Salmo 16

¡Qué rápido pasa el tiempo! Parece que fue hace muy poco tiempo cuando David era un muchacho que cantaba salmos a su Señor con su lira en el campo con sus ovejas. El enemigo más feroz era un león. No sabemos cuánto tiempo ha pasado, pero su vida ha cambiado radicalmente. Todo empezó con la unción del aceite y la llenura del Espíritu Santo. Luego se convirtió en un héroe nacional al matar a Goliat. Vivió en el palacio del rey y aprendió a manejar la inestabilidad de Saúl. Con buena gana mató a dos cientos filisteos y presentó sus prepucios al rey. ¡Y ya tiene una esposa! Qué pena que no haya podido disfrutar su luna de miel. Hubo una campaña tras otra. Pasaba más tiempo en su tienda con los soldados que en la cama con su esposa. En medio de todo, siempre buscaba a Dios. Estaba muy consciente de cómo Dios milagrosamente lo protegía. Está muy agradecido con Dios, y nunca quiere perder esa intimidad con su Creador.

1 Protégeme, oh Dios,
porque en ti busco refugio.

En el campo de batalla o en el palacio, David no confiaba en sus armas, en su fuerza ni en los demás soldados. Cuando estaba cansado o desanimado, siempre buscaba refugio en Dios.

Yo le he dicho al Señor: «Mi Señor eres tú.
Fuera de ti, no poseo bien alguno».

David vio las riquezas del palacio y cómo corrompían a Saúl. Está agradecido por las alabanzas del pueblo y por su mujer. Pero en medio de estas tentaciones y bendiciones, Dios siempre está en primer lugar. Él sabe que Dios es la fuente de estas bendiciones. Sin él, David no sería nadie.

En cuanto a los santos que están en la tierra,
son los nobles en quienes está toda mi delicia.

Ha aprendido algo que sería muy importante en su reino: la importancia de la congregación de los santos y de los otros líderes del país. David mantuvo un equilibrio entre su éxito y la humildad. La gente vio su autenticidad, y para David fue toda su complacencia. Había algo en David que los atraía hacia este joven, y David mantuvo una buena relación con ellos.

Aumentarán los dolores
de los que corren tras otros dioses.
¡Jamás derramaré sus ofrendas de sangre
ni con mis labios pronunciaré sus nombres!

David había escuchado suficiente de la historia de Israel para saber que otros dioses e ídolos habían servido como piedras de tropiezo para su país. Entre sus propios soldados había visto a algunos ofrecer sacrificios a otros dioses, y vio la destrucción que esto trae a ellos y a sus familias. Ahora, con una esposa y más responsabilidad, David dice “jamás”. Hará todo lo posible en su hogar y reino para mantener la pureza del culto a Yahvé.

Tú, Señor, eres mi herencia y mi copa;
eres tú quien ha afirmado mi porción.
Bellos lugares me han tocado;
¡preciosa herencia me ha correspondido!

Vivir en el palacio y pelear con lo mejor de Israel. Ser el yerno del rey. David se siente un hombre muy bendecido, y le da toda la gloria al Señor. Aunque es joven, ya piensa en su herencia. Solo quiere a Dios como herencia. Es Dios quien lo sostiene.

Bendeciré al Señor, quien me aconseja;
aun de noche mi corazón se instruye.
Siempre tengo presente al Señor;
con él a mi derecha, nada me hará caer.

David se encuentra en situaciones complicadas. Con Saúl. Con una nueva esposa. Responsabilidades con el ejército. Muchos peligros en el campo de batalla. ¿Cómo navega por todo esto? Espera y escucha la voz del Señor. Incluso en sueños. Él tiene el mejor consejero. Tiene plena confianza en que Dios está a su diestra, y por lo que no será conmovido, sino que siempre permanecerá firme.

Por eso mi corazón se alegra
y se regocijan mis entrañas;
mi cuerpo también vivirá confiado.

¡Su corazón, sus entrañas y su cuerpo! Toda su vida está impactada por esta presencia de Dios. El gozo del Señor su fortaleza es. No solo su espíritu, sino también su cuerpo reposará confiadamente.

10 No me abandonarás en los dominios de la muerte;
no permitirás que sufra corrupción tu siervo fiel.
11 Me has dado a conocer el camino de la vida;
me llenarás de alegría en tu presencia
y de dicha eterna a tu derecha.

David termina el salmo con varias declaraciones de fe. ¿Puedes decir lo mismo en tu vida?

  • Dios nunca le abandonará. Dios te ha prometido que nunca te desamparará.
  • Dios no permitirá que sufra corrupción, al menos mientras siga siendo su siervo fiel.
  • Dios le ha revelado el camino de la vida, el camino angosto. ¿Por qué buscar otro camino? Él confía en que Dios siempre lo guiará. ¿Estás caminando por el camino de la vida?
  • Dios le llenará de alegría en su presencia. En medio de su vida tan plena ahora, nunca puede descuidar ese tiempo íntimo en la presencia de Dios. Su alma busca esa presencia. En la tribulación, es allí que Dios le llena de gozo. ¿Cuánto tiempo pasas en la presencia de Dios? ¿Sabes lo que es estar lleno de alegría en su presencia?
  • Quiere estar cerca de Dios eternamente. Sabe que solo allí encuentra bendición, delicias y deleites. ¿Qué tan cerca dirías que estás de Dios?