David el Mentiroso, el Loco y el Fugitivo: 1 Samuel 21:1-22:5

Cuando David dejó a su amigo, ya sabía que no podía regresar al palacio. Incluso la casa de su padre en Belén seria peligrosa. No se menciona a Mical ni cómo se sentía al dejar a su esposa. No parece muy angustiado por ella. Él fue directo a Nob, un pueblo al noreste de Jerusalén y al sur de Guibeá. Después de la destrucción de Silo, el tabernáculo que Moisés construyó en el desierto se encontraba allí.

¿Por qué Nob? El versículo siete dice que era un santuario, un centro del culto, con un sacerdote que ya conocía a David. Esta es la primera vez que aparece este Ajimélec en la Biblia. Era descendiente del sacerdote Elí. Como Nairot de Ramá, Nob era un centro de la vida espiritual del país. Allí vivían unos 85 sacerdotes (1 Samuel 22:17-18), y allí estaban el efod y la mesa de los panes consagrados.

1 Cuando David llegó a Nob, fue a ver al sacerdote Ajimélec, quien al encontrarse con David se puso nervioso.  —¿Por qué vienes solo? —le preguntó—. ¿Cómo es que nadie te acompaña?

No era común viajar solo en aquellos días, y el sacerdote sospechó que algo andaba mal. No solo se puso nervioso, Ahimelec vino tembloroso al encuentro de David (LBLA).

David le respondió: —Vengo por orden del rey, pero nadie debe saber a qué me ha enviado ni cuál es esa orden. En cuanto a mis hombres, ya les he indicado dónde encontrarnos. ¿Qué provisiones tienes a mano? Dame unos cinco panes, o algo más que tengas.

¡Otra mentira! ¡De David! Dice que hay una orden, pero no puede divulgarla. Tampoco puede decir nada sobre esta visita. Es obvio que solo viene en busca de pan. Lástima que no pida oración ni consejo al sacerdote. Posiblemente miente para proteger al sacerdote, quien puede decir honestamente que no sabía nada sobre la situación de David.

—No tengo a la mano pan común y corriente —le contestó el sacerdote—. Podría darte el pan consagrado, si es que tus hombres se han abstenido por lo menos de estar con mujeres.

¿Qué es el pan consagrado? El pan del lugar santo en el tabernáculo, que era una ofrenda de agradecimiento y un símbolo de la provisión diaria de pan de Dioa. La Ley (Levítico 24:9) dice que solo un sacerdote puede comerlo, pero Jesús dijo:

¿No han leído lo que hizo David en aquella ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre?  Entró en la casa de Dios; él y sus compañeros comieron los panes consagrados a Dios, lo que no se les permitía a ellos, sino solo a los sacerdotes. (Mateo 12:3-4)

Voy a hacerles una pregunta: ¿Qué está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal?, ¿salvar una vida o destruirla? (Lucas 6:9)

Cristo no condena a David por comer el pan. No es tan rígido como los judíos en su interpretación y aplicación de la Ley.

David respondió: —Te aseguro que, como es la costumbre cuando salimos en una expedición, no hemos tenido contacto con mujeres. Además, mis hombres se consagran incluso en expediciones ordinarias, así que con más razón están consagrados ahora.

¿David realmente tenía a otros hombres con él? Toda la evidencia en este capítulo es que andaba solo. Una mentira conduce a otra.

Tener relaciones con una mujer le hace a un hombre impuro hasta el anochecer (Levitico 15:18). Solo si abstiene de relaciones se puede comer este pan. Abstenerse antes de una expedición sería una manera de prepararse espiritualmente para una batalla.

Por tanto, el sacerdote le entregó a David el pan consagrado, ya que no había otro. Era el pan de la Presencia que había sido quitado de delante del Señor y reemplazado por el pan caliente del día.

Aquel día estaba allí uno de los oficiales de Saúl, que había tenido que quedarse en el santuario del Señor. Se trataba de un edomita llamado Doeg, que era jefe de los pastores de Saúl.

David tiene su pan, pero hay un inconveniente: Por casualidad, el jefe de los pastores de Saúl se encontraba allí. Cuando andamos en mentiras y engaños, siempre existe la posibilidad de que alguien nos vea.

Más tarde, David le preguntó a Ajimélec: —¿No tienes a la mano una lanza o una espada? Tan urgente era el encargo del rey que no alcancé a tomar mi espada ni mis otras armas.

Otra mentira. David no salió inmediatamente con el pan, sino que se quedó allí un rato, tal vez esperando el momento adecuado para pedirle al sacerdote un arma.

El sacerdote respondió: —Aquí tengo la espada del filisteo Goliat, a quien mataste en el valle de Elá. Está detrás del efod, envuelta en un paño. Puedes llevártela, si quieres. Otras armas no tengo.

—Dámela —dijo David—. ¡Es la mejor que podrías ofrecerme!

Otra coincidencia. La espada de Goliat está allí. No sé por qué David no la tenía, pero estaba guardada allí casi como botín. Tiene un sentido especial para David, y con eso se va feliz. La Biblia nunca menciona si pidió oración o buscó al Señor, ni tampoco vuelve a mencionar esa espada.

David el Loco

10 Ese mismo día David, todavía huyendo de Saúl, se dirigió a Aquis, rey de Gat. 

El viaje desde Nob hasta Aquis sería de aproximadamente 38 kilómetros (23 millas). Gat era una de las cinco ciudades más importantes de los filisteos.

11 Los oficiales le dijeron a Aquis: —¿No es este David, el rey del país? ¿No es él por quien danzaban, y en los cantos decían:

«Saúl mató a sus miles,
pero David, a sus diez miles»?

¿Acoso el Señor lo dirigió a Gat? ¿Y cómo es que ya llaman rey a David? ¿Se sabía que Samuel ungió a David? Puede ser que lo llamen así porque ya habían escuchado mucho sobre David y de la derrota de Goliat y el ejército filisteo. Cuando ya se tiene la reputación que tenía David, es difícil encontrar un lugar seguro donde esconderse.

12 Al oír esto, David se preocupó y tuvo mucho miedo de Aquis, rey de Gat. 13 Por lo tanto, fingió perder la razón y, en público, comenzó a portarse como un loco, haciendo garabatos en las puertas y dejando que la saliva le corriera por la barba.

Engaño. Mentiras. Fingir ser alguien que no eres. Es astuto, y funciona, y David obviamente no estaba demasiado preocupado por las apariencias.

14 Aquis dijo entonces a sus oficiales: —¿Pero qué, no se fijan? ¡Ese hombre está loco! ¿Para qué me lo traen? 15 ¿Acaso me hacen falta más locos, que encima me traen a este para hacer sus locuras en mi presencia? ¡Sáquenlo de mi palacio!

Su locura lo protegió, pero fue expulsado del país.

La cueva de Adulán: 1 Samuel 22

1 David se fue de Gat y huyó a la cueva de Adulán. Cuando sus hermanos y el resto de la familia se enteraron, fueron a verlo allí. Además, se le unieron muchos otros que estaban en apuros, cargados de deudas o amargados. Así, David llegó a tener bajo su mando a unos cuatrocientos hombres.

Por fin, David encuentra un lugar donde puede prepararse para las batallas venideras. Adulán estaba a 336 km (22.5 millas) al suroeste de Jerusalén. De alguna manera su familia se enteró de su ubicación. ¡Y            cuatrocientos hombres descontentos, afligidos, oprimidos y endeudados, que también tenían motivos para buscar refugio! Estos no son la crema de la cosecha. Es evidencia de lo desesperado que está David, pero también de su fe y humildad. Él acepta a cada uno y ve su potencial. Con ellos él forma una banda de guerreros. ¿Conoces hombres amargados, rechazados por el mundo? ¿Hay algo que tú puedas hacer con ellos para darles una vida útil?

De allí se dirigió a Mizpa, en Moab, y le pidió al rey de ese lugar: «Deja que mis padres vengan a vivir entre ustedes hasta que yo sepa lo que Dios quiere de mí». Fue así como dejó a sus padres con el rey de Moab, y ellos se quedaron allí todo el tiempo que David permaneció en su refugio.

Otro viaje, de unos 112 kilómetros (70 millas). Parece que sus padres también están en peligro de Saúl, y David quiere un lugar seguro para ellos. El rey de Moab era enemigo de Saúl, y la bisabuela de David (Rut) era una moabita, por lo que sería un destino natural para David.

Pero el profeta Gad le dijo a David: «No te quedes en el refugio. Es mejor que regreses a la tierra de Judá». Entonces David se fue de allí, y se metió en el bosque de Jaret.

Esta es la primera vez que vemos a David recibir consejo de un profeta. La Biblia no dice mucho sobre Gad. Era parte de la administración de Saúl. Más tarde, Gad ayudó a David con los arreglos musicales para el templo (2 Crónicas 29:25), escribió una historia del reinado de David (1 Crónicas 29:29) y confrontó a David sobre su pecado con el censo (2 Samuel 24:11-25)

Este bosque probablemente estaría en las montañas al sur de Jerusalén, casi llegando a las llanuras de los filisteos.

Para alguien escogido por Dios, ungido y con un corazón conforme al corazón de Dios, estos capítulos parecen extraños. El rey quiere matarlo. Tiene que huir, mentir y engañar. Su “pandilla” eran los marginados y rechazados por la sociedad. Tiene que mendigar pan y un arma. No parece que Dios lo esté prosperando.

Salmo 31

¡Qué mezcla de emociones cuando David dejó a Jonatán! Sabía que nunca podría volver al palacio. Sería muy complicado ver a su amigo. Se sintió fortalecido después de llorar y desahogarse con Jonatán. Estaba muy consciente de la presencia de su Dios, y aunque no sabía exactamente qué hacer, tal vez esa misma noche, solo, bajo las estrellas, cantó este Salmo a su Señor.

1 En ti, Señor, busco refugio;
jamás permitas que me avergüencen.
Por tu justicia, líbrame.

A pesar de la promesa de Jonatán, David aún sabe que Saúl no dejará de perseguirlo. Él confía en su Dios, que su Señor lo sabe todo y es justo. Por eso con toda confianza le pide que le libere, y que no quede avergonzado delante de Saúl y sus compañeros. Habría lugares seguros para David, pero él sabe que Dios es su único refugio verdadero, y a él corre David una y otra vez.

Inclina a mí tu oído
y acude pronto a socorrerme.
Sé tú mi roca de refugio,
la fortaleza de mi salvación.
Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza,
dirígeme por amor a tu nombre.
Líbrame de la trampa que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
En tus manos encomiendo mi espíritu;
líbrame, Señor, Dios de la verdad.

Empieza el Salmo pidiendo a Dios que lo librara. Declara que él es su refugio y hace algunas peticiones a Dios. ¿Cómo se comparan con tus peticiones al Señor cuando estás en un lugar difícil?

  • Inclina a mí tu oído: Cuando nos acercamos a Dios con sinceridad, siempre tenemos su oído. Pero es una manera de decirle: “¡Escúchame! ¡Mi vida depende de ti!”
  • Acude pronto a socorrerme. ¡No puedo esperar mucho más! ¿Quién más puede socorrerlo?
  • Sé mi roca de refugio: Un refugio es un lugar donde esconderse, pero también algo fuerte, una roca.
  • Esa roca es la fortaleza de su salvación. ¿Es tu salvación esa roca y fortaleza para tu vida?
  • Siendo él su roca y fortaleza, David le pide que le guíe.
  • Le encaminará; quiere ser dirigido por amor a su nombre.
  • Reconoce la trampa; repite de nuevo: ¡Líbrame de ella!
  • La tercera vez: ¡Dios es su refugio!
  • Al pedirle todas esas cosas, puede descansar, encomienda su espíritu en sus manos y hace algunas afirmaciones de su fe.

Odio a los que adoran ídolos vanos;
yo, por mi parte, confío en ti, Señor.
Me alegro y me regocijo en tu amor,
porque tú has visto mi aflicción
y conoces las angustias de mi alma.
No me entregaste al enemigo,
sino que me pusiste en lugar espacioso.

Reflexionar sobre la fidelidad y bondad de Dios en el pasado le da confianza para el futuro. Dios ha estado íntimamente involucrado en su vida. ¿Te alegras y te regocijas en el amor de Dios? ¿Rechazas todo ídolo vano para confiar solo en el Señor? ¿Sabes que Dios ha visto tu aflicción y conoce las angustias de tu alma? Él no te entregará a tu enemigo. A pesar de sus dificultades actuales, David puede decir que Dios lo ha puesto en lugar espacioso. ¿Crees que Dios hará lo mismo por ti, si tienes la misma fe?

A menudo pensamos que un discípulo de Jesucristo debe estar libre de angustia y aflicción, pero lamentablemente son parte de la vida en este mundo, incluso para un gran hombre como David.

Tenme compasión, Señor, que estoy angustiado;
el dolor debilita mis ojos,
mi alma y mi cuerpo.
10 La vida se me va en angustias
y los años en lamentos;
la aflicción está acabando con mis fuerzas
y mis huesos se van debilitando.
11 Por causa de todos mis enemigos,
soy motivo de desprecio para mis vecinos;
soy un espanto para mis amigos;
de mí huyen los que me encuentran en la calle.
12 Me han olvidado, como si hubiera muerto;
soy como una vasija hecha pedazos.
13 Son muchos a los que oigo murmurar:
«Hay terror por todas partes».
Se han confabulado contra mí
y traman quitarme la vida.

A pesar de su fe, la vida es muy dura ahora. Sí, es posible tener esa relación con Dios, ser un hombre conforme al corazón de Dios, y aún sufrir así. David está en un lugar muy duro, posiblemente años después de la muerte de Saúl. Puede que ya fuera rey, con un palacio y un gran ejército. Pero una y otra vez, Saúl y otros han conspirado para quitarle la vida. ¿Te das cuenta de cómo el enemigo ha querido quitarte la vida? Mira las maneras en las que David expresa su gran angustia:

  • El dolor (¿físico? ¿emocional?) debilita sus ojos, su alma y su cuerpo. El dolor emocional puede afectar gravemente la salud física.
  • Su vida se le va en angustias.
  • Años le han pasado en lamentos.
  • Es motivo de desprecio para sus vecinos y un espanto para sus amigos; huyen de él en la calle.
  • Se siente olvidado, como una vasija hecha pedazos.

14 Pero yo, Señor, en ti confío,
y digo: «Tú eres mi Dios».
15 Mi vida entera está en tus manos;
líbrame de mis enemigos y perseguidores.
16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo;
por tu gran amor, sálvame.
17 Señor, no permitas que me avergüencen,
porque a ti he clamado.
Que sean avergonzados los malvados
y silenciados en el sepulcro.
18 Que sean silenciados sus labios mentirosos,
porque hablan contra los justos
con orgullo, desdén e insolencia.

No es pecado expresar tu angustia. Pero luego vuelve al Señor, declara que es tu Dios y entrega tu vida en sus manos. Sigue clamando a él, que su rostro resplandezca sobre ti y que conozcas su gran amor para salvarte. David pide al Señor que juzgue a los malvados y mentirosos, que sean silenciados en el sepulcro. Hay quienes hablan con orgullo, desdén e insolencia. Dios los juzgará.

19 ¡Cuán grande es tu bondad!
La reservas para los que te temen,
y a la vista de la gente la derramas
sobre los que en ti se refugian.
20 Al amparo de tu presencia los proteges
de las intrigas humanas;
en tu morada los resguardas
de las lenguas contenciosas.

21 Bendito sea el Señor,
pues mostró su gran amor por mí
cuando me hallaba en una ciudad sitiada.
22 En mi angustia llegué a decir:
«¡He sido arrojado de tu presencia!».
Pero tú oíste mi voz suplicante
cuando te pedí que me ayudaras.

23 Amen al Señor, todos sus fieles;
él protege a los dignos de confianza,
pero a los orgullosos les da su merecido.
24 Cobren ánimo y ármense de valor,
todos los que en el Señor esperan.

Como muchos de sus salmos, este termina con David confiando y alabando al Señor. Vuelve al tema del refugio que Dios es para él. Confía en la bondad, la protección y el gran amor de Dios. Lo que Dios hizo por David, él cree que lo hará para otros. ¿Esperas en el Señor? Cobra ánimo y ármate de valor.

 

David y Jonatán: 1 Samuel 20

David huyó de Nayot de Ramá y fue adonde estaba Jonatán.

Al principio esto parece extraño. ¿Por qué dejar un lugar tan ungido, tan lleno de la presencia de Dios? ¿Y por qué David “huyó” de Nayot? ¿Se quedó Samuel allí? ¿Y qué sucedió con Saúl después de ese encuentro poderoso con el Espíritu y los profetas? La Biblia no lo dice.

Yo creo que hay dos explicaciones. Es hermoso ir a la cima de la montaña y tener una hermosa experiencia con el Espíritu. Ir a un retiro. Pasar tiempo con grandes siervos del Señor. Es cierto que esos profetas se quedaron allí. Pero la mayoría de nosotros estamos llamados a ser sal y luz en el mundo. David fue ungido para ser rey. Ha tratado de ser fiel como siervo, escudero y amigo del Rey Saúl. Y Saúl quería matarlo. David quería saber por qué. ¿Había algo malo que él hizo? Quiere disculparse. ¿Tenía que corregir algo o hacer algo más? Estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario. El hijo del rey debía saber lo que estaba pasando.

Ese hijo también era su mejor amigo. Cuando hay lazos de amor entre dos hombres, se quiere mantener esa comunicación. En su angustia, buscaba algún consuelo de su amigo. Pablo expresa varias veces en sus cartas la importancia de esa relación con un hermano cristiano. David no huyó a la casa de su padre. Ya hemos visto que sus hermanos no le ofrecerían mucho consuelo. No volvió con su esposa. Tal vez no confiaba mucho en ella. Buscó un verdadero amigo, y sabía dónde encontrarlo.

—¿Qué he hecho yo? —le preguntó—. ¿Qué crimen o delito he cometido contra tu padre, para que él quiera matarme?

En su humildad, David se examina primero a sí mismo. Cree que debe ser culpa suya. En su familia, como el más joven, estaba acostumbrado a que sus hermanos siempre lo culparon. No fue su primer instinto señalar con el dedo al rey.

—¿Morir tú? ¡De ninguna manera! —respondió Jonatán—. Mi padre no hace nada, por insignificante que sea, sin que me lo diga. ¿Por qué me lo habría de ocultar? ¡Eso no es posible!

Aunque son tan diferentes, vemos aquí una relación padre/hijo muy estrecha. Jonatán no era el único hijo, pero así como David vio algo especial en él, parece que su papá también lo vio. Y por alguna razón, Jonatán está completamente en shock de que su padre quisiera matar a David. Aparentemente no había visto nada sospechoso en el palacio.

Pero David juró y perjuró: —Tu padre sabe muy bien que tú me estimas, así que seguramente habrá pensado: “Jonatán no debe enterarse, para que no se disguste”. Pero, tan cierto como que el Señor y tú viven, te aseguro que estoy a un paso de la muerte.

Ya hemos visto los celos de Saúl. Todo el mundo estimaba a David, ¡y ahora su hijo favorito también! Cuando caemos en el odio o los celos, nos encontramos en una situación delicada.

—Dime qué quieres que haga, y lo haré —le respondió Jonatán.

Jonatán ya no lo duda, y está dispuesto a hacer lo que sea para ayudar a su amigo.

—Sabes —dijo David—, mañana es la fiesta de luna nueva, y se supone que yo debo sentarme a la mesa para comer con el rey. Pues bien, deja que me esconda en el campo hasta pasado mañana por la tarde. Si tu padre me extraña, dile que yo insistí en que me dejaras ir en seguida a Belén, mi pueblo, pues toda mi familia estaba reunida allá para celebrar su sacrificio anual. Si él responde que está bien, entonces no corro ningún peligro. Pero, si se enfurece, con eso sabrás que ha decidido acabar conmigo. Ya que en presencia del Señor has hecho un pacto conmigo, que soy tu servidor, te ruego que me seas leal. Si me consideras culpable, no hace falta que me entregues a tu padre; ¡mátame tú mismo!

A pesar de todo lo que le ha pasado con su suegro, David sabe que Saúl lo estaría esperando en la mesa para la fiesta de luna nueva. David inventa una situación (otra mentira) para poner a prueba al rey. David sospecha que Saúl usaría la comida para matarlo.

Lo triste es que parece que David no confía del todo en la lealtad de su amigo, a pesar de un pacto que habían hecho. La verdad es que a veces cuando alguien tiene que escoger la lealtad a un amigo o a la familia, puede escoger la familia. David le recuerda que hicieron el pacto en presencia del Señor. David se humilla y se llama servidor de Jonatán. Y le pide que él mismo lo mataría si Jonatán realmente cree que David es culpable de algún pecado contra su familia.

—¡No digas tal cosa! —exclamó Jonatán—. Si llegara a enterarme de que mi padre ha decidido hacerte algún daño, ¿no crees que te lo diría?

10 David le preguntó: —Si tu padre te responde de mal modo, ¿quién me lo hará saber?

Jonatán no creía que David pensara así. Es un amigo fiel. Pero David sólo quiere saber cómo averiguar lo que Saúl estaba planeando.

11 Por toda respuesta, Jonatán invitó a David a salir al campo. Una vez allí, 12 le dijo: —David, te juro por el Señor, Dios de Israel, que a más tardar pasado mañana a esta hora averiguaré lo que piensa mi padre. Si no corres peligro, de alguna manera te lo haré saber. 13 Pero, si mi padre intenta hacerte daño, y yo no te aviso para que puedas escapar, ¡que el Señor me castigue sin piedad, y que esté contigo como estuvo con mi padre! 14 Y, si todavía estoy vivo cuando el Señor te muestre su bondad, te pido que también tú seas bondadoso conmigo y no dejes que me maten. 15 ¡Nunca dejes de ser bondadoso con mi familia, aun cuando el Señor borre de la faz de la tierra a todos tus enemigos! 16 ¡Que el Señor pida cuentas de esto a tus enemigos!

Jonatán ya sabe el destino de David. Sabe que él mismo, aunque es el hijo del rey, no heredará el trono. No solo quiere a David y jura por el Señor advertirle y protegerle, sino que también piensa en el bienestar de su familia. Es casi como si tuviera una premonición de su muerte. Es David, a quien su padre quiere matar, que realmente debería temer, pero es Jonatán quien tiene teme por su propia vida y su familia.

De ese modo Jonatán hizo un pacto con la familia de David, 17 pues quería a David como a sí mismo. Por ese cariño que le tenía, le pidió a David confirmar el pacto bajo juramento. 

¿No es lo que nos manda hacer la ley? ¿Amar al prójimo como a mí mismo? Pero la verdad es que esta es una amistad muy especial. Hay personas con la que hay cariño. El mundo no lo entiende. ¿Has tenido un Jonatán en tu vida? ¿Realmente sabes lo que es amar a alguien con tanto cariño hasta el punto de hacer una especie de pacto con él?

18 Además le dijo: —Mañana es la fiesta de luna nueva. Cuando vean tu asiento desocupado, te van a extrañar. 19 Pasado mañana, sin falta, ve adonde te escondiste la otra vez, y quédate junto a la piedra de Ézel. 20 Yo fingiré estar tirando al blanco y lanzaré tres flechas en esa dirección. 21 Entonces le diré a uno de mis criados que vaya a buscarlas. Si le digo: “Mira, las flechas están más acá, recógelas”; eso querrá decir que no hay peligro y podrás salir sin ninguna preocupación. ¡Tan cierto como que el Señor vive! 22 Pero, si le digo: “Mira, las flechas están más allá”, eso querrá decir que el Señor quiere que te vayas, así que ¡escápate! 23 ¡Que el Señor sea siempre testigo del juramento que tú y yo nos hemos hecho!

No sabemos por qué hizo un plan tan detallado para que David supiera el estado de ánimo de su padre, pero David lo aceptó. Para Jonatán, ese juramento era muy importante.

24 David se escondió en el campo. Cuando llegó la fiesta de luna nueva, el rey se sentó a la mesa para comer 25 ocupando, como de costumbre, el puesto junto a la pared. Jonatán se sentó enfrente, mientras que Abner se acomodó a un lado de Saúl. El asiento de David quedó desocupado. 26 Ese día Saúl no dijo nada, pues pensó: «Algo le habrá pasado a David, que lo dejó ritualmente impuro, y seguramente no pudo purificarse». 27 Pero, como al día siguiente, que era el segundo del mes, el puesto de David seguía desocupado, Saúl le preguntó a Jonatán:

—¿Cómo es que ni ayer ni hoy vino el hijo de Isaí a la comida?

La Biblia apenas menciona a la esposa de Saúl. Era la costumbre en esa época que los varones comieran juntos. Parece que solo cuatro se sentaban en esa mesa. La ausencia de David seguramente sería muy notoria.

28 Jonatán respondió: —David me insistió en que le diera permiso para ir a Belén. 29 Me dijo: “Por favor, déjame ir. Mi familia va a celebrar el sacrificio anual en nuestro pueblo, y mi hermano me ha ordenado que vaya. Hazme este favor, y permite que me dé una escapada para ver a mis hermanos”. Por eso es que David no se ha sentado a comer con Su Majestad.

Otra mentira. Pero cuando estamos en situaciones complicadas, a veces nos sentimos obligados a mentir. Parece un poco extraño, dada la naturaleza de su relación, que David no le pidiera permiso a Saúl para ir y ver a su familia.

30 Al oír esto, Saúl se enfureció con Jonatán. —¡Hijo de mala madre! —exclamó—. ¿Crees que no sé que eres muy amigo del hijo de Isaí, para vergüenza tuya y de tu desgraciada madre? 31 Mientras el hijo de Isaí viva en esta tierra, ¡ni tú ni tu reino estarán seguros! Así que manda a buscarlo, y tráemelo, pues está condenado a morir.

Así se revela el corazón del rey. No ama a su esposa: la llama “mala madre,” “desgraciada madre.” Saúl ya sabe muy bien la amistad que existe entre los dos hombres. Sabiéndolo, es extraño que espere que Jonatán le traiga a David para que muera.

32 —¿Y por qué ha de morir? —le reclamó Jonatán—. ¿Qué mal ha hecho?

33 Por toda respuesta, Saúl le arrojó su lanza para herirlo. Así Jonatán se convenció de que su padre estaba decidido a matar a David. 34 Enfurecido, Jonatán se levantó de la mesa y no quiso tomar parte en la comida del segundo día de la fiesta. Estaba muy afligido porque su padre había insultado a David.

¿Solo ahora Jonatán está convencido del peligro que corre David? Ahora Saúl ha perdido no solo a su ministro del arpa, sino también a su propio hijo. Jonatán esta enfurecido. Los hombres tan afligidos como Saúl tienden a alienar a sus familias y terminan muy solos.

No es la primera vez que Saúl quiere matar a su hijo. En 1 Samuel 14, Jonatán, sin saber la orden de su papa, revivió comiendo miel, rompiendo así el juramento de Saúl, y el rey estaba dispuesto a matarlo.

35 Por la mañana Jonatán salió al campo para encontrarse con David. Uno de sus criados más jóvenes lo acompañaba. 36 Jonatán le dijo: «Corre a buscar las flechas que voy a lanzar».

El criado se echó a correr, y Jonatán lanzó una flecha que lo sobrepasó. 37 Cuando el criado llegó al lugar donde la flecha había caído, Jonatán le gritó: «¡Más allá! ¡La flecha está más allá! 38 ¡Date prisa! ¡No te detengas!» Y así continuó gritándole Jonatán. Cuando el criado recogió la flecha y se la trajo a su amo, 39 lo hizo sin sospechar nada, pues solo Jonatán y David sabían de qué se trataba. 40 Entonces Jonatán le dio sus armas al criado. «Vete —le dijo—; llévalas de vuelta a la ciudad».

Todo eso para advertir a David del peligro.

41 En cuanto el criado se fue, David salió de su escondite y, luego de inclinarse tres veces, se postró rostro en tierra. En seguida se besaron y lloraron juntos, hasta que David se desahogó.

Otra demostración del amor puro que existía entre los dos. Y no solo amor, sino también respeto. Son pocas veces en la Biblia que se ve a dos hombres llorar juntos. Fue un momento muy doloroso para David. De allí en adelante su vida se cambiaría.

42 «Puedes irte tranquilo —le dijo Jonatán a David—, pues los dos hemos hecho un juramento eterno en nombre del Señor, pidiéndole que juzgue entre tú y yo, y entre tus descendientes y los míos». Así que David se fue, y Jonatán regresó a la ciudad.

Jonatán cumplió su promesa, como si fuese necesario para tranquilizar a David de que estaba a salvo. Y los dos amigos se separaron. Hasta donde sabemos, solo se vieron una vez más. Pero esos lazos de amor, ese pacto, ese compromiso entre dos hombres, puede sostenerlos a través de muchas pruebas.

Salmo 59

Hay algunos Salmos que indican la ocasión de su composición. Para este Salmo, la Biblia dice: “Mictam de David, cuando Saúl había ordenado que vigilaran la casa de David con el propósito de matarlo.” No hay manera de confirmar lo que la tradición de los judíos de hace milenios ha atribuido a estos Salmos, pero probablemente sean veraces.

Así que acompañemos a nuestro amigo David, tal vez en la misma noche en que Mical lo ayudó a huir de su hogar, posiblemente terminando cualquier relación con ella hasta después de la muerte de Saúl. Sería una vida muy difícil para Michal. Saúl se la dio a otro hombre, y cuando David se la pidió de vuelta, se la arrebataron de ese esposo, quedó sin hijos y, según todas las apariencias, era muy infeliz compartiendo el palacio de David con sus otras esposas. Pero David no estaba pensando en Michal esa noche.

1 Líbrame de mis enemigos, oh Dios;
protégeme de los que me atacan.
Líbrame de los malhechores;
sálvame de los asesinos.

Su protector y defensor es enteramente Dios. Aunque David ya ha demostrado ser un gran guerrero, no confía en su fuerza ni el apoyo de sus compañeros. Su confianza descansa en Dios.

¡Mira cómo me acechan!
Hombres crueles conspiran contra mí
sin que yo, Señor, haya delinquido ni pecado.
Presurosos se disponen a atacarme
sin que yo haya cometido mal alguno.
¡Levántate y ven en mi ayuda!
¡Mira mi condición!

No siempre somos completamente inocentes, pero aquí sabemos que David había servido fielmente a Saúl. Dios lo sabe todo, y David confía aún más en su Señor cuando ve la maldad de Saúl y sus hombres.

Tú, Señor, eres el Dios de los Ejércitos,
eres el Dios de Israel.
¡Despiértate y castiga a todas las naciones;
no tengas compasión de esos malvados traidores!
 Selah

Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, David no es muy misericordioso ni compasivo. Vemos esto a menudo en sus Salmos. Pero la verdad es que nuestro Dios es un gran guerrero, el Dios de los Ejércitos. Él viene a juzgar a las naciones y a castigar a los malhechores. No hay nadie ni ninguna nación que esté exenta de su juicio: ningún pastor, ningún rey. David siempre ha buscado el camino recto.

Porque ellos vuelven al atardecer,
aúllan como perros
y merodean la ciudad.
Echan espuma por la boca,
lanzan espadas por sus fauces
y dicen: «¿Quién va a oírnos?».
Pero tú, Señor, te ríes de ellos;
te burlas de todas las naciones.

A ti, fortaleza mía, vuelvo los ojos,
pues tú, oh Dios, eres mi refugio.
10     Tú eres el Dios en quien puedo confiar.

Cuando los hombres enviados por Saúl llegaron a su pueblo al atardecer, merodearon la ciudad sin preocuparse por el bienestar de la hija del rey. Frente a sus amenazas, David sigue confiando en su Dios.

Tú irás delante de mí
para hacerme ver la derrota de mis enemigos.
11 Pero no los mates,
para que mi pueblo no lo olvide.
Zarandéalos con tu poder; ¡humíllalos!
¡Tú, Señor, eres nuestro escudo!
12 Por los pecados de su boca,
por las palabras de sus labios,
que caigan en la trampa de su orgullo.
Por las maldiciones y mentiras que profieren,
13     consúmelos en tu enojo;
¡consúmelos hasta que dejen de existir!
Así todos sabrán que Dios gobierna en Jacob
y hasta los confines de la tierra. Selah

David huye de su hogar sabiendo que Dios va delante de él. No piensa en su propia vindicación, sino en la gloria de Dios. Quiere que todos sepan que Dios reina, que él es soberano. David confía en que verá a sus enemigos derrotados, pero no pide su muerte. A veces la muerte es una salida más fácil. Quiere que sus enemigos vivan para que el pueblo de Israel recuerde lo que hizo Saúl.

Si David no los mata, ¿qué puede hacer Dios? Zarandearlos con su poder y humillarlos. Pero parece una contradicción: No los quiere muertos, sino consumidos en su enojo, hasta que dejen de existir. Ese parece ser su fin, su muerte.

El pecador provoca su propia caída, en la trampa de su orgullo. David señala los pecados de su boca: sus palabras, sus maldiciones y sus mentiras. A menudo es nuestra boca la que nos causa más problemas.

14 Porque ellos vuelven al atardecer,
aúllan como perros
y merodean la ciudad.
15 Van de un lado a otro buscando comida,
y aúllan si no quedan satisfechos.

No fue solo una vez que estos hombres causaron problemas a su pueblo.

16 Pero yo cantaré a tu poder
y por la mañana alabaré tu amor;
porque tú eres mi protector,
mi refugio en momentos de angustia.

17 A ti, fortaleza mía, te cantaré salmos,
pues tú, oh Dios, eres mi refugio.
Tú eres el Dios en quien puedo confiar.

Después de desahogar su corazón y entregar sus enemigos al Señor, David afirma su confianza en Dios como su protector y refugio. Tres veces en estos dos versículos declara que siempre alabará a Dios.

¿Necesitas protección ahora? ¿Estás en un momento de angustia? ¿Conoces a Dios como tu refugio? ¿Tienes fe en que Dios peleará tu batalla? ¿Es el Señor tu fortaleza? ¿Cantas alabanzas a Dios todo el día? ¡Hay poder en la alabanza!

Saúl intenta matar a David: 1 Samuel 19

1Saúl les comunicó a su hijo Jonatán y a todos sus funcionarios su decisión de matar a David.

Saúl no es muy sabio. Debería saber algo sobre la amistad de David y Jonatán. Si todo el pueblo estaba impresionado con David, seguramente alguien hará lo necesario para protegerlo. Queremos ser transparentes ante Dios y otros, pero a veces no es sabio compartir demasiado. Necesitamos ser perspicaces sobre con quién hablamos. ¿Hay un Saúl en tu vida ahora mismo, tan lleno de celos que quisiera matarte?

Pero, como Jonatán le tenía tanto afecto a David, le advirtió: «Mi padre Saúl está buscando una oportunidad para matarte. Así que ten mucho cuidado mañana; escóndete en algún sitio seguro, y quédate allí. Yo saldré con mi padre al campo donde tú estés, y le hablaré de ti. Cuando averigüe lo que pasa, te lo haré saber».

Allí está de nuevo. El “pero”. No importan los planes malvados del diablo; cuando estamos en el Señor siempre habrá un “pero.” Jonatán arregló esto para que no hubiera ninguna duda en el corazón de David de que Saúl quería matarlo. Gracias a Dios, el Señor estaba velando por David. Nunca permitiría que Saúl lo matara. Dios brindó esta amistad tan especial para ayudar a David. ¿Tienes un Jonatán que te respalda y se preocupa por ti? ¿Tienes un “pero”?

Jonatán le habló a su padre Saúl en favor de David: —¡No vaya Su Majestad a pecar contra su siervo David! —le rogó—. Él no le ha hecho ningún mal; al contrario, lo que ha hecho ha sido de gran beneficio para Su Majestad. Para matar al filisteo arriesgó su propia vida, y el Señor le dio una gran victoria a todo Israel. Su Majestad mismo lo vio y se alegró. ¿Por qué ha de pecar contra un inocente y matar a David sin motivo?

¿Tienes esa valentía para interceder por un hombre inocente? Cuando yo trabajaba como capellán (pastor) en las cárceles federales de Estados Unidos, aunque eso pudiera poner en peligro mi trabajo, a veces yo intercedía por un prisionero inocente. Jonatán le recuerda a su papá todo lo que ha hecho David. Dice que sería un pecado matarlo. ¿Escuchará Saúl a su hijo? Siempre es posible cometer un error, pero aún hay esperanza si podemos aceptar el consejo sabio de los demás. Cuando nos cerramos a los demás, ya estamos en una situacion muy grave.

Saúl le hizo caso a Jonatán, y exclamó: —Tan cierto como que el Señor vive, te juro que David no morirá.

He sugerido que Saúl puede haber sido bipolar. O puede ser el demonio que lo estaba molestando. Gracias a Dios, escucha a su hijo y promete no matar a David. Pero, ¿es un hombre de palabra?

Entonces Jonatán llamó a David y, después de contarle toda la conversación, lo llevó ante Saúl para que estuviera a su servicio como antes.

Por el momento, todo parece estar bien. David vuelve al palacio. Jonatán cree en la palabra de su padre. Pero, ¿cuánto durará la paz?

Volvió a estallar la guerra. David salió a pelear contra los filisteos, y los combatió con tal violencia que tuvieron que huir.

Otra victoria para David. Y otra oportunidad para que el demonio influya en Saúl. Recuerda, el diablo vino parar hurtar, matar y destruir. A ti también. Habrá un reposo de vez en cuando. Pero mantente alerta, porque en un momento de debilidad te atacará de nuevo.

Sin embargo, un espíritu maligno de parte del Señor se apoderó de Saúl. Estaba sentado en el palacio, con una lanza en la mano. Mientras David tocaba el arpa, 10 intentó clavarlo en la pared con la lanza, pero David esquivó el golpe de Saúl, de modo que la lanza quedó clavada en la pared. Esa misma noche David se dio a la fuga.

¿Es Saúl responsable de su locura? Yo creo que sí. Alguien que está realmente poseído por un demonio puede perder todo el control de sus acciones. Y no es inusual que un demonio ataque a la misma persona que quiere echarlo fuera en el Nombre de Jesús. Tratar de matar a David mientras ministraba la misma música que le trajo alivio es evidencia de lo perdido que está Saúl. La buena noticia es que Dios no permitiría que esa lanza tocara a David. Y David tuvo la sensatez de huir de la casa, la casa que compartía con la hija de Saúl.

11 Entonces Saúl mandó a varios hombres a casa de David, para que lo vigilaran durante la noche y lo mataran al día siguiente. Pero Mical, la esposa de David, le advirtió: «Si no te pones a salvo esta noche, mañana serás hombre muerto». 12 En seguida ella descolgó a David por la ventana, y así él pudo escapar. 13 Luego Mical tomó un ídolo y lo puso en la cama con un tejido de pelo de cabra en la cabeza, y lo cubrió con una sábana.

Gracias a Dios, Mical defiende a su esposo y lo ayuda a escapar. Pero, ¿por qué había un ídolo en la casa? ¿Era de Mical? ¿Algo que ella trajo del hogar oprimido de su padre? Ya está aprendiendo a mentir y engañar a su padre.

14 Cuando Saúl mandó a los hombres para apresar a David, Mical les dijo: «Está enfermo». 15 Pero Saúl los mandó de nuevo a buscar a David: «Aunque esté en cama, ¡tráiganmelo aquí para matarlo!» 16 Al entrar en la casa, los hombres vieron que lo que estaba en la cama era un ídolo, con un tejido de pelo de cabra en la cabeza. 17 Entonces Saúl le reclamó a Mical: —¿Por qué me has engañado así? ¿Por qué dejaste escapar a mi enemigo?

Ella respondió: —Él me amenazó con matarme si no lo dejaba escapar.

Si alguna vez te has encontrado entre tus padres y tu conyugue, ya sabes lo complicado que es. Empuja a una persona a mentir y engañar a uno o al otro. Como padre, Saúl obviamente está equivocado al poner a su hija en esta situación. Parece que todos tenían temor a Saúl, y ella no tiene el coraje de enfrentarse a su papá. Obviamente, es un golpe muy fuerte para la joven pareja. Un golpe que dejó heridas duraderas en los corazones de David y Mical.

18 Después de huir y ponerse a salvo, David fue a Ramá para ver a Samuel y contarle todo lo que Saúl le había hecho. Entonces los dos se fueron a vivir a Nayot. 

Nuevamente vemos algo del corazón justo de David. No busca venganza ni mata a Saúl. A pesar de su unción para ser el futuro rey de Israel, no trata de lograrlo con sus propias fuerzas. Va directo a quien lo había ungido. Al hombre más espiritual del país. Samuel conoce muy bien a Saúl, y seguramente le duele mucho escuchar de la profundidad de la caída de quien había sido un hijo espiritual para él. Pero el Señor ya había trabajado en el corazón de Samuel, y él había dejado a Saúl en manos de Dios. Esto no es solo una reunión. No, David reconoce que hay una puerta cerrada. No volverá a su casa con Mical ni a su trabajo en el palacio ni al ejército de Saúl después de que todo se calme.

Que doloroso es pasar por esto en su matrimonio, con su suegro y con sus amados compañeros en el ejército. Que Dios te dé la sabiduría de saber cuándo es necesario tomar una medida tan drástica.

19 Cuando Saúl se enteró de que David estaba en Nayot de Ramá, 20 mandó a sus hombres para que lo apresaran. Pero se encontraron con un grupo de profetas, dirigidos por Samuel, que estaban profetizando. Entonces el Espíritu de Dios vino con poder sobre los hombres de Saúl, y también ellos cayeron en trance profético. 

Nayot de Ramá era un lugar muy ungido. Allí vivía un grupo de profetas, llenos del Espíritu Santo. Tal llenura no era muy común en esa época, pero Samuel, en su vejez, había encontrado un ministerio muy valioso al dirigir ese grupo. Seguramente Saúl sabía que era un centro del ministerio del Espíritu, pero no le importa. Envía a sus hombres para apresurar a David, y posiblemente también a Samuel. Pero la presencia de Dios es tan poderosa que con solo entrar al lugar, el Espíritu vino con poder sobre esos hombres. ¡Que tengamos una presencia tan poderosa en nuestras iglesias que todos los que entren allí caigan bajo el poder del Espíritu!

No sabemos exactamente qué fue este trance profético, ni cómo estaban profetizando. Es casi seguro que no están dando profecías sobre el futuro. Puede que sean mensajes de Dios, pero lo más probable es que se trate de una alabanza estática, similar a las lenguas que cayeron sobre los discípulos en el aposento alto.

21 Al oír la noticia, Saúl envió otro grupo, pero ellos también cayeron en trance. Luego mandó un tercer grupo, y les pasó lo mismo. 22 Por fin, Saúl en persona fue a Ramá y llegó al gran pozo que está en Secú.

—¿Dónde están Samuel y David? —preguntó.

—En Nayot de Ramá —alguien le respondió.

Dos grupos más experimentaron lo mismo. Y Saúl no entendió el mensaje de que buscaba la vida de David en vano. Aquí él tendría la oportunidad de arrepentirse, confesar su pecado a David y reconocer que era hora de que renunciara a su puesto de rey. Él podría pasar un buen rato con este grupo de profetas, encontrando sanidad, liberación y restauración. Dios incluso hizo su parte. En una situación muy rara, este hombre oprimido por demonios que buscaba la vida de David también cayó bajo el poder.

23 Saúl se dirigió entonces hacia allá, pero el Espíritu de Dios vino con poder también sobre él, y Saúl estuvo en trance profético por todo el camino, hasta llegar a Nayot de Ramá. 24 Luego se quitó la ropa y, desnudo y en el suelo, estuvo en trance en presencia de Samuel todo el día y toda la noche. De ahí viene el dicho: «¿Acaso también Saúl es uno de los profetas?»

Dios ni siquiera esperó a que llegara a Nayot. Durante todo el camino estuvo en trance profético. Perdió todo el control, y allí estuvo todo el día y toda la noche, desnudo, en el suelo, lleno del Espíritu y profetizando. Lamentablemente, es posible experimentar hermosas manifestaciones del Espíritu en la iglesia, pero si no hay un cambio de corazón, uno puede despertarse al día siguiente e ignorar todo lo que Dios quería hacer. La noticia se divulgó en todo el país. ¿Hubo una transformación en la vida del rey? ¿Es Saúl ahora uno de los profetas?