Extrema angustia: Jueces 10-12

Así terminó la familia de Gedeón. ¿Quién gobernará este país? Hay una gran necesidad de hombres ungidos por el Espíritu Santo, hombres como Moisés y Josué. Pero no hay. Dios tocó a Gedeón, pero incluso él terminó mal. No es un testimonio muy atractivo a las naciones acerca de nuestro Dios, y no parece muy alentador para el futuro del país. Varios hombres básicamente desconocidos se levantaron para “salvar a Israel,” empezando con Tola (versículos 1 y 2; gobernó 23 años) y Yair (versículos 3-5; gobernó 22 años y tuvo treinta hijos). ¿Dónde están los sacerdotes o profetas? La vida espiritual estaba en declive, e Israel no caminaba en obediencia a Dios, lo que lleva a:

Una historia ya demasiada conocida

Una vez más los israelitas hicieron lo que ofende al Señor. Adoraron a los ídolos de Baal y a las imágenes de Astarté; a los dioses de Aram, Sidón y Moab, y a los de los amonitas y los filisteos. Y, como los israelitas abandonaron al Señor y no le sirvieron más, él se enfureció contra ellos. Los vendió a los filisteos y a los amonitas, los cuales desde entonces y durante dieciocho años destrozaron y agobiaron a todos los israelitas que vivían en Galaad, un territorio amorreo, al otro lado del Jordán. También los amonitas cruzaron el Jordán para luchar contra las tribus de Judá, Benjamín y Efraín, por lo que Israel se encontró en una situación de extrema angustia. 

Dios estaba harto de la idolatría y el pecado de su pueblo. A pesar de todos sus milagros a su favor en el pasado, persisten en su pecado (en este caso por 18 años). Lo mismo para nosotros: puede llegar un momento en que Dios nos permita seguir el mal camino que hemos elegido para experimentar las consecuencias de nuestro pecado.

Hay aquí tres palabras que describen la miseria del pueblo: destrozado, agobiado y extrema angustia. ¿Conoces personas que experimenten una o más de esas miserias?

 

¿Qué puedes hacer para ayudarlos?

 

Puede que tú mismo te encuentres en una situación de extrema angustia. ¿Sabes cómo llegaste a ese punto? ¿Es posible que hayas abandonado al Señor y ya no le sirvas?

 

¿Qué crees que tienes que hacer?

 

 

10 Entonces los israelitas clamaron al Señor: —¡Hemos pecado contra ti, al abandonar a nuestro Dios y adorar a los ídolos de Baal!

Siempre es bueno clamar al Señor y confesar el pecado, pero a menudo no hay un arrepentimiento genuino. Clamamos a Dios por alivio y ayuda, pero una vez que lo recibimos, volvemos al pecado.

¡Que otros dioses los libren de angustia!

11 El Señor respondió: —Cuando los egipcios, los amorreos, los amonitas, los filisteos, 12 los sidonios, los amalecitas y los madianitas los oprimían y ustedes clamaron a mí para que los ayudara, ¿acaso no los libré de su dominio? 13 Pero ustedes me han abandonado y han servido a otros dioses; por lo tanto, no los volveré a salvar. 14 Vayan y clamen a los dioses que han escogido. ¡Que ellos los libren en tiempo de angustia!

Él los libertó y los ayudó, pero se apresuraron a abandonarlo. Ahora Dios les da la oportunidad de buscar otros dioses, ya que ellos parecen pensar que son mejores.

¿Qué ha hecho Dios por ti en el pasado? ¿Cuál ha sido tu respuesta?

 

Pocos cristianos dirían que han abandonado a Dios en favor de otros dioses, pero sus acciones los traicionan. ¿Conoces a alguien que lo haya hecho? ¿Cuál fue el resultado?

 

Si Dios te diera la libertad de elegir a otro dios, ¿quién sería para ti?

 

15 Pero los israelitas le contestaron al Señor: —Hemos pecado. Haz con nosotros lo que mejor te parezca, pero te rogamos que nos salves en este día.

16 Entonces se deshicieron de los dioses extranjeros que había entre ellos y sirvieron al Señor. Y el Señor no pudo soportar más el sufrimiento de Israel.

Ante la posibilidad de un divorcio o una sentencia carcelaria, muchos hombres recurren rápidamente a rogar al Señor, y nuestro Dios es tan compasivo que no puede soportar vernos sufrir. Cuando nos arrepentimos, Él vuelve a mostrarnos misericordia y nos libera de la opresión del enemigo. Pero Él puede usar a alguien inesperado. El siguiente juez (empezando el capítulo 11 de Jueces) nos revela algo del desorden que existía en Israel en ese momento:

Hombres sin escrúpulos, que salían con el juez a cometer fechorías

1Jefté el galaadita era un guerrero valiente, hijo de Galaad y de una prostituta. Galaad también tuvo hijos con su esposa, quienes cuando crecieron echaron a Jefté. «No tendrás parte en la herencia de nuestra familia —le dijeron—, porque eres hijo de otra mujer». Entonces Jefté huyó de sus hermanos y se fue a vivir en la región de Tob, donde se le juntaron unos hombres sin escrúpulos, que salían con él a cometer fechorías.

Después de algún tiempo, cuando los amonitas hicieron la guerra contra Israel, los ancianos de Galaad fueron a traer a Jefté de la tierra de Tob.

No menciona absolutamente nada acerca de la presencia u obra de Dios en la vida de este hombre. La verdad es que Dios no tuvo parte ni suerte en la experiencia de Israel. Lo importante para ellos es que Jefté era un guerrero valiente. Estos detalles no les importan:

*Era hijo de una prostituta.

*Sus hermanastros echaron a Jefté de la casa y le negaron una parte de la herencia familiar.

*Huyó de sus hermanos a otra región.

*Se le juntaron unos hombres sin escrúpulos.

*Ellos salieron con Jefté a cometer fechorías.

No era conocido por su relación con Dios, pero lo llaman para que sea su jefe, para que los ayude a combatir al enemigo. Un hombre con esa experiencia podría ser ideal para guiar al país en el caos en el que se encuentra. Cuando los amonitas vinieron a pelear contra Israel, Jefté compuso una larga carta (versículos 15 – 27) refutando la versión de la historia de Israel que ellos presentaron. Termina con estas palabras:

“Que el Señor, el gran Juez, dicte hoy su sentencia en esta contienda entre israelitas y amonitas.”

Es la primera evidencia de que Jefté conocía a Dios, pero hay muchos que mencionan a Dios cuando les conviene.

28 Sin embargo, el rey de los amonitas no prestó atención al mensaje que le envió Jefté.

A pesar de la evidencia de lo contrario, Dios usa a este hombre. Como Gedeón, estaba poseído por el Espíritu de Dios:

La unción y el juramento de Jefté

29 Entonces Jefté, poseído por el Espíritu del Señor, recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mizpa de Galaad, y desde allí avanzó contra los amonitas. 

¿Has visto a Dios usar a hombres impíos para lograr sus propósitos? ¿O poseer con su Espíritu a alguien que no parece muy espiritual?

 

 

30 Y Jefté le hizo un juramento solemne al Señor: «Si verdaderamente entregas a los amonitas en mis manos, 31 quien salga primero de la puerta de mi casa a recibirme, cuando yo vuelva de haber vencido a los amonitas, será del Señor y lo ofreceré en holocausto».

Este juramento revela una inmadurez en su relación con Dios. La Biblia presenta estos juramentos como insensatos.

¿Has hecho algún juramento o voto? ¿Por qué creíste que era necesario? ¿Cuál fue su resultado?

 

 

32 Jefté cruzó el río para luchar contra los amonitas, y el Señor los entregó en sus manos. 33 Derrotó veinte ciudades, desde Aroer hasta las inmediaciones de Minit, y hasta Abel Queramín. La derrota fue muy grande; así los amonitas quedaron sometidos a los israelitas.

Aunque no hay mucha evidencia de una relación viva con Dios, el Señor lo usa, y entrega al enemigo en sus manos. Y no fue solo una pequeña batalla, sino una gran derrota.

34 Cuando Jefté volvió a su hogar en Mizpa, salió a recibirlo su hija, bailando al son de las panderetas. Ella era hija única, pues Jefté no tenía otros hijos. 35 Cuando Jefté la vio, se rasgó las vestiduras y exclamó:

—¡Ay, hija mía, me has destrozado por completo! ¡Eres la causa de mi desgracia! Le juré algo al Señor, y no puedo retractarme.

Se siente obligado a honrar su juramento. El rey Saúl también hizo un juramento que podría haber resultado en la muerte de su hijo (1 Samuel 14:24-46). Sólo la intercesión de los demás soldados lo salvó. Jesús habló claramente acerca de ellos. Como vemos con Jefté, es mucho mejor evitar jurar y obedecer lo que dijo Jesús en Mateo, el capítulo 5:

33 »También han oído que se dijo a sus antepasados: “No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor”. 34 Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. 37 Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y, cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno.

Es uno de las ocurrencias más extrañas en un libro lleno de cosas que no agradan a Dios:

36 —Padre mío —replicó ella—, le has dado tu palabra al Señor. Haz conmigo conforme a tu juramento, ya que el Señor te ha vengado de tus enemigos, los amonitas. 37 Pero concédeme esta sola petición —añadió—. Ya que nunca me casaré, dame un plazo de dos meses para retirarme a las montañas y llorar allí con mis amigas.

38 —Está bien, puedes ir —le respondió él.

Y le permitió irse por dos meses. Ella y sus amigas se fueron a las montañas, y lloró porque nunca se casaría. 39 Cumplidos los dos meses volvió a su padre, y él hizo con ella conforme a su juramento. Ella era virgen.

De allí se originó la costumbre israelita 40 de que todos los años, durante cuatro días, las muchachas de Israel fueran a conmemorar la muerte de la hija de Jefté de Galaad.

Jueces 12

1Los hombres de Efraín se alistaron, y cruzaron el río hacia Zafón y le dijeron a Jefté: —¿Por qué fuiste a luchar contra los amonitas sin llamarnos para ir contigo? ¡Ahora prenderemos fuego a tu casa, contigo adentro!

Es una respuesta similar a la de Efraín después de la victoria de Gedeón. Se ofendieron que no fueron invitados a ayudar en la batalla, incluso amenazaron con quemar su casa y al mismo Jefté.

Jefté respondió: —Mi pueblo y yo estábamos librando una gran contienda con los amonitas y, aunque yo los llamé, ustedes no me libraron de su poder. Cuando vi que ustedes no me ayudarían, arriesgué mi vida, marché contra los amonitas, y el Señor los entregó en mis manos. ¿Por qué, pues, han subido hoy a luchar contra mí?

Parece que no solo es una ofensa, sino que buscan un pretexto para pelear con Jefté. Él también está resentido porque, según él, buscó la ayuda de Efraín y no lo ayudaron. Estas ofensas conducen fácilmente a la guerra.

¿Te ha decepcionado alguien que no te ayudó en un momento de necesidad? ¿O hay alguien que se molestó contigo porque no lo incluiste en una campaña o programa?

 

¿Cómo podemos resolver estos problemas sin una guerra?

El peligro de no pronunciar correctamente una palabra

Entonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y lucharon contra los de la tribu de Efraín. Los de Galaad derrotaron a los de Efraín porque estos les habían dicho: «Ustedes los galaaditas son renegados de Efraín y Manasés». Los galaaditas ocuparon los vados del Jordán que conducen a Efraín, y cada vez que algún sobreviviente de Efraín decía: «Déjenme cruzar», los hombres de Galaad le preguntaban: «¿Eres de la tribu de Efraín?» Si él contestaba: «No», ellos decían: «Muy bien, di “Shibolet”». Si decía: «Sibolet», porque no podía pronunciar la palabra correctamente, lo agarraban y allí mismo, en los vados del Jordán, lo degollaban. En aquella ocasión murieron cuarenta y dos mil hombres de la tribu de Efraín.

Efraín también despreciaba a Galaad, pero su falta de pronunciación correcta de una palabra resultó en la muerte de 42,000 hombres. ¡Esta gente en Jueces no tiene piedad y no juegan!

Jefté gobernó a Israel durante seis años. Cuando murió Jefté el galaadita, fue sepultado en su pueblo de Galaad.

No dice cómo murió, y su mandato fue bastante breve, pero su estilo de vida no era propicio para una vida larga.

Este breve capítulo termina con tres jueces más (versículos 8 – 15). Parece que estos jueces (y tal vez los hombres en general en Israel en ese momento) estaban muy ocupados engendrando hijos: Ibsán tuvo 60 hijos y gobernó Belén durante 7 años. Elón, de la tribu de Zabulón, gobernó 10 años. Abdón, de Piratón, tuvo 40 hijos y gobernó durante 8 años.