¡Es navidad! Todo el mundo celebra el nacimiento de Jesucristo, ¿verdad?
¿Estás seguro? ¿Es Jesús de verdad el centro de navidad?
¿O estás pensando en la empresa multimillonaria llamada cristianismo? Tenemos todo tipo de música, películas, canales de televisión, páginas de internet, libros y colegios. Templos enormes y hermosos. Casi todo el mundo tiene una Biblia en su celular. Supuestamente todo esto es para Jesús.
¿O es?
Yo sé que muchos sinceramente desean proclamar y glorificar al Señor de señores, pero en medio de las luces, el humo, y la música ruidosa, con demasiada frecuencia tengo que preguntarme “¿Qué tiene todo esto que ver con Jesús? ¿Dónde está Jesús en medio de esta empresa comercial enorme que hace a algunos millonarios? ¿Qué opina Jesús al respecto?”
Anhelo volver a la sencillez del Jesús de los Evangelios. Anhelo:
- A caminar con Jesús por los campos
- A navegar con Jesús en el lago
- A sentarme en la montaña y escuchar sus enseñanzas
- A alimentar a las multitudes
- A sanar a los enfermos
- A liberar a los oprimidos
- A hacer verdaderos discípulos
- A compartir el mensaje del reino de Dios
Una misión radical
¿Sería arrogante adoptar la misión de Jesús para mí mismo? Si vamos a identificar radicalmente con Él, parece que deberíamos hacer eso. Fue Jesús que dijo: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre (Juan 14:12).
Jesús describe su misión con las palabras de Isaías 61:
El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor (Lucas 4:18-19, RVR).
¿No es eso lo que tenemos que hacer? ¿Lo que hizo Jesús? En Lucas 4 Él acababa de ser bautizado en agua y en el Espíritu. Y nuestra misión también comienza con la crucifixión de nuestra carne, simbolizada en el bautismo, y el bautismo del Espíritu, que nos da la unción necesaria para hacer sus obras.
Jesús dijo que son los enfermos los que necesitan un médico (Mateo 9:12). Esta misión descrita en Lucas 4 se centra en manifestaciones del poder de Dios y la proclamación ungida del Evangelio. El corazón de Jesús late para:
- Los pobres (los que no tienen recursos materiales, y también los pobres espiritualmente)
- Los quebrantados de corazón
- Los presos (los encarcelados, y también los atados en pecado)
- Los ciegos (probablemente incluyendo cualquier enfermedad, también los ciegos espiritualmente)
- Los oprimidos (liberación para los demonizados, libertad de opresión, y desafiando los sistemas opresivos en la sociedad)
Se trata de las obras de Dios – no las nuestras. ¿Y sabes algo? ¡No requieren ni un centavo! ¿Dónde dice que grandes presupuestos traen grandes bendiciones?
Me recuerda de la vida sencilla de la iglesia del Nuevo Testamento: comunión diaria en hogares, compartiendo todo en común. Vieron a gente añadida a la iglesia todos los días en respuesta a las señales y prodigios abundantes y la predicación de la Palabra.
Ciertamente no soy el primero que anhela un retorno a ese poder y simplicidad. Múltiples movimientos y denominaciones nacieron con ese propósito, pero creo que muchos tienen hambre para algo más. ¿Qué significaría eso? Lo vemos en el comienzo y el final de la vida de Jesús.
Humildad radical
Vamos a celebrarlo en unas pocas semanas: Jesús dejó la gloria y el privilegio del cielo para venir a esta tierra y nacer como un bebé:
La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,
quien, siendo por naturaleza Dios,
no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
Por el contrario, se rebajó voluntariamente,
tomando la naturaleza de siervo
y haciéndose semejante a los seres humanos.
Y al manifestarse como hombre,
se humilló a sí mismo
y se hizo obediente hasta la muerte,
¡y muerte de cruz! (Filipenses 2:5-8, NVI)
Como Jesús, nosotros comenzamos con un nuevo nacimiento. Para entrar en el reino Jesús dijo que tenemos que volvernos y hacernos como niños. ¡Eso, sí, es radical, porque hay muchos atrapados en actividades “cristianas” que son complejas y muy adultas!
La palabra “siervo” también podría ser traducida “esclavo.” Renunciamos el derecho de hacer nuestra voluntad, y vivimos para complacer a nuestro Maestro. Obediencia total. No negamos a quién somos. Nuestra educación, inteligencia, experiencia, y habilidades son importantes y serán utilizadas por el Maestro, pero no somos orgullosos de ellas. Las sometemos al Maestro.
¿Cómo sabes si estás creciendo en humildad? Una prueba es la forma en que tratas a otras personas:
Teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás (Filipenses 2:2-4, NVI).
Porque Jesús se humilló a sí mismo, Filipenses 2:9 y 10 dice que Dios le exaltó hasta lo sumo. Algunas personas se humillan para que Dios las exaltara. Algunos dan a la iglesia esperando que su ofrenda se multiplicará de nuevo a ellos. Si tenemos esa actitud no hemos captado la idea, y perderemos la bendición.
El bebe que nació en ese establo humilde vivía una vida perfecta, pero esa vida terminó en tragedia y sacrificio, con la mayor expresión de amor jamás conocido: la muerte de cruz.
Amor radical
La cruz, que todo el mundo ve como un símbolo del cristianismo, representa nuestro llamado al amor radical.
Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos (Juan 15:13).
En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos (1 Juan 3:16).
Pablo habló de la preeminencia del amor (1 Corintios 13). Claro que amamos a nuestras familias, amigos, y compañeros cristianos, pero amor radical da un paso más. Estamos llamados a amar a nuestros enemigos también.
Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:7-8, NVI).
¿Qué significa entregar tu vida por tu esposa? ¿Tus hijos? ¿Ese jefe que parece odiarte?
¿Hay que dar nuestras vidas por terroristas musulmanes? ¿O es eso demasiado radical? ¿Entregó Jesús su vida por ellos?
¿Estás listo?
Tal vez podemos celebrar navidad buscando maneras de humillarnos y servir, como hizo Jesús. Y aprovechar las oportunidades de verdaderamente amar a otros; no para los regalos o beneficios que obtendremos a cambio, sino con amor ágape, el amor incondicional de Dios.