Este capítulo nos presenta con un cuadro de un verdadero hombre, un verdadero líder. Alguien muy diferente de su padre, Saúl. No es sorpresa que su mejor amigo era David.
1 Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre.
Supimos del capítulo 13 que Jonatán tenía a mil soldados en su carga. El provocó esta guerra cuando presuntuosamente atacó una guarnición de los filisteos. Es un buen muchacho, pero no ha estudiado la guerra y no tiene mucha experiencia. Lo que tiene, como muchos jóvenes, es mucha energía, mucho deseo de conquistar y demostrar su virilidad, y muchos celos para las cosas de Dios.
Jonatán provocó esta guerra, y sabe que su padre se queda con solo 600 hombres, y está muy desanimado. Casi todo el ejército se ha escondido o ha huido. Tal como David con Goliat, nadie más va a hacer nada; le toca a Jonatán. Pero no incluye a los otros soldados en su carga. Lo hace a escondidas, por la noche, y solo con su paje de armas. Y no dice nada a su padre. ¿Por qué? Porque Jonatán sabe que su padre diría que “no.” Igual como Saúl dijo a David que no puede pelear con Goliat. Saúl no tiene ninguna solución o esperanza, pero tampoco quiere dejar a otro hacer algo grande para Dios.
¡Qué triste cuando un pastor socava los intentos de los hombres de Dios para hacer proezas para el Señor! Esos guerreros hacen las cosas secretamente porque tienen temor que el pastor va a enojarse o detener lo que el Señor ha puesto en su corazón.
Lo mismo pasa muchas veces en la familia. El hijo sabe que papá va a decir no; que no le permitirá hacer lo que quiere hacer. El padre puede tener mucha razón – o no. A veces los padres operan de temor – no permiten algo porque temen que el muchacho va a lastimarse. Joven – es importante comunicar con tus padres y no hacer algo a escondidas. Y madre y padre – es importante mantener una comunicación abierta y aceptar que Dios puede trabajar por medio de tus hijos también.
2 Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como seiscientos hombres. 3 Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
Esto es increíble. Es un retrato muy vívido de las diferencias entre padre e hijo. Mientras que Jonatán se levanta en el poder de Dios para defender su pueblo, su padre está sentado debajo de un granado. Al extremo; lejos de la batalla. Estaba metido en una religiosidad muerta. Este sacerdote era el nieto del hijo maligno de Elí. Parece que él también era un sacerdote impío. No depende de una relación viva con Dios, sino del efod, un vestido del sacerdote que creían que ganara favor con Dios. Saúl ni aun se da cuenta de que Jonatán se fue. Está fuera de contacto con la realidad.
Gracias a Dios por los muchos pastores que están en el campo de batalla y tienen el corazón de Jonatán y David. Pero por desgracia también hay algunos como Saúl; sentados frente al televisor, escondidos en el templo, o metidos en una religión de tradición y rituales. Pablo dice que tienen la apariencia de piedad, pero niegan la eficacia de ella. Pueden estar tan fuera de contacto con sus familias y sus congregaciones que un hermano de la iglesia o un hijo puede irse y no se dan cuenta de ello.
4 Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro Sene. 5 Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa. 6 Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.
Jonatán era un hombre de fe audaz. Está listo para arriesgar su vida para la gloria de Dios. No queremos probar a Dios, pero él tiene una perspectiva sana, la misma que tuvo David frente a Goliat: Ellos son incircuncisos; no conocen a Dios. Nosotros somos hijos del Rey. Esa autoimagen correcta es muy importante. Hace la diferencia entre el temor y cobardía de Saúl, y la fe y valentía de Jonatán y David.
A pesar de su juventud, Jonatán tiene mucha madurez en cómo se acerca a la situación: Él reconoce que Dios es soberano. La verdadera fe no es presuntuosa. No simplemente declaramos algo, como si fuésemos nosotros quienes mandamos. Si Dios lo hace o no, es su decisión. Pero Jonatán se hace disponible; se pone en un lugar donde Dios puede hacer un milagro, y confía en Dios para protegerlo.
Es tentador quedarnos en el campamento bajo el granado y lamentar la situación del mundo y posiblemente orar por un avivamiento. O podemos salir a la calle con la Biblia y esperar en Dios para puertas abiertas para predicar y testificar del poder de Dios.
Jonatán también sabe que los números no importan mucho a Dios. No hay nada difícil para Dios. No importa que su papá perdió casi todo el ejército. No importa que solo son dos que no tiemblan con temor. No hay nada difícil para Dios. A veces Él usa muchos, pero puede hacer milagros con un solo hombre. Hay mucho poder en la oración de dos creyentes unidos en el Espíritu.
Es fácil para una iglesia perder ánimo cuando no crece y se ve a las iglesias megas en la tele. Es fácil para un pastor creer que está fallando si tiene una iglesia pequeña. Es cierto que, en general, por naturaleza el reino crece. Pero no siempre. El pastor que está preocupado con números puede pensar más en como entretener y agradar a la gente que en obedecer a Dios. No desprecies el día de pequeños comienzos. Dios puede transformar una ciudad con una iglesia pequeña.
El pastor tiene que modelar una fe saludable en Dios. No para mandar a Dios, sino para confiar en la soberanía de Dios, someterse a su señorío, y ponerse en un lugar donde Dios puede usarlo.
7 Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad. 8 Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos a ellos. 9 Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros, entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos. 10 Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal.
Un verdadero varón de Dios inspira a otros hombres. Quieren acompañarle y apoyarle. No actúa solo. Pablo siempre tenía a un compañero. Jesús andaba con sus discípulos. Él dijo que cuando hay dos o más reunidos en su nombre Él está presente entre ellos. Que gran bendición oír esas palabras de un hermano: “estoy contigo.” ¡Cuánto se alegra el corazón de un pastor oír esas palabras! Por desgracia, hay muchos pastores solitarios. No saben cómo compartir sus vidas y sus ministerios con otros. No quieren que nadie vea ninguna debilidad o defecto en ellos. Un pastor necesita a un paje de armas. El necesita a alguien que le diga: Haz todo… ¿Tienes la voluntad para decir eso a un pastor? ¿Has tenido a un paje de armas? ¿Puedes ser ese paje de armas para alguien?
Jonatán anda paso a paso en fe. Como Gedeón, él pone un “vellón de lana” y le da la oportunidad a Dios para abrir o cerrar la puerta. Él está abierto a la voluntad de Dios, pero se pone en un lugar donde Dios puede usarlo. Jonatán ha aprendido a discernir las señales que Dios nos da. Sabe que la batalla es de Dios, y Él puede entregar todo un ejército en sus manos. Si Jonatán no tiene cuidado, si no escucha y observa bien, o si actúa con prisa, puede morir. Posiblemente Jonatán aprendió de esta guerra que él provocó, y ahora espera una confirmación de Dios.
¿Sabes cómo discernir señales de Dios? ¿Esperas en Dios para una confirmación antes de actuar? Un pastor debe ayudar a su congregación discernir las señales y entrar en la batalla cuando Dios lo manda.
11 Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las cavernas donde se habían escondido. 12 Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel.
Es una amenaza: “Os haremos saber una cosa.” Un hombre temeroso se olvidaría de su llamado y huiría. Pero Jonatán estaba firme en su fe y recibe esas palabras como una señal para subir a la batalla.
Vendrán amenazas y palabras fuertes del enemigo. El pastor tiene que estar firme en su fe y seguir adelante a pesar de todas esas amenazas. ¿Hay algo que el Señor te ha llamado a hacer? Puede ser que tomaste el primer paso, pero el enemigo se mofó de ti, y retiraste. No permitas que el diablo te intimide.
13 Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba. 14 Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada de tierra. 15 Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear, también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.
Con un paso de fe y obediencia de parte de Jonatán, Dios se levanta poderosamente y manda un pánico y un temblor al enemigo.
Dios está esperando para hombres y mujeres de fe como Jonatán para derribar las fuerzas de maldad. Hay muchas personas dispuestas, pero ocupan a un líder como Jonatán para inspirarlos y guiarlos.
16 Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era deshecha. 17 Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas.
Saúl casi no pudo creer que uno de los suyos fuese responsable para esta turbación. Otra vez vemos que Saúl no estaba proporcionando mucha cobertura o supervisión a su hijo. Lástima que muchos hijos carecen de la presencia y el apoyo de su padre. Incluso a veces el hijo del pastor. Él ministra a toda la congregación, pero puede ignorar a su propio hijo.
18 Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel. 19 Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.
Saúl todavía está con su religión. En vez de moverse con el Espíritu y entrar en la batalla, quería traer el arca, tener un culto, pasar un día en ayuno, y seguir todas sus tradiciones antes de entrar en la batalla. ¡Pero entonces estaría muy tarde! Y no se nota ningún amor ni cuidado por el bienestar de su hijo.
20 Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran confusión.
Llegan tarde, pero llegan a la batalla. ¿Te acuerdas que solo Saúl y Jonatán tenían espadas (1 Samuel 13:19-23)? Pues, a pesar de la estupidez de ese arreglo con los filisteos, Dios hace todo lo necesario para remediar la situación. ¡La espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero! ¡Estaban matándose unos a otros! ¡Dios mandó una terrible confusión a todo el campamento de los filisteos! ¡La batalla es de Dios! ¡No hay nada difícil para Él!
21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán. 22 Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos los persiguieron en aquella batalla. 23 Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó la batalla hasta Bet-avén.
¡En la cuestión de unas horas todo cambió completamente! Algunos hebreos se habían juntado con los filisteos, pero ahora vuelven a sus paisanos. Otros que se habían escondido también aparecieron.
Es algo parecido a lo que he observado en unas iglesias. Cuando no hay un buen liderazgo, algunos hermanos van a otras iglesias. Otros se quedan escondidos en sus casas con la televisión. Pero cuando Dios manda un varón de Dios y el Señor hace milagros, de repente aparecen de nuevo.
La batalla de verdad es de Dios. La victoria es muy grande. Yo oigo a muchos que quieren experimentar más del Espíritu de Dios. Si tú quieres ver el poder de Dios y ser lleno de su Espíritu, sube a la batalla. Muchos se quedan en la iglesia, orando y esperando para un mover de Dios. Eso es bueno. Pero a veces estamos bajo un granado como Saúl, y Dios está en la calle, en la prisión, en el campo de batalla. ¿Quieres ser un Saúl? ¿O un Jonatán?