El peligro de la hipocresía    Mateo 23

Este es un capítulo muy fuerte. Queremos andar como Jesús anduvo y hacer discípulos sinceros. Él dijo que no deberíamos juzgar a otros, y es un pecado chismear o socavar el ministerio de otros. Pero si vamos a andar como Él, a veces tenemos que exponer la falsa doctrina y la hipocresía. La Biblia nunca nos enseña a tolerar o ignorar el pecado. Por supuesto, este es Jesús hablando aquí; Él es Dios, es perfecto y tiene todo el derecho de juzgar el pecado. Antes de hablar de los demás, tenemos que examinarnos a nosotros mismos:

¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?  ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo?  ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano (Mateo 7:3-5).

Y Pablo dice en Romanos 2:1:

No tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas.

Es un equilibrio delicado: por un lado, amar y honrar a otros y sus ministerios; por otro lado, la responsabilidad de proteger a nuestras familias e iglesias. No queremos ser negativos y centrarnos en el pecado de otros; es mejor dedicar nuestros esfuerzos a proclamar una palabra de fe y edificación, y exaltar a Jesús. Pero hay ocasiones en que tenemos que decir la verdad. Este capítulo nos permite examinar a nosotros mismos a la luz de la Palabra, para que, con una conciencia limpia, podamos ayudar a otros a evitar estos errores.

Los “ayes” en Lucas

Hay otra ocasión en que Jesús dijo “ayes” parecidos, en Lucas 11:37-54. Un fariseo lo invitó a cenar a su casa, pero Jesús no se lavó las manos antes de comer y el fariseo se ofendió. En ese pasaje, Jesús habló primero a los fariseos, pero también estuvieron presentes los expertos de la ley, y ellos le dijeron: Maestro, al hablar así nos insultas también a nosotros (11:45). ¡Entonces Jesús también renunció a ellos! No es sorprendente que, después de renunciarlos, estuvieran más en contra de Jesús. Lucas (11:53-54) termina diciendo: Cuando Jesús salió de allí, los maestros de la ley y los fariseos, resentidos, se pusieron a acosarlo a preguntas.  Estaban tendiéndole trampas para ver si fallaba en algo. A nadie le gusta ser señalado; es fácil hacer enemigos hablando sobre el pecado y la hipocresía, pero eso no molestaba a Jesús.

Practica lo que predicas

1Después de esto, Jesús dijo a la gente y a sus discípulos: «Los maestros de la ley y los fariseos tienen la responsabilidad de interpretar a Moisés. Así que ustedes deben obedecerlos y hacer todo lo que les digan. Pero no hagan lo que hacen ellos, porque no practican lo que predican.

Dios ha colocado a personas en su iglesia con el don y el llamado de enseñar la Palabra. Es una gran responsabilidad ante Dios. Mi oración cuando preparo un mensaje siempre es: “Señor, guárdame del error y ayúdame a interpretar correctamente tu Palabra, y nunca guiar mal a una de tus ovejas.” Santiago 3:1 es una palabra instructiva: Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad. Si Dios nos ha dado el privilegio de ser un maestro, no es para exaltarnos, sino para humillarnos y compartir su Palabra con gran temor de Dios. Si tú eres un maestro en la iglesia, ¿cómo te juzgará Dios? Es muy serio tomar el puesto de maestro. Si eres un líder y le ofreces a alguien la oportunidad de enseñar, debes estar seguro de que Dios lo ha llamado.

Jesús nos manda honrar el oficio de pastor o maestro en la iglesia; a pesar de sus deficiencias personales, siempre tienes que escuchar la verdadera Palabra de Dios y poner en práctica lo que dice. El problema fue el testimonio y el ejemplo de estos maestros: No practicaban lo que enseñaban. Hoy en día es fácil engañar a la gente. Puedes predicar una palabra asombrosa en Internet, la televisión o una mega iglesia. Nadie sabe si estás haciendo lo que enseñas. Por eso es importante conocer los frutos y el testimonio de un pastor o maestro. ¿Y tú? En tu hogar, tu trabajo y tu iglesia, ¿haces lo que dices?

No cargues a otros con cargas que tú no llevas

Atan cargas pesadas y las ponen sobre la espalda de los demás, pero ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo para levantarlas.

Un pastor o maestro puede predicar cosas difíciles en la Palabra con la expectativa que la iglesia camine conforme a esa palabra, pero no sobrecargues a otros con cosas que tú no estás haciendo o no quieres hacer. Si enseñamos algo, debemos estar listos para ayudar a la gente a ponerlo en práctica y ser honestos con nuestras luchas al respecto.

El peligro de hacer todo por las apariencias

»Todo lo hacen para que la gente los vea: Usan filacterias grandes y adornan sus ropas con borlas vistosas; se mueren por el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y porque la gente los salude en las plazas y los llame “Rabí”.

¿Cuál es el motivo de tu corazón? Por supuesto, está bien hacer buenas obras, pero ¿es para honrar y glorificar a Dios, o para que otros te vean como muy espiritual? ¿Es un pecado sentarte en el primer asiento en una cena si alguien te lo ofrece? No, pero otra vez se trata del corazón. ¿Alimenta tu orgullo y te hace sentir importante? ¿Te ofendes si no te ofrecen una silla importante? Jesús nos enseñó a tomar el lugar más bajo, y esperar a ser invitado a otro asiento mejor (Lucas 14:7-14).

¿Es pecado tener una Biblia grande? Claro que no, pero si en secreto quieres impresionar a la gente con el gran gigante de la fe que eres por esas cosas externas, hay un problema. ¿Es tu título muy importante para ti? ¿Te ofendes si alguien no te saluda en la calle como pastor?

¿No llames a nadie “padre”?

»Pero no permitan que a ustedes se les llame “Rabí”, porque tienen un solo Maestro y todos ustedes son hermanos. Y no llamen “padre” a nadie en la tierra, porque ustedes tienen un solo Padre, y él está en el cielo.10 Ni permitan que los llamen “maestro”, porque tienen un solo Maestro, el Cristo.

Estos versículos han causado ansiedad en algunos líderes. Parece que Jesús prohíbe el uso de cualquier título. Su énfasis aquí es que todos somos iguales, y está mal elevar a unos hermanos sobre otros. Es difícil cuadrar lo que Cristo dice con la insistencia de muchos de ser llamados pastor, apóstol,  profeta o maestro. En la iglesia católica, a los sacerdotes generalmente se llaman “padre.” ¿Es un pecado? ¿Es pecado llamar a mi papá “padre”? Creo que no; no tenemos que ser muy rígidos con esto. Debemos discernir el espíritu de lo que Cristo dijo;  el único verdadero Maestro que tenemos es Cristo, y el único Padre perfecto está en el cielo.

¿Quién es el más importante?

11 El más importante entre ustedes será siervo de los demás.12 Porque el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Siempre es tentador buscar fama y poder. Quieres ser un buen cristiano, un buen pastor o un exitoso maestro de la Palabra, y eso está bien. Pero la tendencia natural del hombre es enorgullecerse: “Soy pastor, he trabajado arduamente, y tengo una gran iglesia. Deben reconocerlo y servirme.” Pero, ¿por qué estás ministrando? ¿Quieres agradar a Dios? ¿O presumir? Tenemos que buscar todas las oportunidades para servir y humillarnos. Confía en Dios para humillarte y exaltarte en su tiempo y a su manera.

¿Hay cosas que estás haciendo para enaltecerte a ti mismo? ¿Qué más puedes hacer para humillarte? ¿Cómo te ha humillado Dios en el pasado cuando tú te enalteciste?

Ahora Jesús empieza la famosa lista de “ayes.” “Ay” puede traducirse “¡Qué aflicción les espera!”

Prevenir que otros entren al reino

13 ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Les cierran a los demás el reino de los cielos, y ni entran ustedes ni dejan entrar a los que intentan hacerlo.

Jesús no deja dudas: Estos hipócritas no van a entrar en el reino de los cielos. Es triste, pero esa es la decisión que ellos han tomado. Lo que Jesús condena es que desalienten a aquellos que quieren entrar, a aquellos que ya están en ese camino angosto. No solo no entran por la puerta estrecha, sino que se detienen en la puerta y la cierran para que nadie más pueda entrar.

En Lucas, Jesús dice que se han adueñado de la llave del conocimiento, o habían quitado la llave de la ciencia (11:52). Parece que enseñaron deliberadamente algunas cosas, posiblemente con su propia interpretación y para su propio beneficio, e ignoraron las cosas más importantes de la Palabra.

Aprovechar a la gente vulnerable

14 ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! porque devoran las casas de las viudas, y como pretexto hacen largas oraciones; por esto recibirán mayor condenación.

La viuda y el huérfano están cerca del corazón de Jesús. Son vulnerables, y en lugar de cuidarlos y mantenerlos, los escribas y los fariseos los devoraron. Tienen la apariencia de ser muy espirituales, con sus largas oraciones, pero son solo un pretexto para aprovecharlos. La NTV dice: Estafan descaradamente a las viudas para apoderarse de sus propiedades, y luego pretenden ser piadosos haciendo largas oraciones en público.

Me hace pensar en las pobres ancianas que escuchan una solicitud de fondos de un ministerio por televisión, y desde el corazón responden y envían lo poco que tienen. No saben que el ministro está comprando un avión o carro de lujo con ese dinero.

Un evangelismo distorsionado

15 »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Recorren tierra y mar para ganar un solo adepto, y cuando lo han logrado lo hacen dos veces más merecedor del infierno que ustedes.

Evangelizan, pero no llevan a esa persona a una relación viva con Dios. En lugar de formarlos en la Palabra de Dios, los guían en su legalismo e hipocresía. Es genial llevar a alguien a los pies de Jesús y es importante discipular a esa persona, pero ¡ten cuidado con el ejemplo que ofreces! No quieres que él siga tus huellas pecaminosas. Esto puede suceder con alguien que sigue más a un apóstol, pastor o doctrina que a Cristo.

Juramentos

16 »¡Ay de ustedes, guías ciegos!, que dicen: “Si alguien jura por el templo, no significa nada; pero, si jura por el oro del templo, queda obligado por su juramento”. 17 ¡Ciegos insensatos! ¿Qué es más importante: el oro, o el templo que hace sagrado al oro? 18 También dicen ustedes: “Si alguien jura por el altar, no significa nada; pero, si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado por su juramento”.  19 ¡Ciegos! ¿Qué es más importante: la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? 20 Por tanto, el que jura por el altar jura no solo por el altar, sino por todo lo que está sobre él. 21 El que jura por el templo jura no solo por el templo, sino por quien habita en él. 22 Y el que jura por el cielo jura por el trono de Dios y por aquel que lo ocupa.

Este es el “ay” más largo. ¡Qué triste ser un guía ciego! No es la primera vez que Jesús los llama “guías ciegos.” En Mateo 15:12-14 Jesús dijo que lo que contamina a una persona no es externo sino interno. Los discípulos le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oír eso? Y Jesús les respondió: Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado será arrancada de raíz. Déjenlos; son guías ciegos. Y, si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en un hoyo.

Es interesante que Jesús dijo “Déjenlos.” Debemos tener mucho cuidado con el guía que elegimos. Y tú, ¿eres un guía ciego? ¿O estás siguiendo a un ciego? La verdad es que ambos caerán. Cuando Jesús habló de guías ciegos en otra ocasión (Lucas 6:39-40), agregó: El discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje, a lo sumo llega al nivel de su maestro. Si eres guiado por una persona ciega, solo alcanzarás ese nivel. ¡Jesús también los llama “necios” e “insensatos!”

Jesús dijo que no debes jurar:

También han oído que se dijo a sus antepasados: “No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor”. Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y, cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno (Mateo 5:33-37).

Ellos ya estaban equivocados porque jurar era muy importante para ellos. El problema específico aquí es que le dieron más importancia al oro en las ofrendas del templo que a la adoración de Dios.

El peligro de dejar lo más importante

23 »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello.24 ¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito, pero se tragan el camello.

Los escribas y fariseos eran muy fieles con sus diezmos. Exactamente 10%. Y eso está bien, pero estaban orgullosos de su obediencia a esos detalles. ¡Qué fácil es sentirte bien porque cumples con algunos requisitos legalistas! ¡Y cuán difícil es obedecer las cosas más importantes en la Palabra de Dios! Como el amor, y, en este caso, la justicia, la misericordia y la fidelidad. En Lucas (11:42) Jesús dijo que descuidan la justicia y el amor de Dios. Esas son cosas del corazón que tienen que ver con la relación con otras personas y con Dios. Qué triste que hay muchos “buenos cristianos” que carecen de misericordia para sus familias o gente menos afortunada.

La NTV explica mejor el verso 24: ¡Cuelan el agua para no tragarse por accidente un mosquito, pero se tragan un camello! Es tan fácil lidiar con la obediencia estricta en las cosas pequeñas e ignorar las cosas más importantes.

Es común en algunas iglesias dar mucho énfasis al diezmo. De hecho, el diezmo era un requisito de la ley del Antiguo Testamento. Todo le pertenece a Jesús; es fácil sentir que podemos usar el 90% de manera egoísta, cuando debemos entregar todo lo que tenemos a Cristo. Si hablamos mucho sobre el diezmo, deberíamos hablar más sobre las cosas más importantes de la ley.

Limpia primero lo de dentro

25 »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Limpian el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno.26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero por dentro el vaso y el plato, y así quedará limpio también por fuera.

Puede ser un cristiano bien vestido y bien peinado, con una Biblia grande, que ora en voz alta y conoce todas las alabanzas, pero ¿cómo está su corazón? Demasiado a menudo el corazón es malvado. Los fariseos condenaron a Jesús porque no mantuvo todas sus costumbres de lavarse las manos y limpiar los platos. Es la vieja cuestión de las apariencias, y nuestra tendencia a evaluar a otros de acuerdo con ellas. Incluso el profeta Samuel cayó en ese error, y Dios tuvo que reprenderlo: La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón (1 Samuel 16:7).

Varias veces Jesús habló de la importancia de la santidad interior:

¿No se dan cuenta de que todo lo que entra en la boca va al estómago y después se echa en la letrina? Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la persona. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias. Estas son las cosas que contaminan a la persona, y no el comer sin lavarse las manos (Mateo 15:17-20).

Lucas (11:39-41, NTV) nos da otra perspectiva:

Ustedes, los fariseos, son tan cuidadosos para limpiar la parte exterior de la taza y del plato pero están sucios por dentro, ¡llenos de avaricia y de perversidad! ¡Necios! ¿No hizo Dios tanto el interior como el exterior? Por lo tanto, limpien el interior dando de sus bienes a los pobres, y quedarán completamente limpios.

Aquí Jesús señala la avaricia y la perversidad dentro de ellos, que Él pudo ver claramente. Y, en un giro interesante, dice que dar de sus bienes a los pobres limpia el interior.

27»¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre. 28 Así también ustedes, por fuera dan la impresión de ser justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

Ésta es una repetición de la diferencia entre las apariencias externas y lo que hay dentro, pero son palabras muy fuertes. Los llama sepulcros blanqueados, llenos de huesos de muertos.

En Lucas (11:44, NTV) Jesús emplea otra imagen con el mismo sentido: son como tumbas escondidas en el campo. Las personas caminan sobre ellas sin saber de la corrupción que están pisando.

¡Serpientes, generación de víboras!

29 »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Construyen sepulcros para los profetas y adornan los monumentos de los justos. 30 Y dicen: “Si hubiéramos vivido nosotros en los días de nuestros antepasados, no habríamos sido cómplices de ellos para derramar la sangre de los profetas”.31 Pero así quedan implicados ustedes al declararse descendientes de los que asesinaron a los profetas.  32 ¡Completen de una vez por todas lo que sus antepasados comenzaron! 33 »¡Serpientes! ¡Camada de víboras! ¿Cómo escaparán ustedes de la condenación del infierno?

Los escribas y fariseos creían que eran mucho mejores que los judíos del pasado que mataron a los profetas. ¡Incluso les construyeron sepulcros y adornaron los monumentos de los justos! Pero otra vez, todo es por apariencias. Jesús dice que tienen el mismo espíritu que sus antepasados y, de hecho, van a matar al Hijo de Dios. Él tiene algunas de sus palabras más fuertes para ellos: son serpientes y generación de víboras. Seguramente van al infierno.

34 Por eso yo les voy a enviar profetas, sabios y maestros. A algunos de ellos ustedes los matarán y crucificarán; a otros los azotarán en sus sinagogas y los perseguirán de pueblo en pueblo. 35 Así recaerá sobre ustedes la culpa de toda la sangre justa que ha sido derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la de Zacarías, hijo de Berequías, a quien ustedes asesinaron entre el santuario y el altar de los sacrificios. 36 Les aseguro que todo esto vendrá sobre esta generación.

Jesús los culpa por todos los justos que fueron perseguidos y murieron. Muchos creen que la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. fue el cumplimiento de esta profecía.

37 »¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste!38 Pues bien, la casa de ustedes va a quedar abandonada. 39 Y les advierto que ya no volverán a verme hasta que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”»

Estas son las palabras de un amante rechazado. Jesús tenía tanto amor y tantas bendiciones para ellos,  pero ¡ellos no lo querían! Eran muy presuntuosos. Creían que estaban honrando la Palabra de Dios y haciendo todo bien. Eran muy religiosos, pero estaban fallando en las cosas más importantes, ¡especialmente rechazando al Hijo de Dios! No pienses que no podemos caer en la misma presunción. Debemos examinarnos honestamente y arrepentirnos de los errores que Jesús condenó aquí. No queremos ser como estos hipócritas y hacer discípulos destinados al infierno. Primero tenemos que evitar  estos errores nosotros mismos, y luego formar discípulos que odian la hipocresía y se concentran en cumplir la Gran Comisión.