El que practica el pecado es del diablo: 1 Juan 3:4-10

Todo el que comete pecado quebranta la ley; de hecho, el pecado es transgresión de la ley. 

Pensé que ya habíamos tratado el tema del pecado en los primeros capítulos. ¿Por qué vuelve aquí a definir el pecado?

Tal como muchos pastores hoy en día, Juan está preocupado por la tendencia a restar importancia al pecado, excusarlo o malinterpretarlo. De este versículo hasta el 10, Juan profundiza en el pecado y nos presenta algunas ideas que pueden parecer radicales para los cristianos de hoy. El verso 10 sirve como un puente a otro tema importante de la carta: el amor. La naturaleza universal del pecado es enfatizada por el uso liberal de la palabra “todo.”

Entonces, ¿es necesario conocer la ley del Antiguo Testamento para ser responsable de nuestro pecado?

Juan no lo dice, pero obviamente quebrantar la ley es pecado, y aquellos que conocen la ley tienen una comprensión más clara de su pecado. Pablo elabora sobre este tema en sus cartas a los Romanos y los Gálatas. Aquellos que nunca han oído hablar de Dios o de su ley establecen su propio concepto de justicia y pecado, y siempre quiebran su propio estándar. Él también dijo que el que quebranta una sola ley es culpable de quebrantar toda la ley. No hay gradientes del pecado. Todos pecamos y somos culpables ante Dios.

Entonces, ¿hay esperanza para nosotros?

Pero ustedes saben que Jesucristo se manifestó para quitar nuestros pecados. Y él no tiene pecado. 

Aquí tenemos esa palabra tan importante en la Biblia: “pero”. Precisamente para esto Cristo vino al mundo. Él es la única persona en toda la historia que nunca pecó. Así él pudo hacer ese sacrificio perfecto, no solo para cubrir o perdonar nuestros pecados, sino para quitárnoslos.

Todo el que permanece en él no practica el pecado. Todo el que practica el pecado no lo ha visto ni lo ha conocido.

Si peco, ¿significa que he perdido mi salvación?

Esto es muy delicado. Juan ya dijo que somos engañados si decimos que no tenemos pecado. Pero ahora vuelve a usar esa palabra universal, “todo”, para describir dos clases de personas muy distintas. La traducción de la NVI nos ayuda, al usar las palabras “practica el pecado,” reflejando el tiempo del griego. Todos pecamos de vez en cuando, pero nos arrepentimos, confesamos y abandonamos el pecado. Algo pasa muy mal si alguien que se dice cristiano sigue practicando algún pecado, aunque lamentablemente es bastante común.

Literalmente, el versículo dice: Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido (RVR), pero esta traducción comunica mejor la idea: Por eso, cualquiera que sea amigo de Jesucristo, y quiera mantenerse unido a él, no puede seguir pecando. El que peca, no conoce a Jesucristo ni lo entiende. (TLA)

¿Permanecer en Cristo, como escribió Juan en su evangelio, capítulo 15, es una clave para evitar el pecado?

Por supuesto. Tener esa relación íntima con Jesús y guardar su palabra en nuestros corazones hace que sea muy difícil mantener un estilo de vida pecaminoso. Asimismo, conocer a Jesús y verlo (físicamente, como Juan, o espiritualmente) transforma la vida. Si alguien continúa practicando el pecado, tenemos que cuestionar si ha tenido un encuentro salvífico con Cristo.

Queridos hijos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha estado pecando desde el principio. El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo. 

Cuando alguien sigue pecando, demuestra que pertenece al diablo (NTV); Pero el que siempre hace lo malo es amigo del diablo, porque el diablo ha estado pecando desde el día en que Dios creó el mundo. Por esta razón vino el Hijo de Dios al mundo: para destruir todo lo que hace el diablo. (TLA)

Si lucho una y otra vez con el mismo pecado, ¿significa eso que estoy endemoniado?

Ser endemoniado es algo bastante fuerte, pero claramente el pecado no viene de Dios, sino del diablo o de nuestra naturaleza pecaminosa. Puede ser una fortaleza, una opresión de un demonio, que no te permite dejar ese pecado.

Yo conozco a muchos en mi iglesia que tienen pecado en sus vidas. ¿Están engañados?

Sí, pueden ser engañados. Por desgracia, hoy por hoy hay muchas iglesias que toman el pecado a la ligera y no quieren condenar a nadie o hacer que nadie se sienta incómodo. No está de modo hablar de pecado y santificación.

Tengo amigos que creen en Dios, pero no han nacido de nuevo. Yo sé que practican el pecado. ¿Significa eso que son del diablo?

Eso es lo que dice la Biblia. Solo hay dos opciones: O eres de Dios, o eres del diablo. La mayoría de los que practican el pecado no dirían que son del diablo, pero lo son. Sólo Cristo puede liberarlos y salvarlos.

Si Cristo vino a destruir las obras del diablo, ¿por qué tantas de sus obras son evidentes? ¿Falló Cristo en cumplir ese propósito?

El diablo miente, engaña y hace muy atractivo el pecado. Dios no obliga a convertirse a alguien que quiere servir al diablo. Pero para aquellos que quieren ser libres de su pecado, podemos reclamar esta escritura para destruir sus obras. En la guerra espiritual, por la sangre de Jesús y el poder de su nombre, podemos tomar autoridad sobre esas obras y destruirlas.

Ahora veo más claro cuán grave es el pecado y la total contradicción de que un cristiano permanezca en el pecado. Pero, ¿por qué lucho tanto contra el pecado?

La respuesta es complicada. Lamentablemente, tú te encuentras entre la mayoría de los cristianos que luchan contra el pecado. Recuerda que luchar y ser tentado no significan que estés en pecado. Lo importante es resistir la tentación y vencer al enemigo en la lucha. Hacerlo nos fortalece cada vez más. Veremos algunos remedios en este libro, y hay más en el Nuevo Testamento. Pero primero vamos a ver a Juan profundizar en la imposibilidad de que un cristiano practique el pecado.

Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios. 

Ahora Juan va un paso más allá, incluso diciendo que un creyente no solo no debe practicar el pecado, sino que no puede hacerlo. Si nacemos de nuevo, tenemos la semilla de Dios (su Espíritu, su palabra, su presencia; sperma en el griego) en nosotros, y es imposible practicar el pecado cuando estamos tan apegados al Dios del universo.

Entonces, ¿la persona que practica el pecado no es salvo? ¿No ha nacido de nuevo?

Eso es lo que la Palabra de Dios dice aquí. Siempre hay que tener mucho cuidado al cuestionar la propia salvación o la de otra persona. Pero al menos tenemos que reconocer que hay algo muy malo si la persona salva vive en pecado.

Entonces, ¿no todos son hijos de Dios? ¿Sería un hijo del diablo?

10 Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: el que no practica la justicia no es hijo de Dios; ni tampoco lo es el que no ama a su hermano.

Otra vez vemos solo dos opciones: o ser un hijo de Dios, o un hijo del diablo. El que practica el pecado, no ama a su hermano y no practica la justicia es hijo del diablo.

Aquí él incluye el amor a su hermano. ¿Es otra marca importante del verdadero cristiano?

Sí, es otro tema muy importante de esta carta. De hecho, podemos decir que la carga del corazón de este gran apóstol es la santidad, el amor y andar como Jesus en su justicia. No podemos separar nuestra relación con Dios de nuestra relación con nuestros hermanos. El cristianismo es una fe colectiva, y así como el resultado natural de conocer a Cristo es dejar el pecado, otro resultado natural es amar a nuestros hermanos. Hay algo muy malo si alguien conoce la Biblia, la predica, alaba a Dios y se cree muy espiritual, pero no ama a su hermano.