3 ¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva 4 y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, 5 a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos.
Es fácil leer estos tres versículos rápidamente, sin prestar atención a la riqueza de cada punto, así que vamos a seguir la progresión del pensamiento en forma de preguntas y respuestas (todo en cursiva es de la Biblia, en varias traducciones.)
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Que toda la alabanza sea para Dios.
Claro que Dios es digno de toda alabanza, pero es más que cantar unas alabanzas emotivas; queremos adorarle en verdad, sabiendo la razón por nuestras alabanzas.
¿Por qué le alabamos?
Nos ha hecho nacer de nuevo. ¿Me ha hecho nacer de nuevo? ¿No fue mi decisión? Posiblemente, pero como vimos en el versículo 2, Dios nos eligió, e hizo toda la obra salvadora. Jesús dijo que tenemos que volver a ser como niños para entrar en el reino (Mateo 18:3), y Dios lo hizo posible con este nuevo nacimiento, lo cual es la única manera de entrar en su reino (Juan 3:3). Aquí, y en el verso 23 del mismo capítulo, son las únicas veces fuera de Juan 3 donde la Biblia usa las palabras “nacer de nuevo,” aunque varias veces habla de nacer espiritualmente. Podemos empezar de nuevo, con todo hecho nuevo, como una persona nueva (2 Corintios 5:17).
¿Por qué haría Dios algo tan inmerecido?
¡Por su gran misericordia! Misericordia es “la disposición a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenas. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente en el perdón y la reconciliación (Wikipedia).” Dios da la misma habilidad al creyente, para que pueda sentir compasión, empatía y amor por las personas, principalmente aquellas que sufren. Jesús dijo: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7).
¿Cómo nos dio Dios esta salvación?
Mediante la resurrección de Jesucristo, porque Dios levantó a Jesucristo de los muertos. Para permitirnos entrar en su reino y tener una relación restaurada con Dios, algún sacrificio fue necesario. Dado que Dios es perfectamente justo, alguien tenía que pagar por nuestras ofensas, nuestros pecados. El único sacrificio eficaz tendría que ser perfecto, y el único perfecto es Dios. Empezó con la muerte de Jesús en la cruz, pero sin la resurrección no habría ninguna victoria ni esperanza para nosotros. La resurrección nos garantiza la vida eterna, y victoria sobre el pecado y la muerte.
¿Qué es el beneficio que recibimos? ¿Qué es el propósito de Dios para nosotros?
- Para que tengamos una esperanza viva. Ahora vivimos con gran expectación. Muchos de nosotros vivíamos desesperados. Estábamos decepcionados y desilusionados con la esperanza vacía que el mundo nos ofreció en las riquezas y el placer. En muchos casos nuestra esperanza había muerto. La resurrección de Cristo nos asegura que hay esperanza; El que venció la muerte puede vencer cualquier problema en la vida cotidiana. Vivir sin esperanza es un infierno vivo; con una esperanza viva podemos soportar mucho sufrimiento. Dios quiere darte nueva esperanza, para que vivas cada día con gran expectación de lo que Dios va a hacer.
- Para que recibamos una herencia. No solo recibimos el perdón de pecados, y una “mansión” en el cielo, sino también una herencia. ¿Cuándo fue la última vez que pensaste en la herencia que Dios tiene para ti? Jesús dijo que es “el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo” (Mateo 25:34). Tenemos la herencia de un hijo del Rey.
¿Cómo es esa herencia?
He conocida a gente que esperaba una gran herencia de sus padres, pero entonces una casa se quemó, la bolsa de valores colapsó, las antigüedades fueron dañadas o había una pelea con sus hermanos, y no recibieron nada. No hay mucha certeza en cuanto a las herencias en este mundo, pero nuestra herencia como hijos de Dios es:
- Indestructible, incorruptible. No es de este mundo. No es material.
- Incontaminada, inmaculada. Nada ni nadie puede contaminarla. Es pura, hermosa.
- No va a cambiar con el tiempo. Es eternal.
- Reservada en el cielo. Tiene tu nombre puesto, está esperándote en el cielo.
- Garantizada: Esta herencia es tan importante que Dios la garantiza con su Espíritu: Fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Este garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios (Efesios 1:13-14).
¿Quién recibe estas bendiciones?
- Nosotros (ustedes), cada creyente. Pero no todos van a alcanzar la meta de llegar al cielo para reclamar su herencia. Hay enemigos que nos atacan para destruirnos y robarnos de ella, pero Dios tiene una provisión para esa amenaza también:
- Los que el poder de Dios protege. Sin esta protección es muy posible caer y perder todo. No hay ninguna duda que Dios tiene el poder para protegernos, pero aquí llegamos a nuestra parte, y esa parte puede ser delicada…
¿Cómo se aprovecha de esa protección?
Mediante la fe. Toda la vida cristiana es por fe. Ya hemos visto que Dios hace cosas grandes para nosotros, y vamos a ver muchas más en esta carta, pero tenemos que mantener la fe. Dudas nos asediarán y nuestra fe estará atacada por todos lados, pero tenemos que perseverar en nuestra fe en Dios y su Palabra.
¿Hasta cuándo?
Hasta que llegue la salvación. Ya somos salvos, pero no hemos experimentado la plenitud de esa salvación, la manifestación de todo lo que esa fe significa.
¿Cuándo llegará la plenitud de nuestra salvación?
Está lista para ser revelada en el día final, a fin de que todos la vean. Se ha de revelar en los últimos tiempos. Para muchos, no será hasta la muerte. Cuando Cristo viene otra vez para establecer su reino, recibiremos nuestra herencia, la redención de nuestros cuerpos, y la recompensa que Dios tiene preparada para nosotros.
¡Estas son buenas nuevas! En todas las tribulaciones de esta vida tenemos que fijar nuestras mentes en la gran obra que Dios ha hecho para nosotros, porque a veces puede parecer un sueño.