Salmo 15

Hay momentos en los que vagamos lejos de casa. Lejos de Dios. Lejos de nuestro llamado. Hemos visto a David lleno del Espíritu de Dios:

  • Matando a Goliat para la gloria del Señor.
  • Tocando música de adoración para aliviar los ataques demoníacos sobre un rey que ahora quiere matarlo.
  • Cantando salmos a su Dios en los campos por la noche con su rebano.

Ahora se encuentra en la tierra del enemigo. En la tierra de los filisteos. Matando mujeres y amasando numerosos animales y otras riquezas. Un guerrero con un ejército que sigue creciendo. ¿Hubo momentos allí en que extrañó esa intimidad con Dios? ¿Reflexionó sobre su caminar y se arrepintió de algunas de sus acciones? ¿Se preguntó por qué Dios permitió una lucha tan prolongada para llegar al trono? ¿Pensó que esa unción y llenura del Espíritu Santo era una fantasía?

En mi experiencia después de muchos años de ministrar a privados de libertad yo diría que sí. Muchos, tan lejos de casa y de sus seres queridos, contemplan esas preguntas. Algunos reflexionan sobre cómo volver a vivir en la presencia de Dios. Algunos toman las decisiones correctas para que esto se haga realidad. Para ellos, hay una hermosa promesa al final de este Salmo.

1 ¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario?
¿Quién puede vivir en tu santo monte?

No se trata de morar siempre en una iglesia, un templo o algún lugar santo. Tampoco se trata de retirarse del mundo y buscar una morada en un monte designado como “santo”. En este caso, ese monte puede ser Sión o el Sinaí. Pero, ¿no es cierto que se puede estar en la iglesia más ungida y aún así tener un corazón alejado de Dios? ¿No es posible mudarse con su familia una y otra vez buscando esa tierra santa, esa hermosa iglesia, solo para descubrir que no tiene nada que ver con el lugar físico sino con el estado de tu corazón? Muchos de esos reos encuentran el santo monte de Dios en una fea celda de prisión.

David ya sabe al menos parte de lo que es necesario, aunque tiene la perspectiva del Antiguo Testamento y el énfasis en las obras. Todas estas cualidades son admirables, aunque parezcan difíciles de cumplir. Podemos llegar a pensar que no sería posible para mí vivir así, y como resultado estoy destinado a caer. Romanos capítulo siete dice que con nuestras propias fuerzas no es posible. Solo con el Espíritu Santo apoderándonos como enseña Romanos capítulo ocho, podemos vivir verdaderamente en la presencia de Dios.

Después de cada uno de estos requisitos, evalúa como te va, con 1 siendo fallar completamente y 10 el cumplirlo perfectamente.

Solo el de conducta intachable,
que practica la justicia
y de corazón dice la verdad;

  1. Conducta intachable. Andas en integridad y hace lo que es bueno. _____
  2. Practicas la justicia y haces lo que es correcto. _____
  3. De corazón dices la verdad. No solo porque eres obligado, sino que de un corazón sincero siempre quieres decir la verdad. _____

que no calumnia con la lengua,
que no le hace mal a su prójimo
ni le acarrea desgracias a su vecino;

  1. No calumnias con la lengua. No hablas mal de nadie. _____
  2. No le haces mal a tu prójimo. No perjudicas a tus amigos. _____
  3. No le acarreas desgracias a tu vecino. No haces agravio a tu vecino. _____

¡Mira cuántas de estas cualidades tienen que ver con tu trato con otras personas, incluso con aquellas que tal vez no conozcas!

que desprecia al que Dios reprueba,
pero honra al que teme al Señor;
al que cumple lo prometido
aunque salga perjudicado;

  1. Desprecias al que Dios reprueba; a los pecadores descarriados. El vil es menospreciado a tus ojos. ¡Eso es realmente difícil con todo lo que hay en internet y la tele hoy en dia! _____
  2. Honras al que teme al Señor y lo sigue fielmente. No solo llamarse cristiano, sino honrarlo con su vida y seguir a Jesús diariamente. _____
  3. Cumples lo prometido aunque salgas perjudicado. Eres hombre o mujer de palabra. Aun jurando en daño tuyo, no por eso cambias. _____

al que presta dinero sin ánimo de lucro
y no acepta sobornos que afecten al inocente.

  1. Prestas dinero sin ánimo de lucro, sin cobrar intereses. ¿Eres generoso? _____
  2. No aceptas sobornos que afecten al inocente para mentir acerca de él. _____

Pues, ¿cómo te fue?  No es fácil, ¿verdad? Y realmente estas cualidades son solo un poco de lo que la Biblia nos enseña que agrada a Dios. Solo con la ayuda del Espíritu Santo podemos empezar a andar así y vivir en el monte santo del Señor. ¿Cómo saldría David, viviendo en la tierra de los filisteos, con la misma prueba que él escribió aquí?

La promesa para la persona que las cumpla es hermosa:

El que así actúa no caerá jamás.

A propósito no estoy citando mucho del Nuevo Testamento, pero me siento obligado a citar 2 Pedro 1:3-11, que nos ofrece la misma promesa desde la perspectiva del Evangelio:

Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y excelencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir con devoción. Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina.

Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, los harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo y evitarán que sean inútiles e improductivos. En cambio, el que no las tiene es tan corto de vista que ya ni ve y se olvida de que ha sido purificado de sus antiguos pecados.

Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Las diferentes perspectivas de Samuel y Crónicas (Los hombres valientes de David en 1 Crónicas 12)

Ya sabemos que la historia de David es la tercera más larga de la Biblia, después de Moisés y Jesús. Así como el Deuteronomio da una imagen ligeramente diferente a los otros libros del Pentateuco y hay diferencias sutiles entre los cuatro Evangelios, hay diferencias aún más significativas entre Samuel y Crónicas. Creemos que toda la Biblia está inspirada por Dios, pero también sabemos que la personalidad del escritor se puede ver en sus libros.

Originalmente Samuel era un solo libro. Cuando la Biblia fue traducida al griego (la Septuaginta), se dividió en dos. No sabemos quién fue el autor; el libro en sí no nombra a nadie. Algunos creen que fue Zabud, el hijo del profeta Natán y un consejero personal del rey Solomon (1 Reyes 4:5). Quienquiera que haya sido, tuvo que haber vivido algún tiempo después de la muerte de Solomon (930 a.C.) y la división del reino. Varios libros registraron las historias de Samuel, Saúl y David, y el autor obviamente tuvo acceso a ellos. Al estar escrito tan cerca de las vidas de estos hombres, es una historia bastante completa.

Crónicas, por otro lado, fue escrita después del exilio, probablemente por Esdras en la segunda mitad del siglo V (a.C), y tenía muchas fuentes que ya formaban parte de las Sagradas Escrituras. Aproximadamente la mitad de Crónicas fue tomada de los libros de Samuel y Reyes. El propósito era orientar y educar a un pueblo recientemente restaurado a la tierra de Israel que había pasado muchos años en el exilio. Quería establecer una continuidad con el pasado. Como consecuencia, da mucho énfasis al templo, a Israel como el pueblo escogido de Dios, a la importancia de la Ley y los Profetas y a la esperanza de un Mesías.

Al hablar de David, el autor omite todo aquello que pudiera restarle valor a la gloriosa imagen del rey: los siete años que David reinó en Hebrón antes de unificar al reino, las guerras entre la casa de Saúl y David, los problemas con Michal (la esposa de David) o los asesinatos de Abner e Ish-Bosheth. Aún más evidente es la omisión de su pecado con Betsabé, el crimen y muerte de Amnón, la rebelión de Absalón y la huida de Jerusalén. La única nota negativa es el censo (1 Crónicas 12). Parece que el autor quiere establecer la esperanza de un rey similar en el Mesías.

A veces es difícil saber exactamente donde se colocan en la historia las partes de Crónicas. Las partes idénticas a Samuel no están incluidas en este libro. Crónicas empieza con genealogías. Con la misma precisión, el capítulo doce nombra los hombres que estaban con David en Siclag.

1 Crónicas 12

1Estos fueron los guerreros que se unieron a David en Siclag cuando este se encontraba desterrado por causa de Saúl hijo de Quis. Ellos lo ayudaron en tiempos de guerra. Eran arqueros que podían lanzar piedras y disparar flechas con ambas manos.

Cuando eres perseguido como David, cualquiera que se una a ti es una bendición. Hay algo en un hombre como David, en un varón de Dios, que atrae a otros. No a los soberbios, sino aquellos que voluntariamente se someten a alguien quien reconocen como llamado y ungido por Dios. Sus guerreros no siempre eran de orígenes impresionantes, pero lo importante es que lucharon junto a David en el campo de batalla. Eran expertos arqueros y podían disparar flechas o lanzar piedras con la mano izquierda al igual que con la derecha.

Las genealogías y listas de guerreros en la Biblia son cansinas. No es necesario leer todos los nombres, pero hay algunos detalles interesantes. Es impresionante la precisión de la historia bíblica al perseverar todos estos nombres, sus padres y de donde vivieron.

De los benjaminitas parientes de Saúl: el jefe Ajiezer y Joás, que eran hijos de Semá de Guibeá; Jeziel y Pélet hijos de Azmávet; Beracá y Jehú, oriundos de Anatot; Ismaías el gabaonita, que era uno de los treinta guerreros y jefe de ellos; Jeremías, Jahaziel, Johanán, Jozabad de Guederá, Eluzay, Jerimot, Bealías, Semarías, Sefatías el harufita; los coreítas Elcaná, Isías, Azarel, Joezer y Yasobeán, Joelá y Zebadías, hijos de Jeroán, oriundos de Guedor.

Lo interesante aquí es que no son de la tribu de Judá como David. Son benjamitas, parientes de Saúl. Su lealtad a Saúl no era grande. Tal vez las debilidades de Saúl eran evidentes para ellos.

También algunos de los gaditas se unieron a David cuando se encontraba en la fortaleza del desierto. Eran guerreros valientes, preparados para la guerra, hábiles en el manejo del escudo y de la lanza, feroces como leones y veloces como gacelas monteses. Se llamaban: Ezer, el primero; Abdías, el segundo; Eliab, el tercero; 10 Mismaná, el cuarto; Jeremías, el quinto; 11 Atay, el sexto; Eliel, el séptimo; 12 Johanán, el octavo; Elzabad, el noveno; 13 Jeremías, el décimo, y Macbanay, el undécimo. 14 Estos gaditas eran jefes del ejército; el menor de ellos valía por cien, y el mayor, por mil. 15 Fueron ellos quienes atravesaron el Jordán en el mes primero, cuando el río se desbordó por sus dos riberas, e hicieron huir a los habitantes de los valles hacia el este y el oeste.

David atrajo a hombres valientes, acostumbrados a hacer prodigios. ¡Míralos! Precisamente los que uno quiere cuando se encuentra en la situación de David:

  • Valientes
  • Preparados para la guerra
  • Hábiles en el manejo del escudo y de la lanza
  • Feroces como leones
  • Veloces como gacelas monteses

16 También algunos guerreros de las tribus de Benjamín y de Judá se unieron a David en la fortaleza. 17 David salió a su encuentro y les dijo: —Si vienen en son de paz y para ayudarme, los aceptaré; pero, si vienen para entregarme a mis enemigos, ¡que el Dios de nuestros padres lo vea y lo castigue, pues yo no soy ningún criminal!

David recibió con agrado a los guerreros que habían desertado del ejército de Saúl, pero desconfiaba de sus motivos. Los deja en las manos de Dios que los castigue si lo traicionan y lo entregan a sus enemigos.

18 Y el Espíritu vino sobre Amasay, jefe de los treinta, y este exclamó:

«¡Somos tuyos, David!
¡Estamos contigo, hijo de Isaí!
¡Tres veces deseamos la paz
a ti y a quien te brinde su ayuda!
¡Y quien te ayuda es tu Dios!»

David los recibió y los puso entre los jefes de la tropa.

Amasay es un gran guerrero, comandante de los treinta soldados más importantes de David, pero también un hombre a quien el Espíritu de Dios puede usar. Esa combinación no era muy común en aquellos días. Por desgracia, no hemos visto ninguna evidencia del Espíritu durante bastante tiempo. ¡Que bendición tener el apoyo de un hombre tan leal y guiado por el Espíritu!

20 Estos fueron los manasesitas que se unieron a David cuando este fue a Siclag: Adnás, Jozabad, Jediael, Micael, Jozabad, Eliú y Ziletay, jefes manasesitas de escuadrones de mil hombres. 21 Ayudaban a David a combatir a las bandas de invasores, pues cada uno de ellos era un guerrero valiente y jefe del ejército. 22 Y cada día se le unían más soldados a David, hasta que llegó a tener un ejército grande y poderoso.

Es como un movimiento que crece rápidamente. ¡De seiscientos hombres a escuadrones de mil hombres! No se da el número total, pero ahora David tiene un ejército grande y poderoso.

 

David mora en la tierra de los filisteos: 1 Samuel 27

1 Con todo, David pensaba: «Un día de estos voy a morir a manos de Saúl. Lo mejor que puedo hacer es huir a la tierra de los filisteos. Así Saúl se cansará de buscarme por el territorio de Israel, y podré escapar de sus manos».

¿Alguna vez has luchado la buena batalla, confiando en Dios, y parece que no habrá fin de la batalla? Has clamado a Dios, has sido obediente a su voz, has honrado a aquellos que Dios ha puesto sobre ti en autoridad. Incluso puede ser tu matrimonio. Y llegas al punto de decir basta ya. Solo quieres escapar de tu pareja y huir de la casa. Yo creo que David está a ese punto.

Hemos visto como buscada a Dios en oración y escuchado al consejo de unos sacerdotes y profetas. Hizo todo lo posible para restaurar la relación con Saúl. E incluso Saúl le pidió perdón por perseguirlo, pero luego volvió a lo mismo. Yo creo que esas palabras “huir” y “escapar” en este versículo son importantes. David está cansado. Hay veces cuando ya no queremos luchar más y enfrentar al enemigo. Queremos escapar del conflicto. Huir de la iglesia. Desaparecer. El único problema es que David va a huir al enemigo. Es como huir de una iglesia a un grupo de hechiceros. Los filisteos son el aguijón de Israel. Y esta vez no menciona nada sobre buscar a Dios. David pensaba. Podemos caer en muchos problemas si nuestra naturaleza pecaminosa piensa demasiado. ¿Y qué de su llamado a ser rey de Israel?

Acompañado de sus seiscientos hombres, David se puso en marcha y se trasladó a la tierra de Gat, donde reinaba Aquis hijo de Maoc. Tanto David como sus hombres se establecieron allí, y quedaron bajo la protección de Aquis. Cada hombre había llevado a su familia, y David tenía consigo a sus dos esposas, Ajinoán la jezrelita y Abigaíl de Carmel, la viuda de Nabal. En efecto, cuando Saúl se enteró de que David había huido a Gat, dejó de perseguirlo.

David logro lo que quería, pero está bajo la protección de un rey pagano. Como líder, sus seiscientos hombres le siguieron allá, con sus familias. Cuando un pastor de una iglesia toma la decisión, tiene que pensar bien en como impactara a todo su rebano y sus familias. A menudo la familia sufre mucho cuando nosotros tomamos una decisión indebida.

A la otra mano, podemos dar gracias a Dios por alguien que los recibió y los protegió. Un lugar seguro donde pueden establecerse después de años de andar perseguidos por las montañas y desiertos de Israel.

David le dijo a Aquis: «Si en verdad cuento con el favor de Su Majestad, le ruego que me conceda algún pueblo en el campo, y allí viviré. No tiene ningún sentido que este siervo suyo viva en la capital del reino».

Aquel mismo día Aquis le dio la ciudad de Siclag, la cual hasta hoy pertenece a los reyes de Judá.

El rey era tan amable que le dio a David una ciudad.

David vivió en territorio filisteo un año y cuatro meses. Acostumbraba salir en campaña con sus hombres para saquear a los guesureos, guirzitas y amalecitas, pueblos que durante mucho tiempo habían habitado la zona que se extiende hacia Sur y hasta el país de Egipto. Cada vez que David atacaba la región, no dejaba a nadie con vida, ni hombre ni mujer. Antes de regresar adonde estaba Aquis se apoderaba de ovejas, vacas, asnos y camellos, y hasta de la ropa que vestían. 

Suponemos que David estaba cansado de la guerra, pero parece que no. Estaba cansado de la opresión de un hombre que David no sentía la libertad para matar, dado que fue el ungido del Señor. Pero aun tenía la sangre de guerrero. No podía sentarse tranquilo con sus mujeres y cuidar un jardín. Y era despiadado. Mato a todos. No dejo a nadie para traicionarlo a Aquis. Y acumulaba muchos animales y otro botín. Y ni una vez menciona aquí al Señor. Se quedó allí hasta que murió Saúl.

10 Si Aquis le preguntaba: «¿Qué región saqueaste hoy?», David le respondía: «La del sur de Judá»; o bien: «La del sur de Jeramel»; o «La del sur, donde viven los quenitas». 11 David no dejaba con vida ni a hombre ni a mujer, pues pensaba que si llevaba prisioneros a Gat lo denunciarían por lo que estaba haciendo. Este fue su patrón de conducta todo el tiempo que estuvo en territorio filisteo. 

La verdad es que David estaba mintiendo y engañando al rey que lo trataba tan bien. Es como adopto algo del patrón de los filisteos incircuncisos.

12 Aquis, por su parte, confiaba en David y se decía: «David se está haciendo odioso a los israelitas, su propia gente. Sin duda me servirá para siempre».

Y Aquis lo creía. Y sospecho nada, pensando que David sentiría una deuda a él por su bondad.

 

Salmo 54

Este es uno de esos Salmos que claramente se identifica con un momento de la vida de David. Esto es lo que dice la Biblia hebrea: Masquil de David, cuando gente de Zif fue a decirle a Saúl: «¿No está David escondido entre nosotros?».

1 ¡Sálvame, oh Dios, por tu nombre!
¡Defiéndeme con tu poder!
¡Escucha, oh Dios, mi oración!
¡Presta oído a las palabras de mi boca!

Empieza con un clamor:

  • ¡Sálvame! ¡Rescátame! ¡Muestra quién eres! (TLA)
  • ¡Defiéndeme! El Todopoderoso tiene todo lo necesario para defender a David.
  • ¡Escucha mi oración! ¡Presta oído a mis palabras! Escucha las razones de mi boca. (RVR)

¿Hay momentos en los que parece que Dios no te escucha? ¿Hay una situación en tu vida ahora mismo tan complicada como la de David? ¿Crees que el Señor puede rescatarte y defenderte con su poder?

Pues gente extraña se levanta contra mí;
gente violenta procura matarme,
sin tener en cuenta a Dios.
 Selah

¿No cree David que Dios ya sabe esto? Yo creo que sí. Pero es parte del proceso en un tiempo de angustia compartir tu temor y prueba con el Señor. Él describe a sus enemigos (especialmente a Saúl) como:

  • Extraños. (Desconocidos, arrogantes)
  • No les importa Dios en lo más mínimo.

¿Qué experiencia has tenido con gente como estos enemigos de David? A veces podemos pensar que vivimos en días muy oscuros, y así es. Pero a lo largo de la historia siempre ha habido personas a las que no les importa Dios.

Pero Dios es mi socorro;
el Señor es quien me sostiene.

Hará recaer el mal sobre mis enemigos.
Por tu fidelidad, Señor, ¡destrúyelos!

Aquí habla de Dios en tercera persona. Confiesa su confianza en el Señor y termina con una simple petición: ¡Destruye a mis enemigos! Hay cuatro cosas que le dan confianza y descanso a David:

  • Dios es su socorro, auxilio y apoyo. David no confía en ningún hombre, porque son muy pocos los que le ofrecen ese socorro.
  • Es Dios quien sostiene su alma y su vida.
  • Dios es fiel a su palabra y a su promesa.
  • Así Dios hará recaer el mal sobre sus enemigos.

Te presentaré una ofrenda voluntaria
y alabaré tu nombre, Señor, porque es bueno;
pues me has librado de todas mis angustias
y mis ojos han visto la derrota de mis enemigos.

David ya ha visto muchos milagros. Dios ha sido muy fiel con él. Qué triste que en esta formación de un rey, en este proceso, su vida haya estado llena de angustias y enemigos. Pero Dios lo ha librado de todas esas angustias, y lo mismo hará contigo. Así que David responderá con una ofrenda (posiblemente a los sacerdotes o profetas del país, porque no hay templo), o puede ser un sacrificio, como lo manda la ley de Moisés. Y cantará alabanzas a su nombre. ¿Ha sido bueno Dios contigo? ¿Sería este un momento para ofrecer un sacrificio de alabanza al Señor?

Victorioso, perseguido y animado: 1 Samuel 23

1 Los filisteos atacaron la ciudad de Queilá y saquearon los graneros. Cuando David se enteró de lo sucedido, consultó al Señor: —¿Debo ir a luchar contra los filisteos?

—Ve —respondió el Señor—, lucha contra los filisteos y libera a Queilá.

¿Notas algo interesante en estos versículos? Es la primera vez que dice que David consultó al Señor. ¿Es esto simplemente algo que el escritor se negó a incluir antes? ¿O refleja un crecimiento en la vida espiritual del joven? Sabemos que David tenía una relación con Dios a través de sus Salmos, pero hasta ahora no hay ninguna indicación de que buscara la dirección del Señor en las muchas luchas que estaba experimentando. Había consultado a Ajimélec, pero me parece que ha llegado a un punto donde se dio cuenta de la necesidad de ser guiado por Dios en cada decisión. Era una cuestión de vida o muerte.

Lo que me impresiona es la respuesta inmediata y clara que recibió David. ¿Te gustaría tener ese tipo de comunicación con el Señor? ¡Claro que sí! Pero nos presenta con un dilema: ¿Estoy listo a entregarle el control de mi vida a Dios? ¿O, honestamente, suelo hacer las cosas a mi manera? ¿Estoy dispuesto a obedecer lo que el Señor dice? Creo que él está más dispuesto a guiarnos claramente si sabe que actuaremos conforme a su voluntad. Y, por más hermoso sería tener este tipo de diálogo con Dios, ¿no tenemos algo aún mejor con el Espíritu Santo morando dentro de nosotros?

Su pregunta al Señor revela algo más acerca de David. ¿Por qué le importa que los filisteos ataquen una ciudad que no tiene nada que ver con David? Porque Dios ya está formando en él un corazón de rey. No puede ignorar un ataque a cualquier pueblo de su territorio. No está pensando en su comodidad. Tiene que defender a su pueblo y dar el mensaje a los filisteos de que ya no pueden saquear su país. Y la respuesta del Señor es “Ve, lucha.”

Pero hay un problemita. Es un problema que cualquier líder enfrenta. Un pastor puede recibir una clara dirección para una guerra espiritual o una campaña evangelística, pero tal vez su congregación no quiera salir de su zona de confort. Lo mismo con un padre de familia, o el líder de un país. En este caso David ni siquiera tenía un ejército. Tenía ese grupo de unos 400 descontentos. ¿Cómo responderán?

Pero los soldados le dijeron a David: —Si aun aquí en Judá vivimos con miedo, ¡cuánto más si vamos a Queilá para atacar al ejército filisteo!

El temor es poderoso. Ellos no tienen la misma fe ni la misma relación con Dios. Viven con miedo, y sería aún peor enfrentarse a un ejército poderoso como los filisteos. Puede ser un shock para un líder joven, cuando llega entusiasmado y lleno de fe, y sus soldados no lo apoyan. Algunos simplemente abandonarían la lucha. Volverían a sus rebaños y a su vida diaria. Se acomodarían al enemigo. ¿Qué hará David? Será una prueba importante de su fe y su liderazgo.

David volvió a consultar al Señor, y él le respondió: —Ponte en camino y ve a Queilá, que voy a entregar en tus manos a los filisteos.

A veces el Señor puede reprender a alguien que duda la palabra que ha recibido, pero Dios también nos conoce y es misericordioso. Él sabe que David apenas está empezando como líder. Me recuerda lo que el Señor le dijo a Moisés (Éxodo 3 y 4). Repite la primera instrucción, pero también le da una promesa de victoria. Con esa confianza de que Dios los entregará en sus manos, David es capaz de convencer a sus soldados para que luchen.

Así que David y sus hombres fueron allá y lucharon contra los filisteos, derrotándolos por completo. David se apoderó de los ganados de los filisteos y rescató a los habitantes de la ciudad. 

Según su promesa, Dios los entregó en sus manos. No significa que no haya habido batalla. Ellos pelearon. El coraje y la valentía de David son evidentes. Los derrotó y rescató a la gente de la ciudad. Esas victorias fortalecen nuestra fe y nos preparan para batallas más fuertes.

Ahora bien, cuando Abiatar hijo de Ajimélec huyó a Queilá para refugiarse con David, se llevó consigo el efod.

Esta es una nota interesante. Cuando Saúl mató a los sacerdotes de Nob, Abiatar escapó, junto con el efod, un símbolo muy importante de la presencia de Dios. Ahora él fue a la misma ciudad que David liberó, y se refugió con David. Ahora David tiene un sacerdote como parte de su compañía de hombres con historias complicadas.

Saúl persigue a David

Cuando le contaron a Saúl que David había ido a Queilá, exclamó: «¡Dios me lo ha entregado! David se ha metido en una ciudad con puertas y cerrojos, y no tiene escapatoria». 

Lo que David hizo con valentía y cuidado de sus compatriotas, dirigido y bendecido por Dios, Saúl lo recibe como una oportunidad dada por el Señor para matarlo. Es interesante cómo dos personas supuestamente conocedoras de Dios pueden interpretar algo de maneras completamente diferentes. Nuestros deseos y emociones pueden influir fuertemente en cómo discernimos una situación que parecer originarse con Dios.

Entonces convocó a todo su ejército para ir a combatir a David y a sus hombres, y sitiar la ciudad de Queilá.

Esta vez Saúl no está jugando. Está decidido a eliminar a David, y va a sitiar la ciudad con todo su ejército. ¿Hay alguna esperanza para David?

David se enteró de que Saúl tramaba su destrucción. Por tanto, le ordenó a Abiatar que le llevara el efod. 

David se lo toma en serio. Ya conoce a Saúl, pero no se desmaya. Ya sabe que Dios es su fortaleza, y ya tiene un sacerdote con el efod. Fácilmente puede creer que Dios está de su lado, y tendría razón. Y no solo confía en el efod, sino que ya tiene esa relación personal con el Señor.

10 Luego David oró: —Oh Señor, Dios de Israel, yo, tu siervo, sé muy bien que por mi culpa Saúl se propone venir a Queilá para destruirla. 11 ¿Me entregarán los habitantes de esta ciudad en manos de Saúl? ¿Es verdad que Saúl vendrá, según me han dicho? Yo te ruego, Señor, Dios de Israel, que me lo hagas saber.

Nuevamente, como en el caso de Nob, David se culpa a sí mismo. Liberó a Queilá de los filisteos, pero ahora el rey mismo destruirá la ciudad. David le pide a Dios que le dé a conocer los planes malvados de Saúl. Está firme en su identidad como el siervo del Señor, y confía en la palabra de su Maestro.

—Sí, vendrá —le respondió el Señor.

Breve y dulce. Pero el Señor no responde a sus otras preguntas ni le da consejos ni promesas. ¿Tiene David la perseverancia para preguntarle nuevamente? Cuándo tu no obtienes una respuesta la primera vez, ¿perseveras hasta obtener una respuesta del Señor? ¿Está Dios complacido con esa perseverancia?

12 David volvió a preguntarle: —¿Nos entregarán los habitantes de Queilá a mí y a mis hombres en manos de Saúl?

Y el Señor le contestó: —Sí, los entregarán.

¿Es esa la gratitud que recibe David por arriesgar su vida y el apoyo de sus hombres para salvar Queilá de los filisteos y rescatar su ganado? Dios ya sabe cómo responderán. Egocéntricos. Para salvar sus vidas y su ciudad del gran ejercito de Saúl. Lamentablemente, muchas personas tienen poca memoria y no son fieles a gente que las ha ayudado.

13 Entonces David y sus hombres, que eran como seiscientos, se fueron de Queilá y anduvieron de un lugar a otro. Cuando le contaron a Saúl que David se había ido de Queilá, decidió suspender la campaña.

David no consultó más al Señor, y Dios no le dio ningún consejo ni promesa. A veces es sentido común. Si David confía en la palabra del Señor y en su conocimiento, y si no le da ninguna promesa de victoria, es hora de huir del lugar. No es cobardía sino sabiduría. Y David logró algo que era muy importante para él: la salvación de la ciudad. Saúl ya no tiene motivos para sitiarla.

14 David se estableció en los refugios del desierto, en los áridos cerros de Zif. Día tras día Saúl lo buscaba, pero Dios no lo entregó en sus manos.

Estos refugios estaban tan aislados que sería casi imposible para Saúl encontrarlo allí. Zif estaba al sur de Hebrón, un lugar muy conocido por David. Dios frustra los esfuerzos de Saúl. El rey dedica mucho tiempo y energía a buscar a David.

Jonatan anima a David

15 Estando David en Hores, en el desierto de Zif, se enteró de que Saúl había salido en su busca con la intención de matarlo. 16 Jonatán hijo de Saúl fue a ver a David en Hores, y lo animó a seguir confiando en Dios. 17 «No tengas miedo —le dijo—, que mi padre no podrá atraparte. Tú vas a ser el rey de Israel, y yo seré tu segundo. Esto, hasta mi padre lo sabe». 18 Entonces los dos hicieron un pacto en presencia del Señor, después de lo cual Jonatán regresó a su casa y David se quedó en Hores.

En medio de esta difícil situación, Dios brinda un refrigerio para su alma: Una visita de su amado amigo Jonatán. Seguramente era peligroso para Jonatán traicionar a su papá de esa manera, pero ya conoce el destino de David y ya ha visto lo malvado que es su padre. Y ya tiene una visión de ser el segundo, trabajando con su amigo. Él también tiene fe en la palabra del Señor. Sabe que si Dios ha escogido a David, nada ni nadie puede desviarlo del plan del Señor. Saúl también lo sabe, lo que lo hace aún más desesperado y determinado en la carne a destruir a David. Los amigos hacen un pacto y Jonatán vuelve a casa. Tal vez fue la última vez que estuvieron juntos.

19 Los habitantes de Zif fueron a Guibeá y le dijeron a Saúl: —¿No sabe Su Majestad que David se ha escondido en nuestro territorio? Está en el monte de Jaquilá, en los refugios de Hores, al sur del desierto. 20 Cuando Su Majestad tenga a bien venir, entregaremos a David en sus manos.

¡No hay lugar seguro para David! Era muy popular entre la gente, pero ahora Dios ha permitido que los habitantes de lo que David pensaba que era un lugar seguro cooperen con Saúl para entregar a David en sus manos.

21 —¡Que el Señor los bendiga por tenerme tanta consideración! —respondió Saúl—. 22 Vayan y averigüen bien por dónde anda y quién lo ha visto, pues me han dicho que es muy astuto. 23 Infórmense bien de todos los lugares donde se esconde, y tráiganme datos precisos. Entonces yo iré con ustedes y, si es verdad que está en esa región, lo buscaré entre todos los clanes de Judá.

Saúl sigue siendo el político, y es posible que realmente piense que Dios los bendecirá por traicionar a David.

24 Los de Zif se despidieron de Saúl y volvieron a su tierra. Mientras tanto, David y sus hombres se encontraban en el desierto de Maón, en el Arabá, al sur del desierto. 25 Cuando le avisaron a David que Saúl y sus hombres venían en su búsqueda, bajó al peñasco del desierto de Maón. Al enterarse de esto, Saúl dirigió la persecución hacia ese lugar.

Es un juego de inteligencia y de estar un paso por delante de Saúl.

26 Saúl avanzaba por un costado del monte, mientras que David y sus hombres iban por el otro, apresurándose para escapar. Pero Saúl y sus hombres lo tenían rodeado. Ya estaban a punto de atraparlo, 27 cuando un mensajero llegó y le dijo a Saúl: «¡Apresúrese, Su Majestad, que los filisteos están saqueando el país!» 28 Saúl dejó entonces de perseguir a David y volvió para enfrentarse con los filisteos. Por eso aquel sitio se llama Sela Hamajlecot. 29 Luego David se fue de allí para establecerse en los refugios de Engadi.

Una vez más vemos la mano protectora de Dios sobre David. Estaba atrapado, pero Dios envía a los filisteos contra Israel y Saúl tiene que abandonar su persecución de David para otra batalla. Lo cierto es que los filisteos probablemente vieron la preocupación de Saúl por David y aprovecharon la oportunidad para invadir.

Salmo 27

Ante esta noticia devastador (la matanza de los sacerdotes de Nob), David solo puede recurrir a su Señor en busca de refugio. Es más obvio que nunca que Saúl es un monstruo, loco o está oprimido por ese espíritu maligno. Es peligroso. Gracias a Dios, David ya tenía una relación establecida con el Señor, y corre hacia él en busca de fortaleza y consuelo. Solo Dios puede quitarle la culpa que siente por la muerte de tantas personas inocentes. Esto le hace más decidido que nunca a ayudar a su país y recurrir a Dios en busca de su protección y sabiduría.

1El Señor es mi luz y mi salvación;
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida;
¿quién me asustará?

¿De quién? Para muchos, la respuesta clara es Saúl. Pero Saúl es un hombre. El Dios del universo es la luz, la salvación y el baluarte de David.

¿Quién te asusta? ¿A quién temes? ¡El Dios del universo es tu baluarte!

Cuando los malvados avanzan contra mí
para devorar mis carnes,
cuando mis enemigos y adversarios me atacan,
son ellos los que tropiezan y caen.

Sería fácil sentirse como un animal cazado. Sabe que el enemigo quiere destruirlo. Vienen contra él para atacarlo. Pero hay algo maravilloso cuando andamos con el Señor: son ellos los que tropiezan y caen. David confía en que el Señor mismo peleara por él. Que tus adversarios tropiecen y caigan cuando avancen contra ti.

Aun cuando un ejército me asedie,
no temerá mi corazón;
aun cuando una guerra estalle contra mí,
yo mantendré la confianza.

¿Eres consciente de una guerra espiritual en tu vida? ¿Sientes que un ejército del maligno te está asediando? ¿Cómo puede David decir que su corazón no temerá y que mantendrá la confianza? Solo es posible con Dios.

Una sola cosa pido al Señor
y es lo único que persigo:
habitar en la casa del Señor
todos los días de mi vida,
para contemplar la hermosura del Señor
y buscar orientación en su Templo.

¿En medio de una guerra? ¡Sí! Cuando mantenemos esa relación con el Soberano tendremos paz en la tormenta. Algunos, cuando se encuentran en la lucha, dejan de participar en la iglesia. Pueden estar tan ocupados con otras cosas que piensan que no tienen tiempo para congregarse. Pero precisamente en ese momento más necesitamos contemplar la hermosura del Señor y ser fortalecidos en la congragación con los dones de varias personas funcionando y el pastor que Dios ha ordenado orientándonos. David está huyendo de Saúl, pero aún busca esa oportunidad para adorar y buscar a su Dios con otros creyentes.

Porque en el día de la aflicción
él me resguardará en su morada;
al amparo de su santuario me protegerá
y me pondrá en alto sobre una roca.

¿Estás pasando por un día de aflicción? David ciertamente lo está. Cuando ese día llegue, si ya estamos acostumbrados a congregarnos, Dios te resguardará y te protegerá bajo el amparo de su santuario. David tiene la fe para afirmar que a pesar de los ataques, Dios lo pondrá en alto sobre una roca. Ahora sabemos que esa roca es Jesucristo. Dios te pondrá en alto sobre esa roca.

Me hará prevalecer
frente a los enemigos que me rodean;
en su santuario ofreceré sacrificios de alabanza
y cantaré y entonaré salmos al Señor.

Por un lado sus enemigos le rodean. Puede ser un sacrificio de alabanza. Puede que no tenga ganas de cantar alabanzas. Pero vale la pena hacer ese sacrificio. David, más que cualquier otro santo del Antiguo Testamento, conoce el poder de la alabanza. Cuando cantas y alabas al Señor, él te hará prevalecer sobre tus enemigos.

Oye, Señor, mi voz cuando a ti clamo;
compadécete de mí y respóndeme.
El corazón me dice: «¡Busca su rostro!».
Y yo, Señor, tu rostro busco.

A pesar de estas afirmaciones de fe, David humildemente busca el rostro de Dios y le ruega que escuche su clamor. ¿Qué significa para ti buscar el rostro del Señor?

No escondas de mí tu rostro;
no rechaces, en tu enojo, a este siervo tuyo,
porque tú has sido mi ayuda.
No me desampares ni me abandones,
Dios de mi salvación.
10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
el Señor me acogerá.

Más sorprendente aún es que David confiesa su preocupación de que Dios lo abandone o lo rechace. Por alguna razón siente que posiblemente Dios esté enojado con él. Tal vez en este caso porque se siente responsable de la muerte de estos siervos del Señor. ¿Alguna vez has sentido que Dios esconde su rostro de ti? ¿O te has sentido abandonado por Dios? Para alguien tan acostumbrado a la intimidad con Dios, eso es más aterrador que los ejércitos enemigos. David piensa en lo extremo: Un padre o una madre que abandona a su hijo. Es aún menos probable es que Dios te abandone. Dios ha sido tu ayuda, y nunca te desamparará.

11 Guíame, Señor, por tu camino;
dirígeme por la senda de rectitud,
por causa de mis enemigos.
12 No me entregues al capricho de mis adversarios,
pues contra mí se levantan testigos falsos
que respiran violencia.

Su petición es ser dirigido por sendas de rectitud. Ser guiado por el Señor. David sabe que si está en la voluntad de Dios, el Señor lo respaldará. Y tú, ¿v as por la senda de rectitud?

13 Pero de una cosa estoy seguro:
he de ver la bondad del Señor
en esta tierra de los vivientes.

Hay mucha muerte a su alrededor, pero David confía que llegará a la tierra de los vivientes. No se hablaba mucho del cielo en aquel entonces, pero ¿podría estar pensando David en el cielo? A pesar de todas las apariencias, él está completamente seguro de que verá la bondad del Señor. ¿Estás seguro de la bondad del Señor? ¿Tienes la esperanza de vida eterna?

14 Pon tu esperanza en el Señor;
cobra ánimo y ármate de valor,
¡pon tu esperanza en el Señor!

Su consejo para ti, en medio de la aflicción y los ataques del enemigo, es poner tu esperanza en el Señor. No confíes en el hombre, en las armas del mundo ni en tu propia fuerza. Aunque te sientas débil, cobra ánimo y ármate de valor. A pesar de la difícil situación en la que se encuentra David, él puede animar a otros a poner su esperanza en Dios. ¿A quién puedes animar así hoy?

 

Saúl elimina a los sacerdotes de Nob: 1 Samuel 22:6-23

¿Qué tan loco está Saúl? En el capítulo anterior vimos a David fingir estar loco. Pero con Saúl es demasiado real. Cuando alguien se obsesiona con algo, puede tomar control de él. Incluso se podría decir que abre una puerta para que el diablo lo impulse a cometer atrocidades. Ya sabemos que Saúl estaba acosado por un espíritu maligno. Obviamente al diablo, y a sus demonios, les encantaría eliminar a David. El joven no solo está corriendo por su vida, sino que también está en una batalla espiritual.

Mientras Saúl estaba sentado a la sombra de un tamarisco que había en la colina de Guibeá, se enteró de que David y sus hombres habían sido localizados.

Parece que a Saúl le gusta sentarse a la sombra de un árbol y observar lo que sucede. Allí llegarían  varias personas con noticias del país. Sobre todo, él estaba esperando noticias sobre David, y ahora ellas le han llegado. Ya tiene su lanza en la mano, listo para perseguirlo.

Tenía Saúl su lanza en la mano, y lo rodeaban todos sus oficiales, a quienes les dijo:

—¡Pongan atención, hombres de Benjamín! ¿También ustedes creen que el hijo de Isaí les va a dar tierras y viñedos, y que a todos los va a nombrar jefes de mil y de cien soldados? 

Saúl ha estado celoso de David durante algún tiempo. Está buscando una ventaja sobre su enemigo, y sabe que David no tiene los recursos para darles tierras y viñedos a esta gente. Tal vez Saúl sí los tenga, o al menos quiere dar la impresión que puede hacerlo. David no tiene un ejército para darles posiciones a estos hombres.

¡Ahora veo por qué todos ustedes conspiran contra mí, y por qué nadie me informa del pacto que mi hijo ha hecho con el hijo de Isaí! Nadie se ha tomado la molestia de avisarme que mi propio hijo instiga a uno de mis súbditos a que se subleve y me aceche, como en realidad está pasando.

Uno de los síntomas de la opresión demoniaca es la paranoia; ver todo como una conspiración en su contra. Aunque esta paranoia muchas veces tiene su raíz en algo verdadero, hay que tener cuidado con las muchas teorías conspirativas que circulan hoy en día. En este caso Saúl se había enterado del pacto que su hijo hizo con David. Para un padre, esto puede sentirse como una traición muy grave. Quizás hayas vivido una traición por parte de un familiar. En ese ambiente de temor y acusación, sus súbditos no tienen la confianza para hablar abiertamente con él.

Doeg el edomita, que se encontraba entre los oficiales de Saúl, le dijo: —Yo vi al hijo de Isaí reunirse en Nob con Ajimélec hijo de Ajitob. 10 Ajimélec consultó al Señor por David y le dio provisiones, y hasta le entregó la espada de Goliat.

Ya vimos a Doeg allí en Nob, y sospechamos que algo feo saldría de lo que vio. Hasta ahora no le había dicho nada a Saúl. No sabemos si no se dio cuenta de cómo reaccionaría Saúl, o si quería traicionar a David, pero le cuenta todo.

11 Entonces el rey mandó a llamar al sacerdote Ajimélec hijo de Ajitob, y a todos sus parientes, que eran sacerdotes en Nob. Cuando llegaron, 12 Saúl le dijo: —Escucha, hijo de Ajitob.

—Diga, mi señor —respondió Ajimélec.

13 —¿Por qué tú y el hijo de Isaí conspiran contra mí? —le reclamó Saúl—. Le diste comida y una espada. También consultaste a Dios por él para que se subleve y me aceche, como en realidad está pasando.

Ajimélec no sospecha ningún peligro. No cree haber hecho nada malo. Saúl mezcla la verdad con una mentira y lo condimenta con su paranoia, acusando al hombre de Dios de conspiración.

14 Ajimélec le respondió al rey: —¿Quién entre todos los oficiales del rey es tan fiel como su yerno David, jefe de la guardia real y respetado en el palacio? 15 ¿Es acaso esta la primera vez que consulto a Dios por él? ¡Claro que no! No debiera el rey acusarnos ni a mí ni a mi familia, pues de este asunto su servidor no sabe absolutamente nada.

Ajimélec dice la verdad, y agrega un detalle más. Parece que David estaba acostumbrado a buscar una palabra de Dios del sacerdote. Él, y probablemente la mayor parte del país, veían a David como un hombre ejemplar, respectado por todos. Lamentablemente, un hombre como Saúl no puede recibir la verdad. Escucha atentamente lo que alguien dice, y se lento para acusar o atacar a la persona. Es mejor investigar el asunto un poco más y llevarlo al Señor.

16 —¡Te llegó la hora, Ajimélec! —replicó el rey—. ¡Y no solo a ti, sino a toda tu familia!

17 De inmediato el rey ordenó a los guardias que lo acompañaban: —¡Maten a los sacerdotes del Señor, que ellos también se han puesto de parte de David! Sabían que estaba huyendo, y sin embargo no me lo dijeron.

Pero los oficiales del rey no se atrevieron a levantar la mano en contra de los sacerdotes del Señor. 18 Así que el rey le ordenó a Doeg: —¡Pues mátalos tú!

Llama la atención que los guardias del rey no quisieron participar en esta masacre, pero el edomita no tiene el mismo temor de Dios.

Entonces Doeg el edomita se lanzó contra ellos y los mató. Aquel día mató a ochenta y cinco hombres que tenían puesto el efod de lino. 19 Luego fue a Nob, el pueblo de los sacerdotes, y mató a filo de espada a hombres y mujeres, a niños y recién nacidos, y hasta a los bueyes, asnos y ovejas.

Muchos se centran en los ochenta y cinco sacerdotes que murieron ese día, pero todo el pueblo fue aniquilado. Parece que Doeg tenía a alguien que lo ayudaba, porque fueron muchos que murieron.

20 Sin embargo, un hijo de Ajimélec, llamado Abiatar, logró escapar y huyó hasta encontrarse con David. 21 Cuando le informó que Saúl había matado a los sacerdotes del Señor, 22 David le respondió:

—Ya desde aquel día, cuando vi a Doeg en Nob, sabía yo que él le avisaría a Saúl. Yo tengo la culpa de que hayan muerto todos tus parientes. 23 Pero no tengas miedo. Quédate conmigo, que aquí estarás a salvo. Quien quiera matarte tendrá que matarme a mí.

David se siente mal, y culpable. Dada la situación, ya sabía que Doeg hablaría con Saúl, y no hizo nada para detenerlo. Ya está viendo más de la inestabilidad mental y emocional de Saúl y lo lejos que estaba de Dios.

Abiatar trajo consigo el efod, una prenda sacerdotal, un chaleco con mangas hecho de lino, que contenía el Urim y el Tumim, dos objetos que David usaba para consultar al Señor. Abiatar sirvió como sumo sacerdote hasta que Salomón lo destituyó en la rebelión de Adonías (Fue así como, al destituir Salomón a Abiatar del sacerdocio del Señor, se cumplió la palabra que el Señor había pronunciado en Siló contra la familia de Elí. 1 Reyes 2:27, ve 1 Samuel 2:31-35).

Así se cumplió la maldición sobre la familia de Elí, a causa de su fracaso como padre, y la situación de David se vuelve aún más complicada. Más que nunca, él necesita sabiduría y la dirección del Señor en su vida.

 

 

Salmo 34

Este Salmo dice explícitamente que David lo compuso cuando fingió estar demente ante Ajimélec. En medio de todo ese problema, David de alguna manera alaba al Señor y se acerca a él. Y no solo compuso el Salmo, sino que le puso mucha reflexión, ya que es escrito siguiendo el alfabeto hebreo.

Álef

1 Bendeciré al Señor en todo tiempo;
lo alabarán siempre mis labios.

Bet

Mi alma se gloría en el Señor;
lo oirán los humildes y se alegrarán.

Guímel

Engrandezcan al Señor conmigo;
exaltemos a una su nombre.

David se encuentra en una situación muy complicada, pero inicia declarando que pase lo que pase, su alma se gloria en el Señor. No en sus circunstancias. E invita a todos a unirse a él en sus alabanzas, exaltando unánimes al Señor.

¿Cómo es la vida para ti ahora? ¿Tan complicada como la vida de David? ¿Puedes todavía bendecir al Señor? ¿Te congregas con otros creyentes para exaltar a una su nombre?

Dálet

Busqué al Señor y él me respondió;
me libró de todos mis temores.

He

Los que lo miran están radiantes;
jamás su rostro se cubre de vergüenza.

Zayin

Este pobre clamó, el Señor lo oyó
y lo libró de todas sus angustias.

Un testimonio que millones pueden afirmar: Cuando buscas al Señor, él te responderá. Si clamas al Señor, él te oirá. Aquellos que miran al Señor reflejan su hermosura. Están radiantes. Ese rostro nunca se cubrirá de vergüenza. David lo experimentó en una prueba muy fuerte. La promesa de Dios cuando haces estas cosas es que él te librará de todos tus temores y de todas tus angustias. ¿Cuáles son tus temores y angustias? ¿Estás buscando y clamando al Señor? ¿O solo puedes ver la circunstancia?

Lo realmente difícil que todo creyente experimenta a veces es estar angustiado, clamar a Dios y buscar su rostro, y no sales radiante. Sientes que el Señor no te escucha. Estás estancado en tus angustias y temores. Más adelante en el Salmo veremos algunas posibles explicaciones, pero a veces tenemos que andar por pura fe, sin ver ninguna respuesta. En ese momento el testimonio de otros, como el de David aquí, nos anima y nos da la esperanza de que Dios si actuará a nuestro favor.

Jet

El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen;
a su lado está para librarlos.

Tet

Prueben y vean que el Señor es bueno;
dichosos los que se refugian en él.

Yod

Teman al Señor, ustedes sus santos,
pues nada les falta a los que le temen.

Caf

10 Los leoncillos se debilitan y tienen hambre,
pero a los que buscan al Señor nada les falta.

Hay más. Los beneficios del Señor siguen aumentándose. Dios es bueno. Él te libra de tus temores. Pero hay uno a lo que debes temer: Comprende su grandeza y tenle reverencia. Aquí hay dos promesas para quien teme a Dios: Su ángel acampa en tu torno. Siempre está a tu lado para librarte. Y nada te faltará. ¡Refúgiate en Dios! ¡Estarás dichoso! ¿Cómo está tu temor de Dios? ¿Has probado a Dios? ¿Puedes testificar que él es bueno?

Los grandes guerreros y los leoncillos se debilitan y tienen hambre. No eres el único que a veces se siente débil. Pero el Señor siempre te cuida. La Biblia está llena de promesas, y esta promesa de que nada te faltará es una hermosa a la que aferrarte.

Lámed

11 Vengan, hijos míos, y escúchenme
que voy a enseñarles el temor del Señor.

Mem

12 El que ama la vida
y desea ver muchos días felices,

Nun

13 que refrene su lengua de hablar el mal
y sus labios de proferir engaños;

Sámej

14 que se aparte del mal y haga el bien;
que busque la paz y la siga.

David ofrece otra invitación a quienes aman la vida y desean ver muchos días felices. ¿Eres uno de ellos? David quiere enseñarte lo que significa el temor del Señor. Estás son decisiones que tú puedes tomar ahora mismo: Refrena tu lengua de hablar el mal y tus labios de proferir engaños. Apártate del mal (arrepiéntete) y haz el bien. Y busca la paz con Dios y con todos los demás, y síguela. Si todavía estás andando en esos pecados, esa puede ser la razón por la que Dios no te ha librado de tus temores y angustias, y no tienes un rostro radiante.

Si ya has experimentado estas bendiciones del Señor, ¿puedes enseñar a otros el temor de Dios?

Ayin

15 Los ojos del Señor están sobre los justos,
y sus oídos, atentos a sus clamores;

Pe

16 pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal,
para borrar de la tierra su memoria.

Tsade

17 Los justos claman, el Señor los oye
y los libra de todas sus angustias.

Qof

18 El Señor está cerca de los quebrantados de corazón,
y salva a los de espíritu abatido.

Resh

19 Muchas son las angustias del justo,
pero el Señor lo librará de todas ellas;

Shin

20 le protegerá todos los huesos
y ni uno solo le quebrarán.

Tav

21 La maldad destruye a los malvados;
serán condenados los enemigos de los justos.
22 El Señor libra a sus siervos;
no serán condenados los que en él se refugian.

¡Qué contraste hay entre los justos y los malvados! Su propia maldad destruye al malvado. Dios condena a los enemigos de los justos. Su rostro está contra los malhechores. Su deseo es borrar su memoria de la tierra. ¿Te gustaría borrar de la tierra la memoria de algunos malvados?

Una vez más vemos que la liberación del temor y la angustia no es automática. ¿Andas en justicia? ¿O haces el mal? Este sería un buen momento para arrepentirte y alejarte el pecado.

Clama al Señor y busca tu refugio en él. No te condenará. David sabe muy bien que los justos no están libres de angustias, pero el Señor te librará de todas ellas.

¿Estás quebrantado de corazón? ¿Con el espíritu abatido? El Señor está muy cerca de ti. Te protegerá y te salvará. Acércate a él y deja que su Espíritu te sane y consuele.

David el Mentiroso, el Loco y el Fugitivo: 1 Samuel 21:1-22:5

Cuando David dejó a su amigo, ya sabía que no podía regresar al palacio. Incluso la casa de su padre en Belén seria peligrosa. No se menciona a Mical ni cómo se sentía al dejar a su esposa. No parece muy angustiado por ella. Él fue directo a Nob, un pueblo al noreste de Jerusalén y al sur de Guibeá. Después de la destrucción de Silo, el tabernáculo que Moisés construyó en el desierto se encontraba allí.

¿Por qué Nob? El versículo siete dice que era un santuario, un centro del culto, con un sacerdote que ya conocía a David. Esta es la primera vez que aparece este Ajimélec en la Biblia. Era descendiente del sacerdote Elí. Como Nairot de Ramá, Nob era un centro de la vida espiritual del país. Allí vivían unos 85 sacerdotes (1 Samuel 22:17-18), y allí estaban el efod y la mesa de los panes consagrados.

1 Cuando David llegó a Nob, fue a ver al sacerdote Ajimélec, quien al encontrarse con David se puso nervioso.  —¿Por qué vienes solo? —le preguntó—. ¿Cómo es que nadie te acompaña?

No era común viajar solo en aquellos días, y el sacerdote sospechó que algo andaba mal. No solo se puso nervioso, Ahimelec vino tembloroso al encuentro de David (LBLA).

David le respondió: —Vengo por orden del rey, pero nadie debe saber a qué me ha enviado ni cuál es esa orden. En cuanto a mis hombres, ya les he indicado dónde encontrarnos. ¿Qué provisiones tienes a mano? Dame unos cinco panes, o algo más que tengas.

¡Otra mentira! ¡De David! Dice que hay una orden, pero no puede divulgarla. Tampoco puede decir nada sobre esta visita. Es obvio que solo viene en busca de pan. Lástima que no pida oración ni consejo al sacerdote. Posiblemente miente para proteger al sacerdote, quien puede decir honestamente que no sabía nada sobre la situación de David.

—No tengo a la mano pan común y corriente —le contestó el sacerdote—. Podría darte el pan consagrado, si es que tus hombres se han abstenido por lo menos de estar con mujeres.

¿Qué es el pan consagrado? El pan del lugar santo en el tabernáculo, que era una ofrenda de agradecimiento y un símbolo de la provisión diaria de pan de Dioa. La Ley (Levítico 24:9) dice que solo un sacerdote puede comerlo, pero Jesús dijo:

¿No han leído lo que hizo David en aquella ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre?  Entró en la casa de Dios; él y sus compañeros comieron los panes consagrados a Dios, lo que no se les permitía a ellos, sino solo a los sacerdotes. (Mateo 12:3-4)

Voy a hacerles una pregunta: ¿Qué está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal?, ¿salvar una vida o destruirla? (Lucas 6:9)

Cristo no condena a David por comer el pan. No es tan rígido como los judíos en su interpretación y aplicación de la Ley.

David respondió: —Te aseguro que, como es la costumbre cuando salimos en una expedición, no hemos tenido contacto con mujeres. Además, mis hombres se consagran incluso en expediciones ordinarias, así que con más razón están consagrados ahora.

¿David realmente tenía a otros hombres con él? Toda la evidencia en este capítulo es que andaba solo. Una mentira conduce a otra.

Tener relaciones con una mujer le hace a un hombre impuro hasta el anochecer (Levitico 15:18). Solo si abstiene de relaciones se puede comer este pan. Abstenerse antes de una expedición sería una manera de prepararse espiritualmente para una batalla.

Por tanto, el sacerdote le entregó a David el pan consagrado, ya que no había otro. Era el pan de la Presencia que había sido quitado de delante del Señor y reemplazado por el pan caliente del día.

Aquel día estaba allí uno de los oficiales de Saúl, que había tenido que quedarse en el santuario del Señor. Se trataba de un edomita llamado Doeg, que era jefe de los pastores de Saúl.

David tiene su pan, pero hay un inconveniente: Por casualidad, el jefe de los pastores de Saúl se encontraba allí. Cuando andamos en mentiras y engaños, siempre existe la posibilidad de que alguien nos vea.

Más tarde, David le preguntó a Ajimélec: —¿No tienes a la mano una lanza o una espada? Tan urgente era el encargo del rey que no alcancé a tomar mi espada ni mis otras armas.

Otra mentira. David no salió inmediatamente con el pan, sino que se quedó allí un rato, tal vez esperando el momento adecuado para pedirle al sacerdote un arma.

El sacerdote respondió: —Aquí tengo la espada del filisteo Goliat, a quien mataste en el valle de Elá. Está detrás del efod, envuelta en un paño. Puedes llevártela, si quieres. Otras armas no tengo.

—Dámela —dijo David—. ¡Es la mejor que podrías ofrecerme!

Otra coincidencia. La espada de Goliat está allí. No sé por qué David no la tenía, pero estaba guardada allí casi como botín. Tiene un sentido especial para David, y con eso se va feliz. La Biblia nunca menciona si pidió oración o buscó al Señor, ni tampoco vuelve a mencionar esa espada.

David el Loco

10 Ese mismo día David, todavía huyendo de Saúl, se dirigió a Aquis, rey de Gat. 

El viaje desde Nob hasta Aquis sería de aproximadamente 38 kilómetros (23 millas). Gat era una de las cinco ciudades más importantes de los filisteos.

11 Los oficiales le dijeron a Aquis: —¿No es este David, el rey del país? ¿No es él por quien danzaban, y en los cantos decían:

«Saúl mató a sus miles,
pero David, a sus diez miles»?

¿Acoso el Señor lo dirigió a Gat? ¿Y cómo es que ya llaman rey a David? ¿Se sabía que Samuel ungió a David? Puede ser que lo llamen así porque ya habían escuchado mucho sobre David y de la derrota de Goliat y el ejército filisteo. Cuando ya se tiene la reputación que tenía David, es difícil encontrar un lugar seguro donde esconderse.

12 Al oír esto, David se preocupó y tuvo mucho miedo de Aquis, rey de Gat. 13 Por lo tanto, fingió perder la razón y, en público, comenzó a portarse como un loco, haciendo garabatos en las puertas y dejando que la saliva le corriera por la barba.

Engaño. Mentiras. Fingir ser alguien que no eres. Es astuto, y funciona, y David obviamente no estaba demasiado preocupado por las apariencias.

14 Aquis dijo entonces a sus oficiales: —¿Pero qué, no se fijan? ¡Ese hombre está loco! ¿Para qué me lo traen? 15 ¿Acaso me hacen falta más locos, que encima me traen a este para hacer sus locuras en mi presencia? ¡Sáquenlo de mi palacio!

Su locura lo protegió, pero fue expulsado del país.

La cueva de Adulán: 1 Samuel 22

1 David se fue de Gat y huyó a la cueva de Adulán. Cuando sus hermanos y el resto de la familia se enteraron, fueron a verlo allí. Además, se le unieron muchos otros que estaban en apuros, cargados de deudas o amargados. Así, David llegó a tener bajo su mando a unos cuatrocientos hombres.

Por fin, David encuentra un lugar donde puede prepararse para las batallas venideras. Adulán estaba a 336 km (22.5 millas) al suroeste de Jerusalén. De alguna manera su familia se enteró de su ubicación. ¡Y            cuatrocientos hombres descontentos, afligidos, oprimidos y endeudados, que también tenían motivos para buscar refugio! Estos no son la crema de la cosecha. Es evidencia de lo desesperado que está David, pero también de su fe y humildad. Él acepta a cada uno y ve su potencial. Con ellos él forma una banda de guerreros. ¿Conoces hombres amargados, rechazados por el mundo? ¿Hay algo que tú puedas hacer con ellos para darles una vida útil?

De allí se dirigió a Mizpa, en Moab, y le pidió al rey de ese lugar: «Deja que mis padres vengan a vivir entre ustedes hasta que yo sepa lo que Dios quiere de mí». Fue así como dejó a sus padres con el rey de Moab, y ellos se quedaron allí todo el tiempo que David permaneció en su refugio.

Otro viaje, de unos 112 kilómetros (70 millas). Parece que sus padres también están en peligro de Saúl, y David quiere un lugar seguro para ellos. El rey de Moab era enemigo de Saúl, y la bisabuela de David (Rut) era una moabita, por lo que sería un destino natural para David.

Pero el profeta Gad le dijo a David: «No te quedes en el refugio. Es mejor que regreses a la tierra de Judá». Entonces David se fue de allí, y se metió en el bosque de Jaret.

Esta es la primera vez que vemos a David recibir consejo de un profeta. La Biblia no dice mucho sobre Gad. Era parte de la administración de Saúl. Más tarde, Gad ayudó a David con los arreglos musicales para el templo (2 Crónicas 29:25), escribió una historia del reinado de David (1 Crónicas 29:29) y confrontó a David sobre su pecado con el censo (2 Samuel 24:11-25)

Este bosque probablemente estaría en las montañas al sur de Jerusalén, casi llegando a las llanuras de los filisteos.

Para alguien escogido por Dios, ungido y con un corazón conforme al corazón de Dios, estos capítulos parecen extraños. El rey quiere matarlo. Tiene que huir, mentir y engañar. Su “pandilla” eran los marginados y rechazados por la sociedad. Tiene que mendigar pan y un arma. No parece que Dios lo esté prosperando.

Salmo 31

¡Qué mezcla de emociones cuando David dejó a Jonatán! Sabía que nunca podría volver al palacio. Sería muy complicado ver a su amigo. Se sintió fortalecido después de llorar y desahogarse con Jonatán. Estaba muy consciente de la presencia de su Dios, y aunque no sabía exactamente qué hacer, tal vez esa misma noche, solo, bajo las estrellas, cantó este Salmo a su Señor.

1 En ti, Señor, busco refugio;
jamás permitas que me avergüencen.
Por tu justicia, líbrame.

A pesar de la promesa de Jonatán, David aún sabe que Saúl no dejará de perseguirlo. Él confía en su Dios, que su Señor lo sabe todo y es justo. Por eso con toda confianza le pide que le libere, y que no quede avergonzado delante de Saúl y sus compañeros. Habría lugares seguros para David, pero él sabe que Dios es su único refugio verdadero, y a él corre David una y otra vez.

Inclina a mí tu oído
y acude pronto a socorrerme.
Sé tú mi roca de refugio,
la fortaleza de mi salvación.
Guíame, pues eres mi roca y mi fortaleza,
dirígeme por amor a tu nombre.
Líbrame de la trampa que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
En tus manos encomiendo mi espíritu;
líbrame, Señor, Dios de la verdad.

Empieza el Salmo pidiendo a Dios que lo librara. Declara que él es su refugio y hace algunas peticiones a Dios. ¿Cómo se comparan con tus peticiones al Señor cuando estás en un lugar difícil?

  • Inclina a mí tu oído: Cuando nos acercamos a Dios con sinceridad, siempre tenemos su oído. Pero es una manera de decirle: “¡Escúchame! ¡Mi vida depende de ti!”
  • Acude pronto a socorrerme. ¡No puedo esperar mucho más! ¿Quién más puede socorrerlo?
  • Sé mi roca de refugio: Un refugio es un lugar donde esconderse, pero también algo fuerte, una roca.
  • Esa roca es la fortaleza de su salvación. ¿Es tu salvación esa roca y fortaleza para tu vida?
  • Siendo él su roca y fortaleza, David le pide que le guíe.
  • Le encaminará; quiere ser dirigido por amor a su nombre.
  • Reconoce la trampa; repite de nuevo: ¡Líbrame de ella!
  • La tercera vez: ¡Dios es su refugio!
  • Al pedirle todas esas cosas, puede descansar, encomienda su espíritu en sus manos y hace algunas afirmaciones de su fe.

Odio a los que adoran ídolos vanos;
yo, por mi parte, confío en ti, Señor.
Me alegro y me regocijo en tu amor,
porque tú has visto mi aflicción
y conoces las angustias de mi alma.
No me entregaste al enemigo,
sino que me pusiste en lugar espacioso.

Reflexionar sobre la fidelidad y bondad de Dios en el pasado le da confianza para el futuro. Dios ha estado íntimamente involucrado en su vida. ¿Te alegras y te regocijas en el amor de Dios? ¿Rechazas todo ídolo vano para confiar solo en el Señor? ¿Sabes que Dios ha visto tu aflicción y conoce las angustias de tu alma? Él no te entregará a tu enemigo. A pesar de sus dificultades actuales, David puede decir que Dios lo ha puesto en lugar espacioso. ¿Crees que Dios hará lo mismo por ti, si tienes la misma fe?

A menudo pensamos que un discípulo de Jesucristo debe estar libre de angustia y aflicción, pero lamentablemente son parte de la vida en este mundo, incluso para un gran hombre como David.

Tenme compasión, Señor, que estoy angustiado;
el dolor debilita mis ojos,
mi alma y mi cuerpo.
10 La vida se me va en angustias
y los años en lamentos;
la aflicción está acabando con mis fuerzas
y mis huesos se van debilitando.
11 Por causa de todos mis enemigos,
soy motivo de desprecio para mis vecinos;
soy un espanto para mis amigos;
de mí huyen los que me encuentran en la calle.
12 Me han olvidado, como si hubiera muerto;
soy como una vasija hecha pedazos.
13 Son muchos a los que oigo murmurar:
«Hay terror por todas partes».
Se han confabulado contra mí
y traman quitarme la vida.

A pesar de su fe, la vida es muy dura ahora. Sí, es posible tener esa relación con Dios, ser un hombre conforme al corazón de Dios, y aún sufrir así. David está en un lugar muy duro, posiblemente años después de la muerte de Saúl. Puede que ya fuera rey, con un palacio y un gran ejército. Pero una y otra vez, Saúl y otros han conspirado para quitarle la vida. ¿Te das cuenta de cómo el enemigo ha querido quitarte la vida? Mira las maneras en las que David expresa su gran angustia:

  • El dolor (¿físico? ¿emocional?) debilita sus ojos, su alma y su cuerpo. El dolor emocional puede afectar gravemente la salud física.
  • Su vida se le va en angustias.
  • Años le han pasado en lamentos.
  • Es motivo de desprecio para sus vecinos y un espanto para sus amigos; huyen de él en la calle.
  • Se siente olvidado, como una vasija hecha pedazos.

14 Pero yo, Señor, en ti confío,
y digo: «Tú eres mi Dios».
15 Mi vida entera está en tus manos;
líbrame de mis enemigos y perseguidores.
16 Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo;
por tu gran amor, sálvame.
17 Señor, no permitas que me avergüencen,
porque a ti he clamado.
Que sean avergonzados los malvados
y silenciados en el sepulcro.
18 Que sean silenciados sus labios mentirosos,
porque hablan contra los justos
con orgullo, desdén e insolencia.

No es pecado expresar tu angustia. Pero luego vuelve al Señor, declara que es tu Dios y entrega tu vida en sus manos. Sigue clamando a él, que su rostro resplandezca sobre ti y que conozcas su gran amor para salvarte. David pide al Señor que juzgue a los malvados y mentirosos, que sean silenciados en el sepulcro. Hay quienes hablan con orgullo, desdén e insolencia. Dios los juzgará.

19 ¡Cuán grande es tu bondad!
La reservas para los que te temen,
y a la vista de la gente la derramas
sobre los que en ti se refugian.
20 Al amparo de tu presencia los proteges
de las intrigas humanas;
en tu morada los resguardas
de las lenguas contenciosas.

21 Bendito sea el Señor,
pues mostró su gran amor por mí
cuando me hallaba en una ciudad sitiada.
22 En mi angustia llegué a decir:
«¡He sido arrojado de tu presencia!».
Pero tú oíste mi voz suplicante
cuando te pedí que me ayudaras.

23 Amen al Señor, todos sus fieles;
él protege a los dignos de confianza,
pero a los orgullosos les da su merecido.
24 Cobren ánimo y ármense de valor,
todos los que en el Señor esperan.

Como muchos de sus salmos, este termina con David confiando y alabando al Señor. Vuelve al tema del refugio que Dios es para él. Confía en la bondad, la protección y el gran amor de Dios. Lo que Dios hizo por David, él cree que lo hará para otros. ¿Esperas en el Señor? Cobra ánimo y ármate de valor.