Salmo 13

Sería algo nuevo para David: Enfrentarse no sólo a espíritus inmundos, sino también a un hombre (¡el rey!) que le teme y quiere eliminarlo. Apenas está empezando años de ser perseguido por Saúl. En esos momentos, puede sentirse abandonado por el Señor. Confundido. No fue su culpa. Puede que se haya preguntado ¿por qué? ¿Cuánto más podré soportar? ¿Hasta cuándo tengo que vivir en el palacio de este hombre medio loco? Cada vez David buscó al Señor. Este puede ser uno de los muchos Salmos que expresaban su lucha.

¿Hasta cuándo, Señor, me tendrás en el olvido?
¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?

Durante años David había cultivado la intimidad con su Dios. Como todo niño, había luchado con sus hermanos y con animales silvestres, pero siempre sintió la presencia de Dios y su ayuda en cómo responder al enemigo. Ahora se enfrenta a espíritus inmundos, y a un rey que podía ser bipolar. Un momento era todo cariño y al siguiente quería matarlo. Y a David le fue difícil encontrar esa intimidad que había disfrutado en el campo, a solas con su Dios.

¿Hasta cuándo he de atormentar mi mente con preocupaciones
y he de sufrir cada día en mi corazón?
¿Hasta cuándo mi enemigo triunfará sobre mí?

Hablando de su rebano, ¿cómo estaban sus preciosas ovejas? ¿Especialmente la pequeña que había rescatado del foso del león? Y aunque pudieran ser muy irritantes, ¿qué pasa con sus hermanos? Era la primera vez que estaba lejos de casa, y extrañaba mucho a su papá. David sabe que debe confiarle a Dios todos estos asuntos, pero la verdad es que estaba preocupado por su futuro y su deseo de ser fiel a Dios. Le preocupaba que el diablo triunfara sobre él.

Señor y Dios mío,
mírame y respóndeme; ilumina mis ojos.
Así no caeré en el sueño de la muerte;
así no dirá mi enemigo: «Lo he vencido»;
así mi adversario no se alegrará de mi caída.

David siempre le abrió su corazón con Dios en sus salmos, confesando honestamente sus temores, sus pecados y sus necesidades. Eso le dio la confianza para pedir ayuda. Lo confiesa como su Señor y Dios, el que está a cargo de toda su vida. Y por eso espera la respuesta de Dios. Quiere saber cómo manejar estas nuevas situaciones. No quiere avergonzarse, decepcionar a Dios ni darle la ventaja al enemigo.

Pero yo confío en tu gran amor;
mi corazón se alegra en tu salvación.
Cantaré salmos al Señor,
porque ha sido bueno conmigo.

Como sucede muchas veces cuando nos acercamos a Dios, al principio David se siente abandonado y solo quiere escapar de la batalla y terminar esta prueba. Pero una vez más encuentra gozo en la presencia de su Señor. Recuerda todo lo que Dios ha hecho por él. Siente su amor. Y tiene fe y confianza en que Dios cuidará de él. Puede dejar todo en manos del Señor y alabarlo.