El buen pastor: Salmo 23

¿Cuándo conoció David al Gran Pastor de Israel? La Biblia no dice nada sobre su niñez. El joven aparece por primera vez en el capítulo 16 de 1 Samuel, donde ya es ungido como el futuro rey de Israel. Gracias a Dios, tenemos un gran tesoro de unos 75 Salmos escritos por David. Muchos probablemente fueron escritos en las horas que David pasó con su rebaño en los campos alrededor de Belén. Los mismos campos donde siglos después unos pastores vieron al coro angelical y recibieron la noticia del nacimiento del Mesías. Desde esas humildes raíces David desarrolló una relación con su Dios. No hay evidencia de que pasara mucho tiempo en la sinagoga o a los pies de un rabino. Aún no había templo en Jerusalén. El líder de la vida espiritual del país, el profeta Samuel, ni siquiera sabía que David existía.

Las oraciones de un hombre revelan mucho sobre su corazón. La ocasión de su composición se destaca para algunos Salmos. Más tarde, David probablemente escribió algunos Salmos sabiendo que serían usados en el culto del templo. Este Salmo es tal vez su más conocido y más amado. No sabemos cuándo lo compuso, pero nos deja entrever su corazón, y tal vez un anticipo de lo que sucedería en su vida.

1 El Señor es mi pastor, nada me falta;
    en verdes pastos me hace descansar.

El día de reposo. Tan importante que guardarlo es uno de los Diez Mandamientos. Puede ser difícil guardar ese día cuando David estaba en los pastos con su rebano. Pero en esos días pasados en la hermosa naturaleza, empezó a cantar al Creador. Siempre tenía su arpa consigo. Veía la mano de su Dios en los animales, las flores y las estrellas. Vio la provisión de ricos pastos para alimentar sus ovejas, y la fiel provisión de Dios para sus necesidades allí en el campo. Aprendió a descansar, sabiendo que tenía un Pastor bueno y soberano que cuida de su rebaño tal como David cuidaba del suyo. Ese Pastor empezó a formar un corazón conforme al suyo en el joven David, hasta que pudo declarar: El Señor es mi pastor, mi rey y mi único Dios.

Junto a tranquilas aguas me conduce;
    me infunde nuevas fuerzas.

David había visto el torrente de un rio después de una tormenta, pero aprendió que si seguía a su Pastor, él lo conduciría junto a aguas de reposo. Era el agua que sus ovejas necesitaban, y David encontró en esas aguas no sólo vida para su cuerpo, sino también para su espíritu. Agua viva, de una fuente inagotable brotando de lo más profundo de su ser. En esos delicados pastos y agua viva David encontró la fuerza de la que tantas veces echaría mano en las batallas de su vida. Al declarar que necesita nuevas fuerzas, David reconoce que hay cosas en la vida que las sacan. Solo Dios puede verdaderamente infundir las nuevas fuerzas que necesitamos.

Me guía por sendas de justicia
haciendo honor a su nombre.

Allí en la soledad de esos pastos, David no fue tentado con la multitud de tentaciones que hoy enfrentamos, pero aun así tuvo que tomar decisiones para seguir el camino angosto y rechazar el pecado que traería deshonra al nombre de su Pastor. Más tarde caería en algunas tentaciones que trajeron deshonra al Señor y mucho dolor a su vida. Pero incluso allá vemos ese gran corazón que se arrepentiría y se humillaría delante de su Dios.

Aun si voy
por valles tenebrosos,
no temeré ningún mal
porque tú estás a mi lado;
tu vara y tu bastón me reconfortan.

Con su rebaño, había caminado por valles de sombra de muerte. Vio morir a un cordero en las garras de un león. En esos momentos aprendió a clamar a Dios, y vio la mano del Señor rescatarlo. Descubrió que la vida puede incluir un ritmo de hermosas horas junto a aguas de reposo, y luego un tiempo en ese valle tenebroso. El Señor le instruyó en ese valle cómo matar al león y cómo cuidar de su rebaño. Pero más importante aún, cómo caminar en comunión con su Dios. Recibió corrección de la vara del Señor, y aprendió a usarla con sus ovejas, pero también sintió el cayado de Dios, reconfortándolo y alentándolo. Vio la necesidad de ese consuelo y aliento para sus ovejas, y también la necesidad de la vara y el cayado en su propia vida.

Dispones ante mí un banquete
en presencia de mis enemigos.

Un niño inocente puede creer que todos son amables. Él experimenta el gran amor de sus padres y su familia. Lamentablemente, el mundo puede ser muy cruel. David se encontraría con muchos enemigos durante su vida. Para un hombre tan cercano a Dios, puede resultar sorprendente ver en sus Salmos y en su historia de vida tantos angustiadores. Pero incluso en presencia de ellos, David aprendió a alimentarse y llenarse de un rico banquete de la Palabra de Dios y de un tiempo íntimo con su Señor.

Has ungido con aceite mi cabeza;
has llenado mi copa a rebosar.

En en 1 Samuel 16  vamos a ver su unción para ser rey. La parte más importante de esa unción fue la unción del Espíritu Santo con todo su poder sobrenatural. De ese Espíritu y ese banquete espiritual, David aprendió algo muy importante: no permitir que su copa estuviera vacía. Con todas las batallas y los retos de su vida, él siempre tuvo que mantener esa copa llena. Es una lección muy importante para ti, mi amigo: Ministrar y operar siempre con la copa llena de la presencia de Dios para que rebose para bendición de otros, siempre y cuando tú permanezcas lleno.

Seguro estoy de que la bondad y el amor
me seguirán todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor
habitaré para siempre.

¿Tienes esa certeza y fe en tu vida? David no dice que él perseguiría la bondad y el amor, sino que ellos lo seguirían cada día de su vida. Vamos a ver muchas ocasiones de cuestionar eso para David, como lo es en tu vida. Pero esa fe en la bondad y el amor de tu gran Pastor te dará paz en medio de la tormenta.

¿Cuál era el anhelo de su corazón? ¿El poder? ¿Un palacio? ¿Riquezas? No, él dice que su anhelo es estar siempre en la presencia de su Dios. Habitar siempre en su casa. ¿Te deleitas en estar en la casa del Señor? ¿Tienes una fe firme de que habitarás para siempre en su casa? Estudiando la vida de este gran varón de Dios yo creo que el Señor formará en ti un corazón conforme al suyo.