Juan 2:13-25  Andando con Jesús en una “cueva de ladrones”

Es obvio que el ADN del reino es radicalmente diferente que el ADN de este mundo. Los hijos del Rey son mansos y pacificadores, que aman y perdonan a otros. Resistimos la presión para acumular riquezas y cosas materiales. Pero hay un verso difícil en Mateo 11:12:

Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo conquistan por la fuerza. (LBLA)

El reino también es un campo de batalla. Gente violenta inspirada por Satanás intentan conquistarlo por la fuerza. No pueden, pero es una batalla. A veces tenemos que levantarnos para defender a nuestro Rey y los valores de su reino. Alguien, por ejemplo, tenía que resistir a Hitler. Parte de nuestro ADN es rabia y la valentía para guerrear. En esta porción vamos a ver cómo Jesús navegó en una cueva de ladrones, donde el reino de la luz chocó contra el reino de las tinieblas.

13 Cuando se aproximaba la Pascua de los judíos, subió Jesús a Jerusalén. 14 Y en el templo halló a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, e instalados en sus mesas a los que cambiaban dinero. 15 Entonces, haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos del templo, juntamente con sus ovejas y sus bueyes; regó por el suelo las monedas de los que cambiaban dinero y derribó sus mesas. 16 A los que vendían las palomas les dijo:

―¡Saquen esto de aquí! ¿Cómo se atreven a convertir la casa de mi Padre en un mercado?

17 Sus discípulos se acordaron de que está escrito: «El celo por tu casa me consumirá». 

Celo por la casa de su Padre

Seguro que ésta no fue la primera vez que Jesús vio este alboroto, pero a menudo tienes que controlar la ira, calmarse y esperar el tiempo y la forma de expresarla. Una de las lecciones más importantes de esta porción es que la ira no es pecado; incluso puede haber momentos cuando sea apropiado enfrentar violentamente las fuerzas del mal.  ¡Definitivamente este no es el Jesús manso y dulce que vemos en muchos cuadros! Sus discípulos lo vieron consumido con celo por la casa de su Padre. Está claro que no le importaron las pérdidas de los cambistas; a propósito regó todo ese dinero por el suelo. ¿Quién sabe lo qué pasó con esas monedas? Ya hemos visto que el dinero nunca importaba mucho a Jesús.

La ira  y el celo son partes del carácter de Dios y el ADN del reino, como lo demuestran muchos pasajes del Antiguo Testamento y Apocalipsis. Este es el ejemplo más fuerte de la ira de Jesús; ¿por qué estaba tan enojado?

  • Llamó el templo una “cueva de ladrones;” cobraban demasiado por la conveniencia de comprar, allí en el mismo templo, las palomas, las ovejas y los bueyes requeridos para los sacrificios. Los cambistas (quienes cambiaban monedas extranjeras por la moneda local) aprovecharon a los extranjeros con comisiones muy altas.
  • Jesús expulsó a todos del templo. La casa de Dios no debe ser un mercado; es una casa de oración, y Jesús condena todo lo que hace que el templo sea un mercado.
  • Aparte del acto de comprar y vender, imagina el ruido, el excremento y el olor de todos esos animales.

¿Está bien vender cosas en las iglesias de hoy?

  • ¿Está bien tener librerías en la iglesia? ¿O cafeterías, incluso Starbucks?
  • ¿Está bien vender tamales y toda clase de alimento para recaudar fondos para los programas de la iglesia?
  • ¿Está bien que los invitados que están predicando o ministrando en la adoración vendan sus libros, DVD y CD?

Casi todas las opiniones que leí en Internet justifican la venta de algunas cosas en la iglesia. Es cierto que en Cristo nosotros somos el templo; Dios no mora en edificios. Puede ser que nuestros edificios no sean santos como el templo en Jerusalén era santo. Dios dio instrucciones detalladas para la construcción de ese templo. ¿Pero no es problemático todo lo que distrae de la función de ese edificio como casa de oración y adoración a Dios? Cuando se convierte en un mercado, estamos violando su santidad.

¿Dos purificaciones del templo?

Quiero dar una pausa aquí de Juan para responder a una duda que muchos tienen sobre esta purificación del templo. El evangelio de Juan la coloca al principio del ministerio de Jesús, aunque solo dice que “se aproximaba la Pascua.” ¿Cuál pascua? Es difícil ver la conexión con el milagro en Caná (el pasaje previo), o con la visita de Nicodemo en Juan 3. Puede ser que ésta fue la última pascua que celebró Jesús, después de la entrada triunfal, donde Mateo la coloca (21:12-13):

Jesús entró en el templo y echó de allí a todos los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas.  «Escrito está —les dijo—: “Mi casa será llamada casa de oración”; pero ustedes la están convirtiendo en “cueva de ladrones”».

Lucas y Marcos también la colocan durante esa última semana de su ministerio;  Marcos dice específicamente que fue lunes, después de la entrada triunfal:

Al día siguiente, cuando salían de Betania, Jesús tuvo hambre.

Llegaron, pues, a Jerusalén. Jesús entró en el templo y comenzó a echar de allí a los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas, y no permitía que nadie atravesara el templo llevando mercancías. También les enseñaba con estas palabras: «¿No está escrito: »“Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”? Pero ustedes la han convertido en “cueva de ladrones”» (Marcos 11:12-17).

Para muchos, esta cuestión de dónde colocar la historia en Juan no tiene mucha importancia, pero puede ser un buen ejemplo de la importancia de interpretar cuidadosamente las escrituras. Parece improbable que Jesús limpiara el templo dos veces. Al comienzo de su ministerio no quería llamar mucho la atención de sí mismo; ¿por qué haría algo tan provocativo tan temprano? Sería más lógico al final de su ministerio, cuando ya tenía mucha oposición. Después de esto querían matarlo:

Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley lo oyeron y comenzaron a buscar la manera de matarlo, pues le temían, ya que toda la gente se maravillaba de sus enseñanzas (Marcos 11:15-18).

Marcos tenía un enfoque más amplio que Mateo (quien escribió para los judíos), y cita a Jesús diciendo que el templo es una casa de oración “para todas las naciones.” ¡Jesús ya está incluyendo a los gentiles en el pueblo de Dios! Lucas tiene la referencia más corta:

Luego entró en el templo y comenzó a echar de allí a los que estaban vendiendo. «Escrito está —les dijo—: “Mi casa será casa de oración”; pero ustedes la han convertido en “cueva de ladrones”» (Lucas 19:45-46).

No cambia el mensaje; no tiene tanta importancia dónde colocamos la purificación en Juan, pero yo creo que es el mismo evento que los tres evangelios sinópticos colocan durante la última semana de su vida. Tal vez Juan quiso presentar la profecía de la resurrección de Jesús al principio.

Los judíos exigen una señal

Volvemos a Juan 2 y el revolú en el templo sagrado, ocasionado por el Hijo de Dios. Es interesante pensar en la reacción de la gente común; estoy seguro que algunos de ellos estaban muy contentos de que alguien haya confrontado estos abusos. Por supuesto, los comerciantes y los líderes del templo (que probablemente también recibían dinero del negocio) estaban muy enojados, pero en vez de arrestar a Jesús, exigieron alguna señal que le diera la autorización:

18 Entonces los judíos reaccionaron, preguntándole: ―¿Qué señal puedes mostrarnos para actuar de esta manera?

19 ―Destruyan este templo —respondió Jesús—, y lo levantaré de nuevo en tres días.

20 ―Tardaron cuarenta y seis años en construir este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres días?

¡El hecho de que el templo fuera la casa de su Padre debe ser suficiente!  Pero a Jesús le gusta confundir a sus críticos, y les ofrece una señal muy impresionante: los desafía a destruir el templo, y Él lo levantaría de nuevo en tres días. Para ver la señal, ellos primero tienen que destruir el templo, algo que obviamente no van a hacer. Pero Jesús aprovecha la oportunidad para hablar sobre su resurrección:

21 Pero el templo al que se refería era su propio cuerpo. 22 Así, pues, cuando se levantó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús. 23 Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. 

Jesús no hizo la señal que los líderes pedían, y, a diferencia de sus discípulos, ellos probablemente nunca conectaron la promesa de levantar el templo de nuevo con su resurrección. Pero Jesús hizo muchas señales esa semana, y para disgusto de los líderes, muchos creyeron en Él.

¿Qué significa que Jesús “sabía lo que había en el hombre”?

24 En cambio Jesús no les creía porque los conocía a todos; 25 no necesitaba que nadie le informara nada acerca de los demás, pues él conocía el interior del ser humano.

La gente creía en Jesús, pero Él no creía en ellos. ¿Por qué?

Es interesante que ambos versos, el 22 y el 23, dicen que creyeron en Jesús, pero parece que  la fe de los discípulos (verso 22) era una fe más madura y razonada, basada en las Escrituras del Antiguo Testamento y las palabras de Jesús, y confirmada por su resurrección. Este fue otro paso en un proceso de establecerlos en una fe firme. Por otro lado, los “muchos” que creyeron en Él durante la Pascua, creyeron cuando vieron “las señales que hacía.” La fe basada solamente en milagros y señales es notoria por su debilidad. Puede ser que esa misma gente alabó a Jesús el día anterior en su entrada triunfal, y gritaron “crucifícalo” unos días después. Jesús “no les creía” porque Él sabía cuan inconstante y voluble es el ser humano. Él sabía lo que había en sus corazones, como Él dice en Juan 6:64 de sus mismos discípulos: “Sin embargo, hay algunos de ustedes que no creen.” Es que Jesús conocía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que iba a traicionarlo. Parece decir que algunos de los doce no creían en Él, e incluso uno de esos elegidos fue una profunda decepción y traidor.

La verdad (que puede brindarte mucha consolación, o hacerte sentir muy incómodo) es que Jesús te conoce por completo; conoce tu sinceridad y lo que hay en tu corazón. A partir de este verso 25, Juan va directamente a la historia de Nicodemo: Había entre los fariseos un dirigente de los judíos llamado Nicodemo (Juan 3:1). Puede ser que por esta razón Juan colocó la historia de la purificación aquí: Las evidentes controversias con los fariseos y otros líderes, y su falta de fe, contrastan con Nicodemo, quien tenía fe, pero no una fe salvadora; tuvo que aprender lo que significa nacer de nuevo. Jesús pudo ver su corazón, y supo que era sincero.

Nosotros no tenemos que ser negativos, sospechosos y cínicos con la gente. Sabemos que todos somos pecadores con una mezcla de motivos en nuestros corazones:

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9)

La respuesta obvia es: ¡Jesús! Por eso Él dijo que hay que ser astuto y tener cuidado:

»Los envío como ovejas en medio de lobos. Por tanto, sean astutos como serpientes y sencillos como palomas. Tengan cuidado con la gente; los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas (Mateo 10:16-17).

Ser sencillo no significa ser ingenuo. Con el mismo conocimiento, tenemos que amar a la gente y confiar en Dios para protegernos.

Afligió e irritó a Jesús ver cómo su propia gente profanaba la casa de su Padre. Allí estaba, probablemente después de tres años de ministerio, y su impacto parecía mínimo. ¡No es de extrañar que reaccionara con tanta ira! No era sorprendente que no se confiara a la gente. Hay un tiempo en que su paciencia se agotará, y su ira se derramará en este mundo pecaminoso. Ten cuidado de convertir lo que debe ser un lugar de oración y adoración en un negocio o un mercado. ¿Qué pasaría si Jesús apareciera en la iglesia para vaciar las cajas registradoras y echar fuera a todos los que estaban comprando o vendiendo? ¿Hay una cueva de ladrones en tu ciudad? ¿Cómo puedes andar como Jesús anduvo en esta situación?