte si te levantas en el poder del Espíritu y entras en el territorio del enemigo!

El error fatal de Saúl

Samuel le ordenó a Saúl que esperara siete días para hacer un sacrificio. Eso desalentó aún más a las tropas y preparó el escenario para un pequeño error que le costaría a Saúl su reino, y, finalmente, su vida.

Durante siete días Saúl esperó allí, según las instrucciones de Samuel, pero aun así Samuel no llegaba. Saúl se dio cuenta de que sus tropas habían comenzado a desertar,  de modo que ordenó: «¡Tráiganme la ofrenda quemada y las ofrendas de paz!». Y Saúl mismo sacrificó la ofrenda quemada. (8-9, NTV)

¿Sabes lo que es estar entre la espada y la pared? No importa lo que hagas, está mal. Saúl sintió ese doble vínculo. Por un lado, los filisteos estaban esperando para atacarlo. Por otro lado, sus tropas estaban atemorizadas. Ya han empezado a abandonarlo a causa de la demora. Saúl sabía que necesitaba a Dios, y esperaba que Samuel salvara el día y ganara el favor de Dios. ¡Pero le parece a Saúl que Samuel le falló y no llegó a tiempo! ¿Quién sabe qué le pasó? Saúl decide que su única opción es hacer las ofrendas él mismo. No suena tan serio. Él no estaba corriendo tras otro dios o entrando en la batalla por su propia fuerza. Estaba haciendo ofrendas y buscando a Dios.

Samuel aparece

¡Justo a tiempo! Pues, más o menos: En el momento en que Saúl terminaba de celebrar el sacrificio, llegó Samuel. Saúl salió a recibirlo, y lo saludó. (10) ¿Crees que Dios permitió la demora, para poner a prueba a Saúl? ¿Podría Dios en este momento estar probando tu disposición a esperar por Él?

Cuando apareció Samuel, Saúl sintió un gran alivio. Todo estaría bien ahora. ¡Por fin su padre espiritual llegó! ¡Samuel estaba allí! Saúl salió corriendo a su encuentro, no consciente de haber hecho algo malo. ¿O solo estaba tratando de lucir bien? Samuel lo supo de inmediato. Es posible que haya visto el humo que subió de la ofrenda.

Pero Samuel preguntó: —¿Qué has hecho?

Saúl le contestó: —Vi que mis hombres me abandonaban, y que tú no llegabas cuando prometiste, y que los filisteos ya están en Micmas, listos para la batalla.  Así que dije: “¡Los filisteos están listos para marchar contra nosotros en Gilgal, y yo ni siquiera he pedido ayuda al Señor!”. De manera que me vi obligado a ofrecer yo mismo la ofrenda quemada antes de que tú llegaras. (11-12, NTV)

Saúl es muy parecido a nosotros. Tratamos de cubrirnos y lucir bien. Saúl siempre estaba listo con una excusa, y ésta sonaba bien: «Ay, padre mío, tu no creerías lo malo que estaba. Los filisteos estaban listos para luchar. ¡Y estos hijos de Israel! ¡Estaban abandonándome! Por supuesto que yo tuve que buscar el favor del Señor antes de ir a la batalla, así que ofrecí el sacrificio.»

Sonaba bien, pero algo estaba terriblemente mal. Ya le había asegurado de la gracia del Señor. ¿Y por qué esperó tanto tiempo para orar? ¿Por qué tuvo que ofrecer sacrificios? ¿Qué le impidió reunir a sus tropas asustadas para buscar a Dios? ¿Y por qué dijo que estaba «obligado?» ¿Quién le obligó? Ciertamente no era el Señor.

 —¡Qué tontería! —exclamó Samuel—. No obedeciste al mandato que te dio el Señor tu Dios. Si lo hubieras obedecido, el Señor habría establecido tu reinado sobre Israel para siempre. Pero ahora tu reino tiene que terminar, porque el Señor ha buscado a un hombre conforme a su propio corazón. El Señor ya lo ha nombrado para ser líder de su pueblo, porque tú no obedeciste el mandato del Señor. (13-14, NTV)

Saúl desobedeció a Dios. Él tomó su propia decisión. Las consecuencias de ese acto pequeño fueron drásticas. Saúl pudo haber tenido un reino eterno. El mesías podría haber salido de su línea familiar. Pero Dios necesitaba a un hombre conforme a su corazón en el liderazgo, especialmente para el primer rey de la nación. Saúl no lo era, y como resultado, el reino le sería quitado.

Y levantándose Samuel, subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín. Y Saúl contó la gente que se hallaba con él, como seiscientos hombres. (15, RVR)

Después de haber lanzado esa bomba, Samuel se fue y dejó a Saúl con un ejército desanimado para luchar una batalla importante. Es difícil pelear cuando acabas de recibir estas malas noticias y no tienes el Espíritu de Dios. Lo primero que hizo Saúl fue contar sus tropas. Más de dos tercios de sus hombres lo habían desertado. Ese tipo de escena increíblemente deprimente y desalentadora puede hacerte contemplar el suicidio.

¿Te sientes un poco de pena por Saúl? He tenido a cristianos que me han defraudado, y puedo simpatizar con la frustración de Saúl. Él estaba en una situación muy difícil, y parece que su fracaso no es tan grave como el adulterio y el asesinato de David. Dios ni siquiera le dio a Saúl la oportunidad de arrepentirse, como lo hizo a David. Puede parecer que Dios estaba en contra del pobre Saúl, pero si tú piensas de nuevo en lo que hemos aprendido acerca de él, esta no fue una experiencia aislada:

  • Cuando llegó a casa después de saber que sería rey, él optó por no decirle a su tío lo que Dios había hecho.
  • Se escondió en el equipaje cuando llegó el momento de ungirlo.
  • No sabía cómo hacer frente a la oposición.

Esto fue sólo uno de una serie de acontecimientos desafortunados.

Cómo evitar los errores de Saúl y mantener una vida poderosa en el Espíritu

Obedecer

Tú puedes ser probado como Saúl, y Samuel puede parecer cuando no lo esperas. ¿Te imaginas a Jesús volviendo al mundo en el momento que decidiste desobedecerlo? Muchos cristianos quieren diseñar su religión y hacer las cosas a su manera, pero la historia de Saúl muestra lo peligroso que es. Saúl estaba buscando el favor de Dios. No parece un pecado tan grave, pero la obediencia es importante para Dios. Tú puedes protestar que somos salvos por la fe y no por las obras, y que Dios entiende nuestras debilidades, y eso es cierto. Pero no cambia lo serio que Dios es acerca de la obediencia. No es opcional. Tenemos que hacer las cosas a su manera.

Ten cuidado de que tu conocimiento supere tu obediencia. ¿Has salido de una conferencia con cuadernos llenos de enseñanzas acerca de la vida cristiana, pero no pones nada en práctica? ¡Eso es peligroso! El difunto pastor británico John Stott escribió que lo principal que impide la plenitud del Espíritu en nuestras vidas es tener demasiado conocimiento. Simplemente no andamos en todo el conocimiento que tenemos. Puede ser la razón por la cual los cristianos nuevos, que no saben mucho, frecuentemente experimentan más del Espíritu. Ellos cuidadosamente ponen en práctica lo que aprenden.

Conocer la voluntad de Dios

Si la obediencia es tan importante para Dios, es de suma importancia aprender lo que Él quiere que hagas. Diligentemente estudia la Palabra, busca su dirección en oración y luego hazlo. No pienses que la unción de Dios está garantizada. Mira lo rápido que Saúl la perdió. Tú no pierdas tu salvación, pero puedes perder la plenitud del Espíritu.

Permanecer en el frente de batalla

Si quieres la unción, quédate en el frente de batalla. Dios nos da su Espíritu para que podamos hacer algo con su poder. Saúl estaba alejándose de la batalla a la misma vez que Jonatán estaba entrando en medio de ella. Cuanto más estés en la línea del frente en las batallas espirituales, dando testimonio a la gente y orando por ellos, más experimentarás el Espíritu. Por supuesto, tú puedes sentir el Espíritu en la iglesia o en tu tiempo devocional, pero no se compara con predicar el Evangelio en territorio enemigo o liberar a la gente de sus ataduras.

Vivir con las consecuencias de la desobediencia

¿Cómo podría Saúl reinar cuarenta y dos años, si Dios le estaba quitando el reino? Pasaron varias décadas antes de que se llevara a cabo ese juicio. Vemos su desesperación en muchos puntos. Cuarenta años es mucho tiempo para mantener la apariencia de un reinado sólido. Él cumplió sus deberes, sin la unción del Espíritu. Muchos líderes y pastores cristianos son como Saúl. Tú puedes ser uno de ellos. Han perdido la unción de Dios a través de su desobediencia, pero no están quebrantados ni arrepentidos por su pecado. Ellos intentan mantener la apariencia de un poderoso ministerio durante años, completamente en la carne. Las cosas pueden lucir bien, pero no hay vida, y no hay mover de Dios.

Dios es serio acerca de la obediencia. ¿Dónde estás en tu obediencia a Él?

  • ¿Crees que ya tienes todo lo que necesitas de Dios?
  • ¿Eres un poco arrogante o engreído, como Saúl después de esa primera victoria? ¿O eres quebrantado y humilde ante Dios?
  • ¿Has desobedecido a Dios y perdido la plenitud de su Espíritu? ¿Es tu respuesta reconocer humildemente el pecado, o tratar de cubrirlo y excusarlo?
  • ¿Te enfrentan batallas con el enemigo, y tú estás derrotado y asustado como Saúl y sus hombres?
  • ¿Mantienes un ministerio con tus propias fuerzas? ¿O se ha ido la unción, tal vez sin tu conocimiento?

No pierdas tiempo. Dios te llama. No es demasiado tarde para arrepentirte de tu rebelión y tomar en serio la obediencia. Dios te restaurará, te llenará de su Espíritu, y te enviará a la batalla una vez más.