Mito y realidad en la prédica 1 Corintios 2:1-7, 14

1Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado. Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo. No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios.En cambio, hablamos con sabiduría entre los que han alcanzado madurez, pero no con la sabiduría de este mundo ni con la de sus gobernantes, los cuales terminarán en nada. Más bien, exponemos el misterio de la sabiduría de Dios, una sabiduría que ha estado escondida y que Dios había destinado para nuestra gloria desde la eternidad. 14 El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente.

¿Era Pablo un buen predicador? Según la cantidad de gente que vino a Cristo, las iglesias que él estableció y el impacto duradero de sus escritos, parece que la respuesta tiene que ser “sí.” Sin embargo, parece que este capítulo viola nuestro concepto de la buena predicación. ¿Tal vez nosotros lo tengamos mal? Aquí están algunos de los mitos comunes, y la realidad, según Pablo.

Mito: Es importante presentarse confiado, estar bien preparado y con palabras poderosas.

RealidadMe acerqué a ustedes en debilidad: con timidez y temblor (verso 3, NTV).

Me parece extraño que Pablo tuviera tal debilidad. Algunos han dicho que fue por alguna enfermedad. ¿Hay veces que tienes miedo de predicar, o aun de evangelizar a tu vecino? ¡Está bien! ¡Recuerda a Pablo predicando a los corintios y temblando de miedo! ¡Pero no dejes que ese temor te impida predicar!

Mito: Hay mucha competencia entre las iglesias, y muchos ven a grandes predicadores en la televisión, así que tenemos que predicar con gran elocuencia o vamos a perder a nuestra audiencia.

RealidadY mi mensaje y mi predicación fueron muy sencillos. En lugar de usar discursos ingeniosos y persuasivos, confié solamente en el poder del Espíritu Santo (verso 4, NTV).

¿Cuál prefieres? Claro que es bueno preparar un mensaje y comunicarlo bien, pero lo más importante es la demostración del poder del Espíritu. Todas las predicaciones registradas en Hechos son muy simples. Escucha otra vez la predicación de grandes hombres de Dios. Son muy simples, pero con mucha demostración del poder del Espíritu. Me parece que hoy dependemos demasiado de la computadora, la pantalla y las historias. Faltan verdaderas demostraciones del poder del Espíritu. Haz tu mejor esfuerzo, pero sobre todo, busca la unción de Dios para que puedas predicar con ese poder. Eso es lo que realmente va a tocar a la gente y cambiar vidas.

Mito: La fe es algo que nosotros tenemos que fomentar y declarar para recibir algo de Dios.

Realidad: La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. Pablo predicó buscando una demostración del poder del Espíritu para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios (verso 5).

Los que quieren impartir una fe que depende de la sabiduría humana, los que llaman la atención sobre sí mismos, los que hablan de riquezas y las muchas cosas que la persona recibirá por fe, no están comunicando la verdadera fe. Pablo estaba feliz predicando en su debilidad, porque él quería que Dios recibiera toda la gloria y que el poder de Dios realmente se manifestara. Con la banda y el humo y el drama y las luces y el entretenimiento en la predicación que tenemos hoy, no hay lugar para el poder de Dios.

Mito: Todos ya han escuchado el evangelio. Tengo que traer una nueva revelación, algo único de la Biblia, si voy a atraer gente a mi iglesia.

RealidadMe propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de este crucificado (verso 2).

¡Y Pablo tenía mucho conocimiento! Claro que podemos predicar desde toda la Biblia, pero la triste realidad es que en la mayoría de las predicaciones que yo escucho hoy, el predicador habla muy poco de la Biblia, y no habla mucho de Jesús. Si queremos poder, tenemos que predicar la pura Palabra, predicar a Cristo y predicar la cruz.

Dicho eso, Pablo también dice que él habla con sabiduría entre los que han alcanzado la madurez. Pero no es la sabiduría de este mundo (la que se escucha mucho en la iglesia hoy), sino la sabiduría de Dios que tiene su enfoque en el Espíritu Santo (versos 6-7).

Mito: Si utilizo las palabras del mundo y hablo de una manera que los jóvenes entienden, ellos recibirán la palabra. Tengo que acomodarles el evangelio.

RealidadEl que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios, pues para él es locura. No puede entenderlo, porque hay que discernirlo espiritualmente (verso 14).

El predicador tiene que trabajar junto con el Espíritu Santo. Si Dios no abre los oídos de los oyentes, el mensaje será una locura. Es por eso que Jesús dijo muchas veces: El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda. Para muchos, su enseñanza era locura. Por supuesto, hay predicadores que predican locuras porque no saben lo que están predicando. Pero no te preocupes si estás predicando la pura Palabra y muchos no la reciben, incluso pueden decir que es locura. Ayuda a tu iglesia a experimentar la plenitud del Espíritu, para que ellos puedan discernir la verdad espiritualmente.

 

Un mensaje para el predicador

En Éxodo 6 el Señor le dio a Moisés un mensaje para llevar a los israelitas. ¡Que bendición tener una predica directamente de Dios! Pero ellos no la recibieron. ¿Por que? Verso 9 dice: Moisés les dio a conocer esto a los israelitas, pero por su desanimo y las penurias de su esclavitud no le hicieron caso.

¿Que enseña al predicador? Tu prediques un mensaje directamente del corazón de Dios, pero si el pueblo está desanimado y cargado con los problemas de esta vida, no te hagan caso. Todavía tenemos la responsabilidad de llevar el mensaje que Dios nos de. Pero no es tu culpa, ni la culpa del pueblo, si ellos no pueden recibirlo en ese entonces.

Luego Dios le mandó Moisés al faraón con una palabra. Pero ahora Moisés está desanimado. Verso 12 dice: Pero Moisés se enfrentó al Señor y le dijo: «¿Y como va a hacerme caso el faraón, si ni siquiera los israelitas me creen? Además, no tengo facilidad de palabra (literalmente: soy incircunciso de labios).»

Cuando el pueblo no recibe nuestro mensaje nos recuerda de nuestras debilidades. Es difícil pensar en predicando a otra iglesia, o a los inconversos, si la misma iglesia que estamos pastoreando no recibe la predica. Pero Moisés está mirando solamente a sí mismo. Es fácil para un predicador evaluar su valor por su congregación: si recibe su mensaje o no, si la iglesia crece o no. Pero Dios no condena a Moisés. Simplemente le da otra tarea aun más importante. Sabemos que no hay ningún problema con la palabra de Dios. Los israelitas simplemente están en circunstancias en las cuales no pueden oír la palabra. Si alguien está muriéndose de hambre o sed, no quiere oír una predica en ese momento. Necesita alimento o agua. Posiblemente a veces tenemos que ministrar a otras necesidades del pueblo antes de predicar la palabra.

¡Anímate! Sigue haciendo tu parte, comunicando la palabra que Dios te de. Es nuestra responsabilidad estar seguro que estamos estudiando la Palabra y de verdad escuchando para la voz de Dios. Pero entonces deja los resultados en las manos del Señor. Y busca al Señor a discernir el desanimo y las cargas que estén presentes en tu iglesia, y ministra como puedas a esas necesidades. Rechaza esos pensamientos que no tienes facilidad de palabra y eres un fracaso como predicador. ¡Dios está contigo!

¿Eres un esposo de sangre? Éxodo 4:18-26

Moisés es el varón escogido por Dios para liberar a su pueblo. Ha pasado 40 años en el desierto en preparación para esta misión. Ya ha tenido un encuentro impresionante con el Señor, ha recibido la palabra de Dios, y tiene su vara para hacer señales milagrosas frente al Faraón. Todo parece en orden, pero vamos a ver que ésta es una de las porciones mas extrañas en la historia de este varón.

Moisés sale para Egipto en obediencia a Dios

Hay veces cuando al próximo dia ese encuentro que tuvimos con Dios parece un sueño, y no hacemos nada más al respecto. Pero Moises vuelve a casa para pedir permiso de su suegro para el viaje, y recibe su bendición:

18 Así se fue Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, le dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz.

Es interesante que Moisés no mencionó nada acerca de su misión a Jetro; solamente dijo que quiso ver a sus hermanos. No sabemos si compartió con su esposa lo que fue llamado a hacer; yo creo que no. ¿Fue sabio? ¿O cobarde? Es entendible que un hombre humilde como Moises no quiso hablar de un encuentro con Dios en una zarza ardiente o una tarea tan impresionante. Pero, ¿que es la diferencia entre una mentira y decir solo una pequeña parte de la verdad, lo que sea comodo para ti?

Antes de salir de Madian, él recibe otra palabra de confirmación de parte de Dios, y las buenas noticias que “todos” (no sabemos cuantos, pero varios), que procuraban su muerte ya han muerto:

19 Dijo también Jehová a Moisés en Madián: Ve y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte.

Moisés cuidadosamente obedece toda la palabra que recibió. No está escrito que Dios le mandó a tomar su familia consigo (sería una situación complicada para la mujer y los chiquillos), pero toda la familia va:

20 Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su mano.

Una vez que Dios observó su obediencia y Moisés está de camino para Egipto, él recibe más información acerca de lo que va a pasar. Eso pasa frecuentemente: Dios nos da una palabra, y mientras caminamos en fe y obediencia a ella, recibimos más revelación.

Israel es mi hijo, mi primogénito

21 Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo. 22 Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. 23 Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.

Moisés no va para liberar a unos esclavos; el va para liberar al hijo de Dios, al primogénito de Dios, la niña de su ojo. ¡Esta es una misión muy importante! Pero desde el principio Moises sabía que su tarea no estaría fácil:

  • Dios va a endurecer el corazón del Faraon; quiere mucha oportunidad para manifestar su poder y su gloria. A la misma vez que Dios endurece su corazón, el Faraón va a resistir la palabra de Dios; no quería dejar ir al pueblo. Sí, Dios endurece, pero el Faraón también es culpable.
  • Resulta que a pesar de sus declaraciones y milagros, Moisés tiene que esperar un buen rato para la liberación de los hebreos.
  • Dado que el Faraón ha oprimido a este “hijo” de Dios, su “primogénito,” Dios va a matar al hijo de Faraón, a su primogénito. Moisés sabe el fin desde el principio; tiene que pasar por todo el proceso de las plagas hasta llegar a ese punto. Cuando leemos la Palabra de Dios ya sabemos el fin desde el principio, pero es fácil perder esa visión en medio del largo proceso.

Todo parece excelente, pero de repente algo completamente inesperado sucede.

Otro encuentro con Dios; esta vez quiso matarlo

24 Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo.

No sabemos exactamente cómo Dios le salió, ni cómo quiso matarlo, pero sería un gran asusto para la mujer y los hijos. Y parece increíble que después de toda la preparación, Dios estaba al punto de matar a su siervo escogido. ¿Por qué?

25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre. 26 Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión.

Como siempre, cuando hay una porción obscura, hay mucha conyectura de su significado. Nos presenta con muchas preguntas:

  • ¿Por qué no habló Dios a Moisés acerca de este asunto antes, tal vez en la zarza ardiente? ¿Por qué esperó para una posada en el viaje?
  • Moisés tenía dos hijos. ¿Estaba el otro circuncido?
  • ¿Que exactamente pasó en esa posada? ¿Que tipo de “encuentro” tenia Dios con Moisés cuando estaba a punto de matarlo?
  • ¿No era capaz Moisés de circuncidar a su hijo? ¿Por qué lo hizo Séfora?
  • ¿Cómo estaba la relación entre Moisés y Séfora? Ella no estuvo contenta aquí. ¿Posiblemente ella ya advirtió a su esposo varias veces que debe circuncidar a su hijo? ¿O Séfora no quería a su hijo circunciso? ¿Estaba la familia de Séfora opuesta a la circuncisión?
  • ¿Estuvo ella atribulada porque dejó a su familia para un viaje muy peligroso?

Nosotros siempre queremos respuestas; queremos una explicación para todo, pero muchas veces no es posible. Ten cuidado de esas personas que tienen todas las respuestas a los pasajes difíciles de la Biblia. A pesar de las dificultades, hay varias cosas claras aquí:

  • El pecado era la falla para circuncidar al hijo de Moisés. Dios echa a culpa a Moisés por esta falla; no sabemos por qué no lo hizo conforme al pacto. Le cayó a él circuncidar a su hijo; tampoco sabemos por qué Moisés permitió a Séfora hacerlo. Sería vergonzoso para el muchacho y la mujer para la mamá cortar su prepucio. Yo creo que Dios está formando a Moisés aquí. Tal vez no manejaba muy bien su hogar.
  • Como siempre, el contexto es importante. En los versos 22 y 23 ya hemos visto a dos padres y sus primogénitos, ahora tenemos al tercer padre, y muy posiblemente su primogénito. Dios va a salvar la vida de su hijo, el hijo del Faraón va a morir, y Moisés va a morir porque no circuncidó a su hijo. Dos padres son rebeldes a la palabra del Padre y no reconocen su autoridad. Es un vistazo de la relación padre/hijo y el corazón de un padre.
  • La circuncisión era la señal del pacto que Dios hizo con Abraham: Todos los varones entre ustedes deberán ser circuncidados. Circuncidarán la carne de su prepucio, y esa será la señal del pacto entre nosotros.  Todos los varones de cada generación deberán ser circuncidados a los ocho días de nacidos, tanto los niños nacidos en casa como los que hayan sido comprados por dinero a un extranjero y que, por lo tanto, no sean de la estirpe de ustedes.  Todos sin excepción, tanto el nacido en casa como el que haya sido comprado por dinero, deberán ser circuncidados. De esta manera mi pacto quedará como una marca indeleble en la carne de ustedes, como un pacto perpetuo.  Pero el varón incircunciso, al que no se le haya cortado la carne del prepucio, será eliminado de su pueblo por quebrantar mi pacto (Genesis 17:10-14). Aunque Israel no tenía la palabra escrita, todos los hebreos sabían de este pacto. La penalidad para no circuncidar era la muerte.
  • Moises no tenía excusa. No hay acepción de personas con Dios. No importa que Moisés tiene una tarea tan impresionante. De hecho, es aun más importante para alguien como Moisés hacer todo conforme. Si no tiene a su propia familia en orden, ¿cómo puede guiar al pueblo de Dios? Yo no creo que de verdad Dios quiso matarlo; quería comunicarle claramente que tenía que obedecerle en todo. Posiblemente esto le dio a Moisés un temor de Dios que no tenía antes. ¡Desobedecer a Dios era aun más peligroso que enfrentarse al Faraón!
  • Moisés tenía a padres de fe; seguro que él fue circunciso. Claro que pasó muchos años en el palacio del Faraón, y muchos más en el desierto, pero él tenía que saber del pacto. Todos los hombres que salieron de Egipto eran circuncisos (Josue 5:5), pero tenían que circuncidar a los que nacieron en el desierto antes de entrar en la tierra prometida.
  • Séfora no estaba contenta con su esposo. Para echar el prepucio a los pies de Moisés, tiene que estar enojada. Allí estaba ella, lejos de su familia, en un desierto desconocido, con sus hijos, y casi perdió a su esposo por su desobediencia. Estoy seguro que tampoco estaba contento el muchacho. Parece que después de este fracaso, Moisés obligó a su familia volver a la casa de su suegro. Moisés no quería más problemas en posadas, o en Egipto, con Séfora. O posiblemente fue Séfora, enojada, que dijo que no iba a acompañarle. Solamente aparecen otra vez cuando Jetro viene a visitar a Moisés en Éxodo 18:5.

Antes de cumplir tu misión, arregla todo en tu familia

Tú puedes tener un gran llamado de Dios. Puede que hayas pasado muchos años de estudio y preparación para un ministerio importante, y hayas tenido encuentros sobrenaturales con Dios. Pero todavía es posible ser un fracaso con tu familia (lo pasa frecuentemente). Algunos han sugerido que la circuncisión era abominable a Séfora (ella no era hebrea), y Moisés falló como padre para mantener la paz en su hogar. Puede ser; lo pasa en muchos hogares cristianos también. Que lástima que a veces en la iglesia y en la familia dejamos a las mujeres hacer cosas que nos tocan a nosotros hacer. ¡Levántate, varón de Dios, y toma tu autoridad como líder y cabeza de tu hogar!

¿Está Dios al punto de matarte por alguna falla con tu familia? ¿Has estado fiel como el sacerdote de tu hogar, siguiendo fielmente lo que dice la Palabra de Dios? ¿O has permitido la presión de la mujer, los hijos, o la cultura a hacerte flojo en tu obediencia? Como la cabeza de tu familia, tú eres responsable por lo que pasa en tu hogar. ¿Cómo vas a predicar la Palabra de Dios si no la has puesto en práctica? ¿Hay algo que tienes que arreglar antes de entrar en la gran misión que Dios tiene para ti? No seas un esposo de sangre. Tu familia necesita tu obediencia.

 

 

Tú eres mi hijo   (Oseas 11:1-4)

En Éxodo 4:22 Dios dice: Israel es mi hijo, mi primogénito.

Su hijo estaba en cautividad en Egipto, y por fin está mandando a Moisés a liberarlo. Dios sabe cómo es tener a un hijo en la prisión, cautivo al pecado, o lejos de su hogar. Israel es su primogénito, pero Dios también tiene a muchos hijos adoptados, como tú y yo. También tiene a un hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo. Es decir que la Biblia está llena del Padre y sus hijos. Esa relación entre padre e hijo es algo que Dios conoce muy bien. Tiene miles de años de experiencia bregando con su hijo rebelde, Israel. Si tú a veces te sientes como no sabes cómo ser padre, habla con tu Padre celestial. Pídele por sus consejos y su apoyo.

¿Crees que ser un padre perfecto significa que tu hijo sale muy obediente y dedicado a su padre? ¡De ninguna manera! Dios Padre peleaba con su hijo primogénito. Ha sufrido mucho por ese hijo, y por sus hijos adoptados también. La mayoría son rebeldes. Tú puedes ser el mejor padre y todavía parecer un fracaso en los ojos del mundo. Pero Dios perseveraba con este hijo. Unos 700 años después, Dios habló a través del profeta Oseas, capitulo 11:1-4:

Desde que Israel era niño, yo lo amé;
de Egipto llamé a mi hijo.
Pero cuanto más lo llamaba,
más se alejaba de mí.
Ofrecía sacrificios a sus falsos dioses
y quemaba incienso a las imagines.
Yo fui quien enseñó a caminar a Efraín;
yo fui quien lo tomó de la mano.
Pero el no quiso reconocer
que era yo quien lo sanaba.
Lo atraje con cuerdas de ternura,
lo atraje con lazos de amor.
Le quité de la cerviz el yugo,
y con ternura me acerqué para alimentarlo.

Algunos creen que el Dios del Antiguo Testamento era un dios severo, duro, y exigente. Ellos no ven mucho amor en ese Dios, pero no es cierto. Dios era un padre rechazado que tenía que disciplinar a su hijo. Trataba todo lo posible para atraer a su hijo. Sobre todo quería su amor, pero Israel no quiso amar a su Padre ni reconoció a Dios como su padre. ¿Ves la angustia en lo que dice Dios aquí? ¿Ves la ternura de Dios, tomándolo de la mano, enseñándolo a caminar, y sanándolo?

Era una relación de puro amor.

Padre, si tú estás sufriendo en tu relación con tu hijo ahora, si tú no sabes cómo ser un padre, acércate a Dios. Él quiere consolarte, Él quiere darte nuevas fuerzas para seguir amando a tu hijo. Venga lo que venga, no lo rechaces. Busca maneras de atraerle. No tires la toalla, no te des por vencido. Demasiados padres abandonan a sus hijos. Tu hijo te necesita. Enséñale a caminar. Sé tierno con él. Muchos padres creen que tienen que ser duros con sus hijos. Muchos hombres nunca experimentaban ternura ni cariño de parte de su papá, pero es el amor, es ternura, que Dios usa para atraer a su hijo. No tenía éxito, pero perseveraba en ese amor. Acércate a tu hijo para alimentarlo, para llenar su alma con palabras de apoyo y amor. Haz lo que puedas para quitar el yugo de la cerviz. Muchos padres han herido a sus hijos; ahora haz lo que puedas para sanarlo.

Lo mismo aplica a ti, padre espiritual, con tus hijos espirituales. Nunca los abandones. Sigue el ejemplo de Papá Dios.

Y para ti, hijo (y todos somos hijos, ¿verdad?), recibe el amor que Dios quiere derramar en tu corazón. Es posible que nunca conociste a tu papá, pero tú tienes a un Padre celestial que te ama con un amor perfecto. No importa si has fallado a Dios o si has caído; Dios está atrayéndote con cuerdas de ternura y lazos de amor. Déjalo tocarte y abrazarte y enseñarte a caminar de nuevo, como un hijo digno de su Papá, un hijo que trae honor a su Papá. Dios te ha amado desde tu niñez. Te llamó a la salvación y una nueva vida. En tu hora más oscura, fue tu Padre que te tomó de la mano. También, haz todo lo que puedas para acercarte a tu padre terrenal y restaurar esa relación.

Esta relación de padre e hijo es algo tan, tan cerca al corazón de Dios. Es la misma naturaleza de Dios: Él existe en una relación de Padre e Hijo. Por esa razón es algo que Satanás, el padre de mentira, quiere pervertir y destruir. El corazón de Dios está tan cargado para sus hijos. ¡Te ama tanto que sacrificó a su propio hijo por tu salvación! Respira profundamente y recibe ese corazón de amor de tu Padre. Él quiere derramar su amor sobre ti ahora mismo; quiere abrazarte. Él se deleita en ti.

 

Dios tiene un plan para ti Éxodo 3:7-14

Parte de la estrategia para ganar en las batallas de esta vida es tener un plan. En mi Biblia, Éxodo 3:7-14 tiene el titulo «Dios diseñó el plan de salvación.»

Pero el Señor siguió diciendo:

―Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces, y conozco bien sus penurias. Así que he descendido para librarlos del poder de los egipcios y sacarlos de ese país, para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, tierra donde abundan la leche y la miel. Me refiero al país de los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. Han llegado a mis oídos los gritos desesperados de los israelitas, y he visto también cómo los oprimen los egipcios. 10 Así que dispónte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo.

11 Pero Moisés le dijo a Dios:

―¿Y quién soy yo para presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los israelitas?

12 ―Yo estaré contigo —le respondió Dios—. Y te voy a dar una señal de que soy yo quien te envía: Cuando hayas sacado de Egipto a mi pueblo, todos ustedes me rendirán culto[a] en esta montaña.

13 Pero Moisés insistió:

―Supongamos que me presento ante los israelitas y les digo: “El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes”. ¿Qué les respondo si me preguntan: “¿Y cómo se llama?”

14 ―Yo soy el que soy —respondió Dios a Moisés—. Y esto es lo que tienes que decirles a los israelitas: “Yo soy me ha enviado a ustedes”.

En los versos 7 y 8 Dios dice que:

He visto

He oído

He conocido

Y como resultado…

He descendido

Dios vio la aflicción de su pueblo en su esclavitud en Egipto. Dios ve todo; Él ha visto tu aflicción.

Su pueblo clamó a Él a causa de sus opresores, y Dios oyó su clamor, aunque les apareció que no respondió a ello. Dios ha oído tu clamor también.

Dios no está alejado de tus angustias. Él las ha conocido; Jesucristo vino a este mundo y era un varón de dolores, experimentado en el quebranto.

Israel tenía que esperar un buen rato, pero ahora Dios dice que ha descendido. Descendió para hacer dos cosas: librarlos, y sacarlos. Jesús descendió para librarnos de nuestra esclavitud al pecado y sacarnos de este mundo (espiritualmente).

Dios tenía un plan para la salvación de su pueblo en Egipto, y Dios tiene un plan para nuestra salvación del diablo y del pecado. Dios también tiene un plan para librarte y sacarte de la trampa del pecado y angustia en tu vida.

Dios prometió a ellos una tierra buena y ancha, una tierra que fluye leche y miel, tal como Él tiene cosas buenas preparadas para ti. Hay un solo problemita: Esa tierra está ocupada. Hay cananeos, heteos, ferezeos, heveos, y jebuseos. Eso significa guerra.

El blanco para ellos, su meta, es la posesión de esa tierra; para ocupar y morar en una tierra que fluye leche y miel. Pero primeramente hay otros blancos que tienen prioridad. Para un esclavo en Egipto parece un sueño imposible poseer tal tierra. Es posible que hay blancos en tu vida ahora que te parecen imposibles, son tan grandes y alejados. Pero Dios tiene un plan para ti también.

La batalla es de Dios. Él va a hacer maravillas para sacarlos de Egipto. Ellos solamente tienen que cooperar con su plan. Pero también Él está llamando y enviando a un hombre como líder; está ungiendo a Moisés y enviándolo a Faraón.

Dios va a pelear tu batalla también. Claro que tú tienes tu parte. Tienes que obedecer y a veces batallar, pero Jesucristo ha preparado el camino. Él hará lo que tú no puedes.

El primer blanco para Moisés (verso 10) es el faraón. Él va directamente a la cabeza del país. Es como dijo Jesús: ¿Cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? (Mateo 12:29)

Moisés responde a Dios: “¿Quién soy yo? No quiero hacer eso, y creo que no puedo.” Todavía tenía que soltar al guerrero adentro.

La única respuesta que Dios le da es: “Yo estaré contigo.” No importa que Moisés no sabe cómo hablar y no tiene experiencia. Es su fe en lo que Dios le dijo (“estaré contigo”) que suelta al guerrero. Es el conocimiento que Dios le llamó y está enviándole.

Si era una invención de Moisés sería suicidio ir al faraón con sus peticiones. Hace muchos años Moisés ya trató en su fuerza a interceder por su pueblo, y tenía que huir del país. Pero ahora todo es de Dios. ¿Y la señal que Dios le da? Algún día Moisés va a servir a Dios en esa misma montaña.

Para las fuerzas armadas, sería suicidio salir en una misión sin el apoyo de todo el ejército. Ellos han hecho la inteligencia y saben dónde están los blancos, y suplen las armas necesarias. Nosotros somos parte del gran plan de Dios para establecer su reino. Tú tienes tu parte. ¿Tienes esa certeza que Dios está contigo? ¿Sabes cuál es tu primer blanco? Moisés tenía armas: su vara (señales y prodigios) y la palabra de Dios. Tú tienes las mismas armas. Esfuérzate, levántate, y sé valiente.

Cómo vencer en la batalla

Aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas.
2 Corintios 10:3-4

El otro día yo vi un libro llamado Suelta al Guerrero Adentro. No es un libro cristiano, pero es un tema muy bíblico. Tenemos el poder del Espíritu Santo en nosotros, y somos guerreros en Jesucristo. ¿Pero cómo soltamos ese poder? El autor de ese libro era un miembro del equipo más prestigioso de las fuerzas armadas norteamericanas, los SEALS de la marina (son ellos que mataron a Osama Bin Laden).

Yo creo que mucho conocimiento en el mundo tiene su base en conceptos bíblicos. El autor dice que en toda guerra hay una sola estrategia: blancos, armas, y movimiento. Primeramente hay que saber cuál es el blanco. El blanco determine el arma necesaria para destruir el blanco, y el arma determine cual movimiento puede ser necesario de nuestra parte. Yo creo que esta misma estrategia es bíblica y aplica a la guerra espiritual. ¿Cómo?

  • Muchas veces un cristiano es atacado, se siente que está en una guerra, pero no sabe cómo responder, porque no sabe quién es el enemigo o que es el blanco. Efesios 6:12 nos dice: Nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. A veces tenemos que identificar el espíritu que está operando, o cómo está manifestándose. Ora por discernimiento, y busca un blanco específico para atacar.
  • Tenemos que escoger con cuidado nuestras armas. ¿Cuáles son para el cristiano? La Palabra de Dios (nuestra espada), la oración, el ayuno, y declaraciones (como renunciando un espíritu inmundo). Hay que tener cuidado que no usamos armas de la carne para guerrear en la batalla espiritual. El blanco determine la arma apropiada.
  • Muchos ya saben que tienen estas armas, pero muchas veces no sabemos el movimiento apropiado. Por ejemplo, proclamar la Palabra, doblar la rodilla en oración, o llamar a varios hermanos a juntarse para interceder.

Con esta estrategia hay que evaluar cada batalla:

  • ¿Cuán importante es este blanco en la guerra? ¿Cuáles son los blancos más importantes? No queremos gastar nuestras fuerzas.
  • ¿Es un blanco realístico? ¿Es posible atacar este blanco?
  • ¿Me es claro exactamente que es este blanco? ¿O hay oscuridad?  ¿Tengo que orar para claridad a ver el blanco?
  • ¿Cuán grande es este blanco? ¿Cuáles son los recursos necesarios para destruir este blanco? Por ejemplo, en los Estados Unidos el blanco de un cambio en la constitución para prohibir el aborto, aunque puede ser posible, sería un blanco muy grande que necesita muchos recursos. El blanco de una ley en una ciudad sería más realístico. Otro ejemplo sería la diferencia entre el espíritu inmundo asignado a un barrio de una ciudad y el espíritu inmundo sobre todo un país. Cuán grande sea el blanco depende en parte en cuán grande es tu fe.
  • Si destruimos este blanco, ¿cómo va a impactar toda la obra de Satanás?
  • ¿Qué impacto va a tener para la obra del Señor en este lugar?

El autor de ese libro identifica el temor como la cosa más importante para vencer si vamos a ganar en la batalla. Es exactamente lo que el Señor dijo varias veces a Josué cuando iba a entrar en la batalla: No temas ni desmayes. Lee el libro de Josué para ver como Israel aplicaba estos principios. Cuando vencemos al temor, tenemos que prepararnos para acción, con la mente orientada a actuar.

En el proceso de poner en práctica la estrategia, hay cuatro cosas que tienes que hacer:

  • Estudia y evalúa la situación.
  • Prepara un plan sencillo.
  • Pon el plan en práctica.
  • Evalúa el progreso y haz los cambios necesarios.

Es importante que el cristiano hace esto con mucha oración, guiado por el Espíritu Santo.

La última cosa que el autor menciona es que muchas veces fallamos porque no sabemos cómo utilizar nuestras armas. En la marina, pasan muchas horas practicando con las mismas armas. Muchos cristianos fallan porque no conocen muy bien sus armas; sea la Palabra o la oración. Tenemos que practicar con ellas todos los días, tal como tenemos que poner nuestra armadura (Efesios 6:13-18) todos los días. Nunca comiences el día sin tus armas ni la armadura que Dios te ha dado.

¿Sabes que estás en una guerra espiritual? ¿Cuáles son las batallas en tu vida ahora? ¿Ves la mano del enemigo (Satanás) en esas batallas? ¿Quién está ganando? ¿Cuál es el primer blanco que tú puedes atacar para entrar en la guerra? ¿Has estado paralizado por el temor? ¡Dios quiere librarte del temor! ¡Su perfecto amor echa fuera todo el temor! ¿Puedes aplicar estos principios a tus batallas?

 

Esperanza en tu tormenta Hechos 27

¿Estás pasando por una tormenta? O, aun peor, ¿has sufrido un naufragio? Puede pasar incluso a alguien andando como Jesús anduvo, en el poder del Espíritu, como el apóstol Pablo y su experiencia como prisionero, de viaje para Roma. Me recuerda de muchos reos que me contaron sus experiencias con el transporte de prisioneros en autobús o avión (la cual se llama en EEUU «Con Air»). Terminamos este estudio en los capítulos finales de Hechos con lo que puede ser una película.

Comenzamos el capítulo 27 con Pablo, sus compañeros y otros presos en un barco. El guarda, Julio, era un tipo amable, que permitió a Pablo visitar a sus amigos en el puerto de Sidón. Desde el principio del viaje se encontraron con muchos problemas:

Tuvimos que navegar despacio por varios días y, después de serias dificultades, por fin nos acercamos a Gnido; pero teníamos viento en contra, así que cruzamos a la isla de Creta, navegando al resguardo de la costa de la isla con menos viento, frente al cabo de Salmón. Seguimos por la costa con mucha dificultad y finalmente llegamos a Buenos Puertos, cerca de la ciudad de Lasea. Habíamos perdido bastante tiempo. El clima se ponía cada vez más peligroso para viajar por mar, porque el otoño estaba muy avanzado, y Pablo comentó eso con los oficiales del barco. (NTV)

Todo estaba en contra:

  • La navegación fue lenta
  • A duras penas llegaron
  • El viento los era desfavorable
  • Siguieron con dificultad
  • Se había perdido mucho tiempo
  • Era peligrosa la navegación

¿Suena como tu vida a veces? ¿Te parece que no estás avanzando? ¿Todo lo que haces es con serias dificultades? Sigues adelante, ¿pero con dificultad? ¿Es el viento desfavorable (como los discípulos experimentaron en el lago cuando Jesús vino caminando sobre las aguas)? ¿Has perdido mucho tiempo? ¿Es peligroso tu camino?

Pablo quería ir a Roma y predicar el evangelio. Era un apóstol ungido por Dios, uno de los apóstoles más importantes de toda la historia, pero Dios no le hizo el camino fácil. Hay algunos predicadores hoy que proclaman que si solo tienes fe, no habrá vientos contrarios ni dificultades en el camino, pero la Biblia nos enseña algo diferente. Lee otra vez la vida de Jesús y las experiencias de Pablo en sus viajes misioneros.

En este viaje, como algunos de sus viajes anteriores, tenían que cambiar sus planes a causa de condiciones desfavorables, y llegan a Buenos Puertos. Por fin, ¡algo que suena bueno! Pero no era tan bueno: No era adecuado para invernar. ¿Qué van a hacer? Pues, Dios le da una palabra a Pablo el preso:

10 «Señores, veo que nuestro viaje va a ser desastroso y que va a causar mucho perjuicio tanto para el barco y su carga como para nuestras propias vidas».

Si Dios te da una palabra, aun si eres preso, comparte esa palabra. Hay mucha necesidad de verdaderos profetas que advirtiesen a este mundo del juicio venidero y el desastre por venir si siguen su camino equivocado. Pero hoy, como en aquel entonces, la mayoría no quiere escuchar la palabra de Dios. El centurión daba más crédito al timonel y al dueño del barco, y siguió la decisión de la mayoría, pero muchas veces la mayoría está equivocada. Si Dios te advierte de algún peligro, ¡escúchalo!

El verso 13 dice «creyeron que podían conseguir lo que querían» cuando comenzó a soplar un viento suave del sur. Al contrario de la palabra de Dios, y conforme a la sabiduría del mundo y las apariencias, el mundo cree que puede conseguir lo que quiere, pero es un engaño. Así se puede encontrarse en lugares muy peligrosos, porque no controlamos el clima. El tiempo cambia. Muy pronto vino un viento huracanado, el Nordeste. Mira como Lucas describe lo que pasó:

14El clima cambió abruptamente, y un viento huracanado (llamado «Nororiente») sopló sobre la isla y nos empujó a mar abierto. 15 Los marineros no pudieron girar el barco para hacerle frente al viento, así que se dieron por vencidos y se dejaron llevar por la tormenta.

16 Navegamos al resguardo del lado con menos viento de una pequeña isla llamada Cauda, donde con gran dificultad subimos a bordo el bote salvavidas que era remolcado por el barco. 17 Después los marineros ataron cuerdas alrededor del casco del barco para reforzarlo. Tenían miedo de que el barco fuera llevado a los bancos de arena de Sirte, frente a la costa africana, así que bajaron el ancla flotante para disminuir la velocidad del barco y se dejaron llevar por el viento.

18 El próximo día, como la fuerza del vendaval seguía azotando el barco, la tripulación comenzó a echar la carga por la borda. 19 Luego, al día siguiente, hasta arrojaron al agua parte del equipo del barco. 20 La gran tempestad rugió durante muchos días, ocultó el sol y las estrellas, hasta que al final se perdió toda esperanza.

21 Nadie había comido en mucho tiempo. Finalmente, Pablo reunió a la tripulación y le dijo: «Señores, ustedes debieran haberme escuchado al principio y no haber salido de Creta. Así se hubieran evitado todos estos daños y pérdidas. (NTV)

  • El barco no podía hacerle frente al viento
  • A duras penas pudieron sujetar el bote salvavidas
  • Comenzaron a arrojar la carga por la borda
  • Pasaron muchos días sin que aparecieran ni el sol ni las estrellas
  • La tempestad seguía arreciando
  • Perdieron al fin toda esperanza de salvarse
  • Llevaban mucho tiempo sin comer

No dice lo que hicieron los hermanos durante estos días. Estoy seguro que estaban orando y ayudando a los demás. En esta dura prueba, estoy confiado que ellos, más que nadie, mantenían sus fuerzas y su esperanza. Pero también parece que pasaron unos 14 días (verso 27) sin recibir ninguna palabra del Señor. ¿Sabes cómo es estar en una tormenta tan grande que te parece que vas a morir, y no recibes ninguna respuesta a tus oraciones? Te puede parecer que la tormenta nunca se acabará. Día tras día estás luchando para sobrevivir.

21 Llevábamos ya mucho tiempo sin comer, así que Pablo se puso en medio de todos y dijo: «Señores, debían haber seguido mi consejo y no haber zarpado de Creta; así se habrían ahorrado este perjuicio y esta pérdida. 22 Pero ahora los exhorto a cobrar ánimo, porque ninguno de ustedes perderá la vida; solo se perderá el barco. 23 Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo, 24 y me dijo: “No tengas miedo, Pablo. Tienes que comparecer ante el emperador; y Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo”. 25 Así que ¡ánimo, señores! Confío en Dios que sucederá tal y como se me dijo. 26 Sin embargo, tenemos que encallar en alguna isla».

Por fin los marineros están dispuestos a escuchar la palabra de Dios, y Dios mandó un ángel a Pablo. ¡Imagínate ver a un ángel en esa situación! Pablo los dice claramente esas palabras que nadie quiere escuchar: Debían haber seguido mi consejo. Si guardamos la palabra de Dios, podemos evitar mucha pérdida, pero Dios puede redimir incluso esa situación, sobre todo si hay alguien como Pablo abordo.

La primera palabra que el ángel le dio a Pablo fue: No tengas miedo. ¡Incluso Pablo tenía miedo! Es la palabra de Dios para ti en tu tormenta ahora. Hay planes que Dios tiene para ti. Puedas sufrir mucha pérdida en el proceso; aquí van a perder la barca. Hace muchos años aprendí que a Dios no le importa mucho si perdemos dinero y cosas materiales; Él siempre puede darte más dinero. Tu vida vale más que el dinero.

Por fin, después de dos semanas, se hallaron cerca de alguna isla. Los marineros quieren abandonar el barco:

En un intento por escapar del barco, los marineros comenzaron a bajar el bote salvavidas al mar, con el pretexto de que iban a echar algunas anclas desde la proa (30).

Pero Pablo (quien lo recibió por revelación, porque no era marinero) le dice al centurión que si no se quedan en el barco, los demás no podrán salvarse, y esta vez el centurión le escucha. Dios le ha dado autoridad al Pablo el preso. Me recuerda de José y su autoridad en la prisión de Egipto. De la misma manera Dios te dará autoridad en tu prisión o tu trabajo.

33 Estaba a punto de amanecer cuando Pablo animó a todos a tomar alimento: «Hoy hace ya catorce días que ustedes están con la vida en un hilo, y siguen sin probar bocado. 34 Les ruego que coman algo, pues lo necesitan para sobrevivir. Ninguno de ustedes perderá ni un solo cabello de la cabeza». 35 Dicho esto, tomó pan y dio gracias a Dios delante de todos. Luego lo partió y comenzó a comer. 36 Todos se animaron y también comieron. 37 Éramos en total doscientas setenta y seis personas en el barco. 38 Una vez satisfechos, aligeraron el barco echando el trigo al mar.

Pablo era tan confiado que animó a todos a tomar alimento; delante de todos él dio gracias a Dios, tomó pan, y lo partió. ¿No te recuerda de Jesús alimentando a la multitud? Así Dios quiere usarte para animar y bendecir a todos que te rodean. A veces tienes que levantarte y bendecir y partir el pan de vida.

42 Los soldados pensaron matar a los presos para que ninguno escapara a nado. 43 Pero el centurión quería salvarle la vida a Pablo, y les impidió llevar a cabo el plan. Dio orden de que los que pudieran nadar saltaran primero por la borda para llegar a tierra, 44 y de que los demás salieran valiéndose de tablas o de restos del barco. De esta manera todos llegamos sanos y salvos a tierra.

Otra vez más Dios salvó a Pablo. Todavía le queda mucho en el viaje, pero para el momento Pablo y todos en ese barco están bien. Yo pido al Señor que en tu tormenta ahora todos en tu compañía, toda tu familia, lleguen a tierra firme salvos y sanos. Dios nos da tiempos de descanso y bendición antes de entrar en el barco otra vez para encontrar otras tormentas más, pero el deseo de tu Padre es enseñarte en la tormenta que Él tiene todo bajo su control. Cada tormenta es otra oportunidad más para que Dios manifestara su poder. Si siempre hay grande bonanza en tu vida, no necesitas a Dios. Como Jesús dijo a sus discípulos cuando reprendió al viento: ¿Porque tienes tanto miedo? ¿Todavía no tienes fe? (Marcos 4:40) Tu puedes estar en una tormenta ahora, pero Jesús tiene autoridad sobre el mar y el viento, y Él te ha dado esa autoridad a ti también. Esfuérzate y sé valiente.

 

 

Cómo Dios te enaltecerá

Estoy terminando este libro durante los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro, que exaltan la capacidad física de muchos atletas. ¡No hay muchas oportunidades para humillarse allí! Pero no es solo en el deporte o el mundo del entretenimiento. Estamos muy lejos de la mente de Jesucristo: “Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” Dios tiene una recompensa para ti, y ¡es mucho mejor que una medalla de oro!

Hemos dedicado bastante tiempo al estudio de cómo humillarnos, y ahora vamos a terminar con la promesa: Si tú haces tu parte y te humillas, entonces Dios hará su parte, y te enaltecerá. ¿Cómo? Nuestro ejemplo otra vez es Jesucristo. Él se humilló hasta el extremo, como vimos en Filipenses 2. No hay nadie en este mundo que se humille a sí mismo como Jesucristo se humilló a sí mismo. El verso 9 de ese capítulo dice que por eso, como consecuencia de lo que hizo Jesús voluntariamente:

  • Dios lo exaltó hasta lo sumo
  • Dios le otorgó el nombre que está sobre todo nombre
  • Toda rodilla se doblará ante el nombre de Jesús, en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra
  • Toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor (Filipenses 2:9-11)

Me parece que fue una recompensa muy rica, ¿verdad? Se humilló por unos 33 años, sembró esa humildad, para cosechar esta recompensa por toda la eternidad. ¿Qué más quieres? ¿Puedes pensar en otra cosa que el Padre pueda hacer para exaltar a su hijo?

Tu Padre tiene el mismo corazón para ti. Él ya dio lo mejor de sí, su hijo, por tu salvación. No sabemos cuán grande es la recompensa para nosotros, pero parece que la medida en que vamos a ser exaltados depende de cómo nos humillemos en esta vida. Jesús dijo que aquellos que se jactan en esta vida, que se exaltan a sí mismos, ya han recibido toda su recompensa (Mateo 6:2, 5, 16). Aquí hay solo una pequeña parte de lo que la Biblia dice acerca de nuestra recompensa:

  • Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman (1 Corintios 2:9).
  • Ha hecho de nosotros un reino, sacerdotes al servicio de Dios su Padre (Apocalipsis 1:6).
  • Jesús y su Padre hacen su vivienda en nosotros (Juan 14:23).
  • Nosotros, los creyentes, vamos a juzgar al mundo (1 Corintios 6:2).

Tenemos la seguridad que vamos a recibir una recompensa cada vez que nos humillamos:

  • El que se humilla para dar un vaso de agua a un pequeño no perderá su recompensa (Mateo 10:42).
  • El Padre ve cuando te humillas en secreto, y te recompensará (Mateo 6:18).
  • Cuando te humillas, dejas tu orgullo y amas a tus enemigos, haciéndoles bien, tendrás una gran recompensa y serás un hijo del Altísimo. (Lucas 6:35)

Gran parte de la recompensa viene después de la muerte, pero también hay una recompensa ahora: Ya tienes todos los privilegios de un hijo del Rey. 1 Pedro 5:6 te promete que Dios te exaltará a su debido tiempo. Confía en Él.

A pesar de toda esta enseñanza bíblica, si todavía quieres exaltarte, y no te humilles a ti mismo, entonces Dios te humillará. Créeme, es mejor humillarte a ti mismo. Recuerda que Cristo es el mejor ejemplo de cómo humillarse, pero si necesitas otro ejemplo bíblico, estudia la vida de Moisés. Números 12:3 dice que él era el hombre más humilde, pero también era un hombre muy capaz, con mucha autoridad. ¡Un hombre humilde puede hacer muchas cosas por el Señor!

Humillarte a ti mismo revela la calidad de tu fe. ¿Puedes esperar ser exaltado en el cielo? ¿O tienes que conseguir todo ahora? ¿Puedes confiar en que Dios cuidará, hasta el extremo que iba Jesús, confiando en que Él estaría bien como un bebé en un sucio establo? ¿Sabes quién eres en Cristo? ¿O aún confías en las cosas de este mundo que te hacen sentir como alguien con valor? No te enfoques demasiado en humillarte a ti mismo; enfócate en Jesús. Mientras lo ames y camines con Él, tu corazón se transformará, y sin siquiera darte cuenta, te sorprenderás por tu sumisión, obediencia y servicio.

 

¿Tienes la actitud de Jesús?

Jesús demostró una humildad radical: La obediencia hasta la muerte de la cruz. Filipenses 2:1-16 contiene la enseñanza bíblica más profunda sobre la humildad:

1Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.

La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,

quien, siendo por naturaleza Dios,
no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
Por el contrario, se rebajó voluntariamente,
tomando la naturaleza de siervo
y haciéndose semejante a los seres humanos.
Y al manifestarse como hombre,
se humilló a sí mismo
y se hizo obediente hasta la muerte,
¡y muerte de cruz!

Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
10 para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla
en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.

12 Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor, 13 pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.

14 Háganlo todo sin quejas ni contiendas, 15 para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas en el firmamento, 16 manteniendo en alto la palabra de vida. Así en el día de Cristo me sentiré satisfecho de no haber corrido ni trabajado en vano.

El objetivo de la vida cristiana es tener la misma actitud que tuvo Jesús (verso 5), seguir su ejemplo y andar como anduvo Jesús. Tener ese mismo sentir va en contra de nuestra naturaleza caída; implica humillarte a ti mismo.

Esta forma de pensar se manifiesta en cómo se relaciona con otros

  • Mantener la unidad perfecta con nuestros hermanos: Un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento, y un mismo propósito (verso 2). No es fácil mantener esta unidad; es posible solo si nos humillamos. ¿Eres rápido y capaz de perdonar a otros por sus errores cometidos en tu contra? ¿Mantienes cuentas cortas? o ¿guardas rencor durante mucho tiempo? Colosenses 3:12-14 habla de las cosas con las cuales debemos revestirnos de afecto entrañable, e incluye la humildad entre bondad, amabilidad, paciencia y amor. Al reflexionar sobre  cómo el Señor te perdonó, tolera a otros y perdónalos.
  • Verso 3: No hagas nada por egoísmo (contienda, rivalidad) o vanidad (orgullo). ¿Cuál es tu motivo en lo que haces en la iglesia? ¿Qué estás sembrando? ¿Cómo es la cosecha? Reflexiona honestamente sobre cómo te relacionas con otros. El comportamiento jactancioso y arrogante produce desaprobación social. Otras personas, ¿se sienten amenazadas por ti? ¿Por qué? La jactancia trae discordia. La ambición puede arruinar una iglesia, pero la humildad genuina la edifica.
  • Considera (estima) a los demás con humildad, es decir, como superior a ti mismo (verso 3). Humillarse significa no tener una actitud superior hacia nadie; no tiene nada que ver con los hechos. Tu puedes decir: “¡Pero yo tengo más experiencia! ¡Yo tengo más educación!” Y puede ser la verdad, pero eso no importa. En nuestra actitud, hay que considerar a otros como superiores. Por lo tanto, reconoces honestamente tus errores, en lugar de culpar a otros por ellos.
  • Vela por los intereses de los demás. Piensa en otros y en sus deseos. No significa no vigilar tus propios intereses, sino velar por los intereses de otros antes que los tuyos.

¿Cómo podría Jesús vivir así?

  • No consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse. Nunca negó que es Dios. Él sabía muy bien quién era, pero tomó la decisión de no aferrarse a ello. Para aquellos que dudan de la divinidad de Jesús, aquí dice claramente que tiene la naturaleza divina, que es igual a Dios.
  • Se rebajó voluntariamente, se despojó a sí mismo. Dejó a un lado lo que era suyo. Jesús negó sus derechos, porque confiaba en que su Padre cuidaría de Él. Para ti, no es por obligación, ni pensar en la recompensa que vas a recibir. Te niegas a ti mismo, por amor. Lo haces voluntariamente.
  • Tomó la naturaleza de siervo. Una y otra vez Cristo dijo que el que quiere ser grande tiene que ser el servidor de todos. Servir es la raíz de la humildad, y Jesús es el ejemplo supremo de servicio.
  • Se hizo semejante a los seres humanos (verso 8). Dejó toda la gloria del cielo, todo su privilegio como hijo de Dios, para vivir una vida muy humilde. Se identificó completamente con nosotros, algo que no pudo hacer desde el cielo. Humillarse significa vivir con gente humilde (no solo enviar dinero desde la comodidad de una casa grande para “ayudar a los pobres,” sino vivir entre los pobres e identificarse con ellos). Cuando yo trabajaba de capellán en las prisiones, a veces deseaba pasar unos días viviendo dentro de la prisión. Fui a la cárcel por ocho horas para dar un culto y ministrar, pero luego regresé a mi familia y mi hogar. Cristo se hizo “preso” para identificarse con nosotros en nuestra prisión (sin pecar).
  • Se humilló a sí mismo hasta el extremo, hasta la muerte más cruel y vergonzosa, de la cruz. Su humildad se manifestó en obediencia.

Cristo es nuestra garantía de que Dios va a exaltarnos cuando nos humillamos (9-11). Pero si te humillas solo para ser exaltado, no es verdadera humildad.

Los estudios de este pasaje casi siempre terminan con el verso 11, pero el verso 12 comienza “así que,” o “por tanto.”

Cosas que deben fluir de la actitud de Jesús:

  • Hay que tomar en serio cuán grande es nuestra salvación. Hay que llevarse a cabo con temor y temblor (12). Reconocer la supremacía de Dios en todas las cosas. Dios Habla Hoy dice: Esfuércense por demostrar los resultados de su salvación obedeciendo a Dios con profunda reverencia y temor.
  • Cristo cumplió perfectamente la voluntad de Dios en su vida, y nosotros tenemos que buscar y cumplir la voluntad de Dios en nuestras vidas. Gracias a Dios, Él produce en nosotros el querer y también el hacer su voluntad, que siempre es buena (12-13). Descubre el lugar que Dios tiene para ti en el mundo. Si es muy humilde, acéptalo. Si es una posición enaltecida, recíbela con humildad. La Nueva Traducción Viviente dice: Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo.
  • Cumplir su voluntad con humildad es hacerlo sin quejas ni contiendas. Brillamos en nuestro mundo oscuro como intachables y puros hijos de Dios sin mancha (14-15). Te ves como Jesús.

Humillarte a ti mismo es una revolución que afecta tu vida entera. Estudia nuevamente la vida de Jesucristo, para ver cómo se humilló a sí mismo, y sigue su ejemplo. Empieza con tu matrimonio; ¡puede transformarlo!

 

El secreto que le permitió a Jesús humillarse

Una universidad en Australia hizo un estudio acerca de la humildad, y descubrieron que antes de Cristo, nadie en filosofía había hablado de la humildad como una virtud. ¡Jesucristo fue el primero en hablar de humillarse!

En Juan 13, Jesús se humilló para lavar los pies de los discípulos. No solo nos sirve como un gran ejemplo para nosotros, sino que Jesús también nos mandó que hiciéramos lo mismo, y nos reveló el secreto que le permitió humillarse hasta ese extremo:

Sabía Jesús que el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía; así que se levantó…para lavar los pies. (Juan 13:2)

Jesús sabía tres cosas que le permitieron humillarse así:

  1. Él sabía que tenía autoridad. Ya sabía que su Padre le había dado todas las cosas en sus manos. Él no tomó esa autoridad; le fue dada por su Padre. Ese conocimiento lo liberó para servir y humillarse a sí mismo. No podía ganar nada más…ya tenía todo. Tu Padre también te ha dado autoridad. Por supuesto, no tanta autoridad como Jesucristo, pero ese conocimiento del dominio que Dios te ha dado aquí en la tierra debe liberarte para humillarte y servir a otros. No vas a perder nada.
  2. Jesús conoció su herencia, de donde vino. Sabía que fue enviado por Dios con un propósito. Tenía una identidad firme como el Hijo de Dios. Y tú, ¿sabes quién eres? ¿Conoces tu herencia? ¿Tus ancestros? ¿Te sientes seguro en tu identidad? ¿Sabes que Dios es tuPadre también? ¡Eres su hijo adoptado! ¿Recuerdas de dónde viniste? ¿Del pecado y la perdición del pasado? ¿Y cómo Jesús te salvó?
  3. Sabía a dónde iría. Sabía que volvería a Dios, al cielo. Tenía esperanza y fe para el futuro. Sabía que la cruz no sería el final de su vida. Mi hermano y hermana, tu futuro es seguro también. Dios tiene un lugar esperándote en el cielo. ¡Vas a compartir en la gloria de Jesucristo!

Si tú puedes captar estas maravillas y vivir con una certeza de ellas, serás liberado para humillarte y servir a otros también.