Problemas con sus paisanos: Jueces 8:1-21

El éxito de Gedeón en la batalla fue completamente guiado por Dios. El ángel le dijo qué hacer y Gedeón le obedeció. Pero si tú has trabajado en la iglesia o con cualquier grupo de personas, ya sabes lo fácil que es ofender a alguien. En la presión de escuchar al Señor, obedecerle y salvar tu vida, te olvidas de llamar a esa persona que se cree ser tan importante. Lamentablemente, la política existe también en la obra del Señor, incluso con personas santificadas y de corazón sincero. Este es un nuevo desafío para Gedeón; algo nuevo que tiene que aprender. Él había enviado mensajeros a cuatro tribus (Jueces 6:35), incluida su tribu de Manasés. Los otros tres (Aser, Neftalí y Zabulán) eran las tribus vecinas al norte de su territorio. Madián estaba al sur de Israel, lo que hace que parezca un poco extraño que no haya llamado a las tribus del sur. Efraín estaba al sur de Manasés. De esas cuatro tribus, Gedeón consiguió 32,000 hombres, y se quedó con sólo 300. Obviamente tenía más que suficientes hombres. Pero la lógica no importa cuando alguien se siente menospreciado.

Gedeón responde a las críticas

1Los de la tribu de Efraín le dijeron a Gedeón: —¿Por qué nos has tratado así? ¿Por qué no nos llamaste cuando fuiste a luchar contra los madianitas?

Y se lo reprocharon severamente.

Sucede una y otra vez en la iglesia. Hay un ministerio, algún rol de liderazgo, una misión, y no todos pueden participar. Hay una selección, pero alguien que quiere ministrar no está incluido y empieza a quejarse.

Lo extraño aquí es que Gedeón sí llamó a Efraín (7:24-25), pero solo cuando ya estaban en medio de la batalla. Eran aquellos que tenían el privilegio de traer las cabezas de los jefes a Gedeón.

¿Te has sentido como Efraín? ¿No te llamaron para participar en algún evento?

 

¿O has hecho lo que hizo Gedeón, en la ignorancia, dejando fuera a alguien que más tarde te causó problemas?

 

¿Cómo responderías tú a esta situación?

 

 

—¿Qué hice yo, comparado con lo que hicieron ustedes? —replicó él—. ¿No valen más los rebuscos de las uvas de Efraín que toda la vendimia de Abiezer? Dios entregó en manos de ustedes a Oreb y a Zeb, los jefes madianitas. Comparado con lo que hicieron ustedes, ¡lo que yo hice no fue nada!

Gedeón les responde humildemente. No se defiende ni los reprende. Primero, compara la importancia de Efraín con la de su propio clan. Y en lugar de reclamar la gloria por la victoria sobre Madián, felicita a los efraimitas por hacer lo más importante de la batalla. ¡Y lo atribuye a Dios! ¡Este joven ya es bastante sabio! Y tenía el efecto deseado:

Al oír la respuesta de Gedeón, se calmó el resentimiento de ellos contra él.

Venganza para rehusar pan

Gedeón y sus trescientos hombres, agotados pero persistiendo en la persecución, llegaron al Jordán y lo cruzaron. 

Puede parecer que la batalla ya se acabó cuando Gedeón recibió esas dos cabezas. Algunos pensarían que basta ya, y volverían a sus familias. Pero Gedeón y sus 300 hombres ya son un grupo muy unido, y están motivados para seguir persiguiendo al enemigo, aun cuando están agotados.

Allí Gedeón dijo a la gente de Sucot: —Denles pan a mis soldados; están agotados y todavía estoy persiguiendo a Zeba y a Zalmuna, los reyes de Madián.

A esta gente sólo le pide pan. Gedeón ya se está ocupando de sus hombres. Sucot es parte del mismo territorio de Manasés. Se espera que con gusto les den el pan. Puede que no les impresionen este joven y su pequeña banda de soldados.

Pero los jefes de Sucot le respondieron: —¿Acaso tienes ya en tu poder las manos de Zeba y Zalmuna? ¿Por qué tendríamos que darle pan a tu ejército?

No hay lógica en su respuesta. Pueden ver a los hombres agotados, pero con mucho ánimo para perseguir a estos reyes. Ese es el momento de ayudarlos, no solo cuando regresen victoriosos.

¿De qué manera caemos nosotros en esta misma actitud, de no apoyar una obra del Señor hasta que veamos frutos impresionantes? ¿Qué harías tú?

 

 

Gedeón contestó: —¡Está bien! Cuando el Señor haya entregado en mis manos a Zeba y a Zalmuna, les desgarraré a ustedes la carne con espinas y zarzas del desierto.

Gedeón no es tan amable con ellos. Confía plenamente en que Dios entregará a estos reyes en sus manos. Otra vez se nota que su fe está en Dios, no en su fuerza ni en la de sus 300 hombres. Al contrario de algunos en la Biblia, él no los mata.

Desde allí subió a Peniel y les pidió lo mismo. Pero los de Peniel le dieron la misma respuesta que los hombres de Sucot. Por eso les advirtió a los hombres de Peniel: «Cuando yo vuelva victorioso, derribaré esta torre».

Ahora responde más fuerte. Duele no recibir el apoyo de los mismos hermanos en la fe, de la misma tribu, de la misma iglesia. Gedeón ya está harto de sus paisanos.

¿Sabes cómo se siente Gedeón? ¿Ha habido momentos en los que de alguna manera te gustaría maldecir a otros cristianos por su falta de apoyo?

 

¿Cuáles oportunidades tienes para ofrecer pan a alguien que quiere hacer la obra del Señor?

10 Zeba y Zalmuna estaban en Carcor con una fuerza de quince mil guerreros, que era todo lo que quedaba de los ejércitos del oriente, pues habían caído en batalla ciento veinte mil soldados. 11 Gedeón subió por la ruta de los nómadas, al este de Noba y Yogbea, y atacó al ejército cuando este se creía seguro. 12 Huyeron Zeba y Zalmuna, los dos reyes de Madián, pero él los persiguió y los capturó, aterrorizando a todo el ejército.

Ahora nos enteramos de que una multitud constituía el ejército de los madianitas: 135,000. ¡Contra los 300 de Gedeón! Es casi seguro que todo este es un territorio nuevo para Gedeón, pero posiblemente guiado por el Señor, Gedeón sigue una buena estrategia y sorprende a los 15,000 restantes. Ya estaban desalentados por la derrota a las manos de Israel, pero en ese momento creyeron que estaban a salvo. Cuando los dos reyes fueron capturados, todo el ejército estaba aterrorizado.

13 Cuando Gedeón hijo de Joás volvió de la batalla por el paso de Jeres, 14 capturó a un joven de Sucot y lo interrogó. Entonces el joven le anotó los nombres de los setenta y siete jefes y ancianos de Sucot. 15 Luego Gedeón fue y les dijo a los hombres de Sucot: «Aquí están Zeba y Zalmuna, por causa de quienes se burlaron de mí al decir: “¿Acaso tienes ya en tu poder las manos de Zeba y Zalmuna? ¿Por qué tendríamos que darles pan a tus hombres que están agotados?”» 16 Se apoderó de los ancianos de la ciudad, tomó espinos y zarzas del desierto, y castigando con ellos a los hombres de Sucot les enseñó quién era él. 17 También derribó la torre de Peniel y mató a los hombres de la ciudad.

Basta de gracia. Dios dice que la venganza es mía, pero Gedeón les enseñó “quien era él,” y humillaron a los hombres des Sucot. Y no sólo derribó la torre de Peniel, sino que también mató a los hombres de la ciudad. Hay una fuerte tendencia al éxito de enorgullecer a alguien y querer eliminar a sus enemigos y a todos que te menospreciaron.

¿Has querido enseñar a otros “quien eres tú”? ¿Qué ha sido el resultado?

 

¿Puedes confiar en que Dios se vengará de aquellos que te desprecian? ¿O te olvidas de Dios en ese momento para lastimarlos en tu propia fuerza?

 

 

La muerte de los jefes enemigos

18 Entonces les preguntó a Zeba y a Zalmuna: —¿Cómo eran los hombres que ustedes mataron en Tabor?

—Parecidos a ti —respondieron ellos—; cada uno de ellos tenía el aspecto de un príncipe.

Aprendemos algo más sobre Gedeón: aparentemente era bien parecido, con el aspecto de un príncipe.

19 —¡Eran mis hermanos —replicó Gedeón—, los hijos de mi propia madre! Tan cierto como que vive el Señor, si les hubieran perdonado la vida, yo no los mataría a ustedes.

Eso es demasiado para Gedeón; ellos pagarán con su vida por matar a sus hermanos.

20 Volviéndose a Jéter, su hijo mayor, le dijo: —¡Vamos, mátalos!

Pero Jéter no sacó su espada, porque era apenas un muchacho y tenía miedo. 

Ahora también descubrimos que Gedeón no es tan joven. Ya tiene a su hijo consigo, pero es un muchacho y no puede matarlos. No sabemos por qué Gedeón no los mató, y llamó a su hijo para que lo hiciera, pero las palabras de los reyes podrían darnos una pista:

21 Zeba y Zalmuna dijeron: —Vamos, mátanos tú mismo. “¡Al hombre se le conoce por su valentía!”

Gedeón se levantó y mató a Zeba y Zalmuna, y les quitó a sus camellos los adornos que llevaban en el cuello.

La historia de esta batalla termina con una nota triste, en comparación con la presencia del ángel y la evidente mano de Dios al principio. Sí, venció al enemigo. Tuvo éxito. Pero revela su falta de valentía al terminar la batalla, y su egoísmo al matar a sus paisanos.

¿Alguna vez has conocido a alguien que empezó bien, como Gedeón, pero al final parece que actuó en la carne? ¿O podrías ser tú?