Preparándose para la muerte

Andar como anduvo Jesús. Es genial hablar sobre su gran amor, los milagros y el entrenamiento de los Doce, pero Jesús siempre tenía sus ojos en la cruz. Su propósito al venir a esta tierra era morir como un sacrificio perfecto por nuestros pecados.

La muerte es fea. No era parte del plan original de Dios. Fue el diablo quien vino a matar, hurtar y destruir. La muerte entró en nuestra raza cuando Adán y Eva pecaron en rebelión contra el mandato de Dios. La muerte es el último enemigo (1 Corintios 15:26), pero es un camino que cada uno de nosotros tiene que andar (si Jesús no regresa primero). Nadie quiere pensar en la muerte, pero me ayuda saber que Jesús anda conmigo en esa angustia, ya sea mi muerte o la de un ser querido. ¿Qué podemos aprender del Hijo de Dios cuando la muerte nos acerca?

Lucas 22:39-46  Busca comunión con Dios

39 Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.

Jesús salió de la ciudad por un lugar tranquilo y aislado, donde pudo prepararse para su agonía. Era un refugio, en la naturaleza, en una montaña. Era un lugar favorito de Jesús, que Él frecuentaba con sus discípulos. Ya sea una cabaña en una montaña o frente al mar, deja tu rutina para buscar a Dios. Haz lo que tengas que hacer para prepararte espiritualmente.

40 Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. 41 Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,

Es mejor no estar solo. Cuando enfrentas la muerte cara a cara, necesitas a otros contigo, pero tú decides cuánto tiempo vas a estar con ellos. Jesús compartió su corazón con sus discípulos en el Aposento Alto (lee Juan 13 a 16). Fue un tiempo muy rico. Si acompañas a alguien cercano a la muerte, haz lo que sea necesario para darle la oportunidad de estar con la gente más importante de su vida. Mi cuñada, antes de morir, quería pasar una tarde en un bote en la Bahía de Nueva York con amigos y familiares. Desafortunadamente, nunca sucedió, y ella solo tenía unos minutos de vez en cuando con esas personas. En una película (“Get Low”), un hombre celebró su funeral antes de morir y pasó un momento maravilloso con amigos y familiares.

Es importante tener a otros cerca, pero una persona moribundo se cansa fácilmente y tiene mucho en qué pensar. El propósito principal de ir a la montaña es orar. Con todos los médicos y visitantes, puede ser una lucha, pero busca ese tiempo de comunión con Dios y ayuda a un amigo moribundo a conseguirlo.

Luchando con la voluntad de Dios

42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Habla honestamente con el Señor. Jesús conocía muy bien la voluntad de su Padre, pero en su humanidad, como cualquier hombre, no quería morir. Nadie quiere sufrir. Siempre es apropiado pedir curación y pedir que la copa amarga pase de ti.

Puede ser una lucha, pero es importante alcanzar el punto de rendición. Confía en Dios; tu vida está en sus manos, y Él sabe lo que está haciendo. Él estará contigo en el valle de la sombra de la muerte. En algún momento, todos vamos a morir. Es importante aceptar lo que Dios ha planeado para ti y estar en paz con Él. Si estás caminando con un moribundo, dale la oportunidad de hablar, y anímalo a encomendarse totalmente al Señor.

43 Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.

Ésta es la lucha de tu vida. Te quitará toda tu fuerza. No puedes hacerlo por tu cuenta, pero Dios te dará la fuerza para soportar el dolor y la separación de tus seres queridos. Tú puedes pedirle que ese mismo ángel te fortalezca, y Dios puede usarte para que seas ese “ángel.” Pídele que te ayude a ministrar fuerza al que sufre.

44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Aún después de someterse a la voluntad de su Padre y recibir la fuerza del ángel, Jesús continuó agonizando en oración. Habrá días desalentadores y deprimentes, incluso después de aceptar que vas a morir y te rindes a la voluntad de Dios. En este caso, Jesús sudó gotas de sangre. Su vida misma se estaba derramando en esta gran lucha interior. No es fácil. No intentes minimizar la angustia de una persona moribunda. Ten cuidado con las palabras súper-espirituales: “Confía en Dios. ¿Dónde está tu fe? Pronto vas a estar con el Señor.” La angustia es parte de la muerte.

¿Por qué duermes?

45 Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; 46 y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.

No cuentes con el apoyo de tu familia y amigos. Ellos también están tristes y sufrirán depresión, ira y muchas otras emociones. Cuando más los necesitas, ellos pueden sentirse abrumados por sus propios sentimientos y agotamiento, incapaces de proporcionar el apoyo que necesitas. Solo Dios será tu compañero perfecto en este duro camino. ¡A veces el moribundo ministra a los demás!

Si tú te encuentras en la posición de los discípulos, acompañando a alguien en sus últimos días, escucha el clamor de su corazón. Si él te pide que ores, ora. Si él quiere estar solo, déjalo en paz. No seas tan egocéntrico que tu propia tristeza le prive de la comunión o de la oración que él anhela de ti en esos momentos.

El diablo siempre quiere aprovechar el dolor para tentarnos y hacernos dudar de Dios o caer en pecado. Sé firme espiritualmente para que no caigas en esa tentación. Solo unas pocas horas después, Pedro negó a Jesús tres veces. Él cayó en esa tentación. A veces, puedes sentirte tentado a distanciarte de la persona que está muriendo, pero ese es el momento en que más necesita tu amor. Si tú estás muriendo, puedes sentirte tentado a dudar del amor de Dios, o incluso de su existencia. Ya sea la oración, las alabanzas grabadas o el ministerio de un pastor o hermano en Cristo, no te duermes. Haz lo que sea necesario para mantenerte alerta espiritualmente.

Lucas 23:26-46: Ayuda a alguien a cargar su cruz

26 Cuando se lo llevaban, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. 27 Lo seguía mucha gente del pueblo, incluso mujeres que se golpeaban el pecho, lamentándose por él. 

La muerte es muy humillante. Siempre podías llevar la cruz que la vida te dio, pero ahora tu cuerpo te está fallando. Jesús era carpintero y estaba acostumbrado a cargar madera pesada, pero ya había perdido mucha sangre y no podía cargar la cruz. Cuando la muerte se acerca, perdemos el control. Ya no podemos tomar nuestras propias decisiones; algún médico o pariente lo hace por nosotros. Jesús no pudo escapar de su sentencia de muerte, a pesar de que tenía el poder de llamar a los ángeles para liberarlo. Es humillante ver mujeres golpeándose el pecho, sufriendo el dolor y agonía que estamos experimentando.

Habrá un momento en el que tendré que decir “Ya no puedo cargar esta cruz,” y la entregaré a otra persona para que me acompañe en el tramo final del viaje. ¿Podrías tu ser un Simón de Cirene? ¿Hay alguien a quien tú puedas ayudar a llevar una cruz?

28 Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: —Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. 29 Miren, va a llegar el tiempo en que se dirá: “¡Dichosas las estériles, que nunca dieron a luz ni amamantaron!” 30 Entonces »“dirán a las montañas: ‘¡Caigan sobre nosotros!’,  y a las colinas: ‘¡Cúbrannos!’ ” 31 Porque si esto se hace cuando el árbol está verde, ¿qué no sucederá cuando esté seco?

Si realmente tenemos la esperanza del cielo, podemos decir como dijo Jesús: No llores por mí. La persona que muere en Cristo va al paraíso con el Señor. Son aquellos dejados atrás quienes van a sufrir. Estamos en los días postreros, y vamos a experimentar mucha persecución y sufrimiento en los años venideros. Es importante mantener la perspectiva que Jesús tuvo aquí, e incluso animar a aquellos que vamos a dejar atrás.

32 También llevaban con él a otros dos, ambos criminales, para ser ejecutados. 33 Cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, lo crucificaron allí, junto con los criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda.

34 —Padre —dijo Jesús—, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

En esta vida siempre habrá personas que te ofenden, incluso en las últimas horas de tu vida. Desafortunadamente, hay muchas personas que no saben lo que están haciendo y actúan en ignorancia. Algunos son sinceros; realmente pueden creer que están sirviendo al Señor, o al estado. Tenemos que evitar un complejo de persecución,  lo que es muy común en la iglesia actual.

Se necesita mucha gracia para perdonar a la persona que te está matando. Hoy hay historias de mártires que perdonan al hombre que está a punto de decapitarlos. Varias veces Jesús dijo que Dios no nos perdonará si nosotros no perdonamos a otros (Mateo 6: 14-15; 18: 21-35). En los días previos a la muerte, es esencial examinar el corazón para ver si hay alguien a quien debas perdonar. Intenta ponerte en contacto con esa persona y arreglar las cuentas antes de morir. Mantén ese corazón de perdón hasta la muerte, agradecido a Dios por la confianza de que todos tus pecados son perdonados. Si tú estás cuidando a un moribundo, con mucha ternura ayúdalo a examinar su corazón y perdonar a cualquiera que lo haya ofendido.

Juan y Jacobo querían sentarse a la derecha e izquierda de Jesús, en su reino. Ahora, en su muerte, Jesús tiene criminales a su derecha y a su izquierda.

No puedes llevarte nada contigo

Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.

Esta ropa era la única posesión de Jesús, y la perdió aquí. Él probablemente estaba completamente desnudo en la cruz. Es difícil ver a otros tomar un automóvil querido o luchar por una posesión atesorada, pero la muerte hace que sea muy obvio que las cosas materiales no son tan importantes. Si no estás apegado a ellas, será más fácil dejarlas ir cuando se acerque la muerte. Jesús tenía prendas gloriosas esperándolo en el cielo, las cuales Pedro, Jacobo y Juan vieron en el Monte de la Transfiguración. Su túnica era solo para su vida terrenal. Toda esa ropa y otras cosas no son realmente tuyas.

Tú puedes ayudar a una persona moribunda a disponer de sus bienes. Se necesita mucha sensibilidad y mucho amor, pero es mejor que ver a la gente echar suertes y luchar por ellos.

35 La gente, por su parte, se quedó allí observando, y aun los gobernantes estaban burlándose de él. —Salvó a otros —decían—; que se salve a sí mismo, si es el Cristo de Dios, el Escogido. 36 También los soldados se acercaron para burlarse de él. Le ofrecieron vinagre 37 y le dijeron: —Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. 38 Resulta que había sobre él un letrero, que decía: «Éste es el Rey de los judíos.»

He visto a alguien sufrir en su lecho de muerte, con una multitud de familiares y amigos mirándolo. Puede ser que en ese momento quiera estar solo. Es muy fácil para alguien burlarse de la persona enferma y hablar sobre su pasado, sus errores y sus debilidades. Intenta ayudar a un moribundo a mantener su dignidad. Jesús podría haber dicho muchas cosas desde la cruz, o maldecirlos. Él no dijo nada. Ellos no tenían idea de lo que estaban diciendo.

Hoy estarás conmigo en el paraíso

39 Uno de los criminales allí colgados empezó a insultarlo: —¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!

40 Pero el otro criminal lo reprendió: —¿Ni siquiera temor de Dios tienes, aunque sufres la misma condena? 41 En nuestro caso, el castigo es justo, pues sufrimos lo que merecen nuestros delitos; éste, en cambio, no ha hecho nada malo.

42 Luego dijo: —Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

43 —Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso —le contestó Jesús.

Ésta es la última oportunidad de salvación. Una vez que estás muerto, no hay posibilidad de arrepentimiento y perdón. Hay algunos, como el primer criminal, que solo piensan en cosas superficiales en ese momento.  Algunas personas se enojan con Dios (y con todos los demás) cuando se acercan a la muerte. En lugar de humillarse, se aferran a su orgullo. Es interesante que Jesús nunca respondió al primer criminal. Tal vez Él sabía que era demasiado tarde para arrepentirse y ser salvo.

Incluso con sus últimas respiraciones, Jesús estaba ministrando a los demás y dándoles la bienvenida a su reino. ¡Que nosotros podamos dar testimonio de la bondad de Dios y atraer a otros a su reino en nuestros lechos de muerte!

Consumado es

44 Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó sumida en la oscuridad, 45 pues el sol se ocultó. Y la cortina del santuario del templo se rasgó en dos. 46 Entonces Jesús exclamó con fuerza:

—¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Y al decir esto, expiró.

Con sus últimas palabras, Jesús entregó su vida a su Padre. He escuchado muchas historias de un hombre moribundo que espera ver a un ser querido antes de morir; una vez que lo vio, sintió la paz de morir. Parece que tenemos cierto control sobre el momento exacto.

La muerte es cruel. Incluso el creyente más fuerte puede sentirse abandonado por Dios. ¡Está bien gritarle al Señor! Por supuesto, esta fue la primera vez en toda la eternidad que Jesús fue separado de su padre, mientras que Él llevó los pecados de toda la humanidad. Esa es una carga abrumadora que ni siquiera podemos empezar a comprender. En el Evangelio de Juan, Jesús dice: “Consumado es” (Juan 19:30).  Él logró lo que vino a hacer. Su trabajo y su vida habían terminado. Qué triste es ver morir a alguien con el remordimiento de problemas no resueltos y relaciones arruinadas. Trata de vivir de la manera que puedas decir “Consumado es,” sabiendo que has hecho la voluntad de Dios y puedes esperar escuchar “bien hecho, buen siervo y fiel.”

Cuando lleguemos a ese punto, la gran empresa que levantamos, la hermosa casa que construimos y la gran cuenta bancaria no importan. Sí, podemos dejar una herencia a nuestros hijos, pero qué hermoso sería morir también rodeado de hijos espirituales, y algunos de los discípulos que hemos formado. Qué glorioso saber que empezamos una multiplicación de discípulos que han alcanzado miles de almas para salvación.

No sabemos cuándo vamos a morir. Jesús sabía cómo terminaría su vida, pero muy pocos de nosotros lo sabemos. A veces, la muerte llega a una edad avanzada; a veces después de una enfermedad prolongada, donde se nos dice cuánto tiempo nos queda. Pero a menudo un hombre sale de su casa por la mañana y pierde la vida en un accidente de tráfico. Los hombres en buen estado físico pueden morir repentinamente de un ataque cardíaco o ser asesinados. Tenemos que vivir nuestras vidas como si este pudiera ser nuestro último día. Mantén cuentas cortas con otras personas. No esperes para arreglar las cosas con Dios. No desperdicies tu tiempo o tu vida; haz que cada momento cuente. Aprende de Jesús cómo acercarse a la muerte, la tuya o la de alguien más.